Reflexiones de un científico-ciudadano

Richard P. Feynman es un físico norteamericano que obtuvo el Premio Nobel en 1965, compartido con J. Schwinger y S. Tomonaga, por sus trabajos en electrodinámica cuántica. Es un científico brillante y original que es conocido no sólo por sus investigaciones y aportaciones al mundo de la ciencia, sino también por su labor divulgativa y su calidad humana.

FEYNMANEn 1963 Richard P. Feynman fue invitado a impartir una serie de tres conferencias nocturnas en la Universidad de Washington. En ellas reflexiona sobre la sociedad, sobre el conflicto entre ciencia y religión, sobre las causas de la desconfianza general sobre los políticos y otros aspectos de similares características. Estas conferencias han sido publicadas de nuevo (la primera edición es de 1994) por la editorial Crítica en marzo de este año bajo el título “Qué significa todo eso. Reflexiones de un científico-ciudadano”. Su lectura me ha resultado muy amena e interesante, sobre todo, por la propuesta de Feynman de que es muy importante el impacto de las ideas de un campo del saber en otro. Como científico, Feynman conoce los métodos de la ciencia, sus ideas, las fuentes de su progreso, su disciplina mental, y nos propone establecer una relación e influencia entre ciencia y otros campos, en concreto con la política y la religión.

Feynman comenta que cuando nos referimos a la ciencia nos estamos refiriendo normalmente a una de estas tres cosas o a una mezcla de ellas: un método especial de descubrir cosas, el cuerpo de conocimientos que surge de las cosas descubiertas y las nuevas cosas que se pueden hacer cuando se ha descubierto algo, o la producción real de nuevas cosas. Este último campo se denomina normalmente tecnología.

La característica más obvia de la ciencia es su aplicación. Como consecuencia de la ciencia uno tiene poder para hacer cosas. Toda la Revolución industrial por ejemplo hubiera sido casi imposible sin el desarrollo de la ciencia. Ahora bien, dice Feynman, este poder para hacer cosas no incluye instrucciones sobre cómo utilizarlo, si utilizarlo para bien o para mal. Nos encontramos con muchas contradicciones. Quizás una de las más notorias es el desarrollo de la energía nuclear. Todos los problemas importantes de las relaciones entre ciencia y sociedad son de este tipo según Feynman. Cuando se le dice al científico que debe ser más responsable de sus efectos en la sociedad, a lo que se está aludiendo es a las aplicaciones de la ciencia. Pero las cuestiones científicas son independientes de las cuestiones morales. La gran pregunta para un ser humano es siempre “¿debería hacer esto?”. Y ¿cómo podemos responder a una pregunta semejante? Feynman recomienda dividirla en dos partes. Podemos decir: “Si hago esto, ¿qué sucederá?”. La segunda parte sería: “Bien, ¿quiero yo que esto suceda?”. La primera pregunta es susceptible de investigación científica, la segunda no.

lib-que-significa-todo-eso-978849892102Por otra parte también podemos reflexionar sobre la ciencia como método de descubrir cosas. Este método está basado en el principio de que la observación es el juez de si una cosa es así o no. Este es el principio de la ciencia, si existe una excepción a cualquier regla, y puede ser probada por observación, entonces dicha regla es falsa. El científico no trata de evitar la demostración de que las reglas son falsas; hay progreso y excitación justamente en lo contrario. Para observar bien hay que tener en cuenta que la observación no debe de ser burda, hay que ser muy cuidadoso, meticuloso. El razonamiento científico requiere cierta disciplina. Otra característica de la ciencia es la objetividad. Es necesario considerar objetivamente los resultados de la observación, porque el experimentador podría preferir un resultado a otro. Otro punto técnico muy importante es que cuanto más específica es una regla, más interesante resulta. Cuanto más preciso es el enunciado, más interés tiene el ponerlo a prueba. Además, el científico debe hacer conjeturas. El conocimiento no tiene valor real si todo lo que alguien puede decirme es lo que sucedió ayer. Es necesario decir qué sucederá mañana si se hace algo, uno debe estar dispuesto a arriesgarse.

Por lo tanto, los científicos están acostumbrados a tratar con la duda y la incertidumbre. Tenemos que admitir la posibilidad de que no tengamos toda la razón. De lo contrario, si uno ha tomado ya su decisión, es muy posible que no lo resuelva. Porque tenemos dudas es por lo que podemos proponer una búsqueda de nuevas ideas en nuevas direcciones. La libertad para dudar es una cuestión importante en las ciencias y lo debería ser en otros campos.

Si volvemos la vista atrás, nos comenta Feynman, parece que siempre hubo épocas en las que había gente que creía con fe absoluta y absoluto dogmatismo en algo. Eran tan serios en esta cuestión que insistían en que el resto del mundo tenía que estar de acuerdo con ellos. Y llegaban a hacer cosas que eran directamente incompatibles con sus propias creencias para mantener que lo que ellos decían era verdadero. Por eso en la admisión de la ignorancia y en la admisión de la incertidumbre hay una esperanza para el movimiento continuo de los seres humanos. La duda y la discusión son esenciales para progresar. Por eso Feynman cree que existe un conflicto entre ciencia y religión.

En general la gente piensa que una persona que tiene respuesta para todo es mejor que la que no las tiene. El resultado de esto es que el político debe dar una respuesta y “el resultado de esto” es que las promesas políticas nunca pueden mantenerse. Así, el siguiente resultado es un desdén general sobre la política. Todo se deriva, quizá, del hecho de que la actitud de la gente consiste en tratar de encontrar la respuesta  en lugar de tratar de encontrar a un hombre que tenga un modo de buscar la respuesta. La cuestión es cómo manejar la incertidumbre. Feynman nos anima a aprender de la ciencia.

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Cortar la leña, acarrear el agua, Lecturas

La música nunca se detuvo

Oliver Sacks es un neurólogo inglés que vive y ejerce la medicina en Nueva York. Es conocido sobre todo por sus libros sobre la complejidad de la mente basados en experiencias con sus pacientes. Sacks nos cuenta siempre sus casos dando los menos datos posibles desde el punto de vista clínico y nos ofrece, sobre todo, las vivencias de las personas que padecen las enfermedades. El primer libro que leí de él fue Un antropólogo en marte en el que cuenta, entre otras,  la historia de Temple Grandin, una profesora con autismo capaz tan sólo de tratar y comprender a los animales pues la complejidad de las emociones humanas la hace sentir como «un antropólogo en Marte». Después me enteré de que era el autor de la obra del mismo título sobre la que se basa la famosa película Despertares (1990) protagonizada por Robin Williams y Robert De Niro. También leí El hombre que confundió a su mujer con un sombrero donde Oliver Sacks explica el caso de un músico cuya parte visual de su cerebro comienza a degenerar y tiene verdaderas dificultades para reconocer por la vista a las personas y las  cosas.

Oliver Sacks 2En todos los casos que nos cuenta, Sacks explica mecanismos de supervivencia del cerebro, de personas que ante su enfermedad se adaptan y encuentran otra manera de hacer las cosas. Un elemento recurrente en muchos de los casos que nos relata es la música. Sacks dice que el cerebro sintoniza mucho con la música, incluso en las personas poco musicales. Crecemos en un entorno en el que hay música por todas partes y el cerebro es muy sensible a ella. La música tiene también un gran poder organizativo sobre todo en las canciones infantiles. La gente suele recordar la letra de una canción si va acompañada de la música. En muchos casos la gente con afasia (perdida de la capacidad de producir o comprender el lenguaje) pueden mantener el lenguaje si está con música.  Sobre este tema, sobre la relación de la música y el cerebro humano escribió Musicofilia.

Hace unos días compré por curiosidad una película titulada La música nunca se detuvo (2011). Me llamó la atención porque ponía en la carátula que estaba basada en la historia de Oliver Sacks titulada El último hippie. Y El último hippie es una de las siete historias de Un antropólogo en marte. Parece ser que la película en España no ha pasado por los cines y se ha editado directamente en dvd hace muy poco.

la musica nunca se detuvo 2La música nunca se detuvo trata del valor terapéutico de la música, de la estrecha relación entre la música y los recuerdos. La película cuenta la historia de Gabriel (Lou Taylor Pucci) que ante la incomprensión de sus padres escapa en 1967 de su casa. Años más tarde, ya en los 80, Henry y Helen (J.K. Simmons y Cara Seymour) lo encuentran en un hospital con un enorme tumor cerebral. Gabriel es operado y pierde la memoria a corto plazo y queda convertido en prácticamente un vegetal. Los médicos descubren que la música despierta a Gabriel de su letargo y su padre, un gran aficionado a la música,  pide a una terapeuta musical (Julia Ormond) que ayude a su hijo. El problema surge al comprobar que no es la música compartida con el padre la que le ayuda, sino la de los 60, la que le acompañó en todas sus experiencias vitales de juventud. Así, gracias a Los Beatles, Bob Dylan, los  Rolling Stones y, sobre todo, los Grateful Deap, su grupo favorito, Gabriel recuerda y conecta con los demás.

La música es un factor clave para crear la identidad humana y, como dice Oliver Sacks, somos una especie tan lingüística como musical. La música nunca se detuvo ha sido una grata sorpresa.

“¿No os pasa que oís una canción y os traslada inmediatamente al momento en el que os enamorasteis de ella, como si no hubiese cambiado el tiempo?”

 

 

sintoniza mucho con la música, incluso en personas de las llamadas poco musicales. – See more at: http://www.eduardpunset.es/412/charlas-con/la-complejidad-de-la-mente-segn-oliver-sacks#sthash.OsTkPz4M.dpuf
sintoniza mucho con la música, incluso en personas de las llamadas poco musicales. – See more at: http://www.eduardpunset.es/412/charlas-con/la-complejidad-de-la-mente-segn-oliver-sacks#sthash.OsTkPz4M.dpuf
sintoniza mucho con la música, incluso en personas de las llamadas poco musicales. – See more at: http://www.eduardpunset.es/412/charlas-con/la-complejidad-de-la-mente-segn-oliver-sacks#sthash.OsTkPz4M.dpuf

 

 

Deja un comentario

Archivado bajo Lo que oigo y lo que veo

Inefable

Quiero que conozcáis a Félix Albo, un contador de historias mediterráneo (Crevillente, Alicante) que he tenido el gusto de escuchar en varias ocasiones gracias  a mi trabajo. Félix Albo se dedica desde hace casi veinte años a contar historias por toda la geografía española y latinoamericana. Escucharlo es un verdadero placer, con solo la palabra consigue emocionarte. Félix también enseña a contar a padres y madres, profesores, profesionales de la cultura y lo social… Y también escribe. Conozco dos publicaciones suyas, el álbum ilustrado  Si un día juntásemos todas las camas del mundo y Memento mori, una colección de historias que fue una sesión para adultos.

Felix AlboFélix Albo tiene un Blog, Cuaderno de viaje, donde habla de su calendario de actuaciones, del contenido de sus sesiones de trabajo y donde publica lo que el llama “peritas”  de las que quiero especialmente hablar hoy. También publica otro llamado Biblioteca de los elefantes donde hace una selección de publicaciones de literatura infantil y juvenil, comentándolas.

Casi todos los lunes, en Cuaderno de viaje, Félix publica una “perita”. Elije una palabra del diccionario y su significado, y escribe una historia basada en ella. Después hace una breve reflexión personal relacionada con la actualidad. Todos sabemos que cuando nos referimos a algo diciendo que es una “perita” o una “perita en dulce” es porque es algo realmente apetecible por su gran valor o por sus buenas cualidades. Y así son las peritas de Félix Albo, palabras que funcionan como cuando tiramos una piedra en el agua.

De todas las peritas que he ido leyendo últimamente hay una que me ha gustado especialmente y que quiero compartir con el permiso de Félix:

(Palabra procedente del latín).
1.- adj. Que no se puede explicar con palabras.
 
EL REGALO – Félix Albo

Al volver de la biblioteca donde había ido a hacer un trabajo del instituto se encontró con su padre en casa a quien no esperaba hasta el sábado.
¡Anda!, ¿qué haces aquí? -le preguntó después de los dos besos.
Vengo a por ti, esta noche nos vamos a…
Papá -le interrumpió-, que esta noche ya he quedado.
Pues tendrás que desquedar -le dijo-, porque ya he hecho los…
Papá, ¿no lo podemos dejar para otro…
Venga- le cortó levantándose- cámbiate si quieres. Mañana a las nueve de la mañana ya estaremos aquí. Y a partir de que volvamos tienes toda la vida para quedar.
Y fue a la cocina y sacó una bolsa con dos bocatas, y un par de botellas de agua. Y le dieron dos besos a la madre que quedó en casa.
En el viaje solo rompía el silencio una tonadilla silbada por el padre, hasta que él puso la radio.
Alguna hora después salieron del asfalto para tomar un camino de tierra durante más de cuarenta y cinco minutos.
¿Pero se puede saber dónde vamos? -le preguntó extrañado y un poco de mala gana.
A un sitio donde ya tenías que haber estado -le contestó su padre con una cortante sonrisa.

Detuvieron el coche bajo una ladera sembrada de pasto. La tarde se estaba desvaneciendo. Sacaron las bolsas y dos sacos de dormir y se adentraron en el prado hasta llegar más o menos al centro.
Cenaron en silencio. El padre miraba el horizonte y cómo se iba pintando bello el poco día que quedaba. Cuando acabaron de cenar el padre se tumbó boca arriba y le dijo:
Este es uno de los mejores regalos que tiene la vida, el silencio.
No me digas que me has traído hoy viernes aquí para escuchar el silencio -le contestó.
Shhhhhhh -siguió su padre-. No hablo del silencio de fuera, sino del de dentro. Y ese es solo el primer regalo. Túmbate, túmbate.
Y se tumbó. Y en sus adentros solo cabían frases de enfado y reproche, imágenes de sus amigos de fiesta, casi seguro en el Sisabana, disfrutando de la buena música y una cerveza, y quien sabe si de la mirada de alguna de las del grupo de las chicas, y buscó en su imaginación la mirada de Andrea, Andrea divertida y bella, con sus amigos y no cómo él que estaba tumbado en medio de un prado de vete tú a saber dónde tratando de escuchar a grillos y vete tú a saber qué otros animalejos… Y así se durmió, con todo ese ruido dentro.

Al rato su padre le despertó. Era completamente de noche cuando abrió los ojos y se incorporó sentado. Su padre le hizo una seña para que mirara hacia arriba y quedó fascinado. El firmamento estallaba lleno de estrellas sobre él. Toda una bóveda inmensa tintineaba en absoluto silencio. Nunca había visto nada igual. La boca la tenía abierta, pero más los ojos y por ellos se le colaba una sensación inefable que le inundaba hasta rebosarle.
Ahí están todas las respuestas -susurró su padre-. Ahí están todas las respuestas porque la gente lleva milenios haciéndoles las preguntas de la vida y escuchando. Ahí están también todos los deseos, todos los sueños, porque millones de humanos han encontrado en el cielo la fuerza para perseguirlos, para pelearlos hasta alcanzarlos. Ahí está toda la belleza de la vida, hijo.

Noche estrellada araucada por MA&JI´s Photo

Noche estrellada araucada por MA&JI´s Photo

A partir de ahí, su padre empezó a desgranarle el cielo, a descifrarlo, a leer las estrellas, y le contó de Hércules, y Casiopea, y Leo, y Piscis, y el Perro Mayor, y Orión y Tauro y el inmenso Pegaso… Nunca su padre le había hablado de las estrellas. No tenía ni idea de que supiera tanto de constelaciones. No podía imaginar que cada noche tuviera guardada en ella tantas historias.
A las cinco de la madrugada rompió lo negro la luna y su padre desnudó sin tapujos su pasión por la grande, la dama blanca, la luna llena, la negra, la media. Fue una noche brutal. Disfrutar de ese silencio tan lleno de palabras, tan lleno de esa sensación que aún es incapaz de expresar, tan lleno de noche, tan lleno del amor que se comparten los padres y los hijos. Una noche tan llena como ninguna.
No fue la última noche que pasó a la intemperie. Pero ninguna fue igual. No fue igual ni con sus amigos, ni con sus amantes, a pesar de él aprender, mirar, buscar y medio entender. Nunca fue igual.
Fue muy parecido cuando le entregó el regalo a su hijo. Un regalo que también lo fue para él, aquella boquita abierta, aquellos ojos sin parpadear, aquel silencio para embeber tanta belleza… Eso fue hace muchos años ya.

Hoy lo ha vuelto a revivir. Está tumbado, y su mirada va desde el inmenso cielo, hasta la cara embobada de su nieto, escuchando como la noche toma la voz de su hijo que también es padre y lee página a página las historias que siempre guarda en silencio, dentro de sí, el firmamento.

Deja un comentario

Archivado bajo Lecturas, Lo que oigo y lo que veo

Una mirada a la vejez

Compré La hora de la verdad. Una mirada a la vejez de la escritora Rosa Regás para regalárselo a mi madre. Ella, que tiene más de setenta y cinco años, no se considera todavía vieja y sigue sorprendiéndose cuando algún escaparate o el espejo del ascensor le devuelven una imagen que ella no cree que sea la suya por estropeada. Y es que como dice la escritora, los espejos de nuestra habitación y de nuestro baño no nos asustan porque nos devuelven la imagen de nuestro rostro y de nuestro cuerpo día a día sin que notemos los minúsculos cambios que se operan en ellos y que nos van transformando.

Después de unos años he vuelto a encontrarme con esta obra en la que Rosa Regás hace un ejercicio de reflexión, basado en su propia experiencia, sobre los aspectos más evidentes de la forma que tenemos de envejecer y las dificultades con las que nos solemos encontrar. Intenta darnos una visión esperanzadora frente al pesimismo que la vejez provoca en la sociedad y en los medios de comunicación.

la_hora_de_la_verdadDice Rosa Regás que nos cuesta creer la edad que tenemos y más aún decirla y escribirla, y que tenemos que hacer un esfuerzo para darnos cuenta de que los demás no nos ven como nos vemos nosotros sino como nosotros vemos a los demás ancianos. La vejez, como la muerte, es algo insólito que les ocurre a los demás. Sólo a veces, en un alarde de coquetería podemos presumir de ancianos para que quien nos oye nos diga: “¿Tantos años? No puede ser, nadie lo diría”. Porque en el mundo desarrollado en el que vivimos se da importancia a la juventud de una forma tan poderosa que la persona que envejece no tiene más remedio que gastar toda su energía en disimular que lo hace, no sólo para los demás sino también para sí misma.

La vejez, tal como se entiende en nuestra sociedad, se nos presenta como un futuro temible. No es extraño que muchas personas vean como una tortura hacerse mayor negando incluso las ventajas que puede tener llegar a cierta edad. Rosa nos dice que hacerse mayor no es una tragedia, a no ser que una enfermedad mental grave nos margine y nos aleje de lo más importante que tenemos: la conciencia y el pensamiento.

Pero envejecer no es una tarea fácil, en ella intervienen no solamente el temor a la muerte que se acerca, la aceptación del propio deterioro o la voluntad de hacerlo bien y con dignidad y encima con placer y diversión, sino muchos otros componentes de nuestro espíritu, de nuestra experiencia y de nuestra específica manera de ser, que complican las cosas haciendo imposible establecer reglas o ir en busca de consejos más allá de los del sentido común. A veces el enemigo más poderoso vive agazapado en nosotros mismos. Los enemigos que entorpecen el camino hacia la vejez no sólo digna sino positiva y feliz, viven ocultos en los aspectos más cotidianos de nuestra experiencia.

Cuando alcanzamos cierta edad comenzamos a utilizar la cantinela de la gente mayor: “En mis tiempos…” Y nos obcecamos en la incomprensión del presente. Y, sin embargo, pensemos lo que pensemos, nuestro tiempo es este, el tiempo en que vivimos, porque sólo hay vida en el presente.

Rosa Regas

Y no digamos nada del deterioro físico, de las distintas dolencias y achaques que van apareciendo de forma casi inevitable. Pero el malestar no sólo nos llega por el deterioro de la salud sino especialmente por la pérdida de la tersura en el rostro, de la firmeza en el cuerpo, de la capacidad de seducción, de esa cara de la seducción que se refiere a lo físico que tanto hemos envidiado, y copiado, en los iconos sexuales de nuestra juventud. En la madurez y en la vejez, nos dice Rosa Regás, también existen mil formas de seducir y de ser seducido pero no se habla de ellas y hay quien ni siquiera las conoce. Es más propio de la edad madura que las formas de la seducción aparezcan mezcladas y confundidas unas con otras, la sexual que sigue existiendo con las que nacen en la voz, el gesto y la mirada, o las que se refieren a la inteligencia, la sagacidad, el sentido crítico, la ironía, la sensibilidad o la forma de entender el mundo y la sociedad. Sin contar con el atractivo que ejercen quienes nos divierten con su sentido del humor y su capacidad de hacer amable la vida de los que lo rodean.

“Es inútil vivir obsesionados por parecer más jóvenes, y empeñarnos en no aceptar que vamos siendo más vulnerables y menos resistentes al cansancio o al esfuerzo y que va desapareciendo nuestra capacidad de seducir tal y como la vivíamos en la juventud. En general, estemos gordos o flacos, con arrugas o sin ellas, seamos o no ágiles, hablemos o callemos, todos mostramos los años que tenemos con la cara, el aspecto y la voz; la única diferencia radica en cómo llevamos esos años, qué humor conservamos, que curiosidad nos inspira, cómo traducimos las deficiencias de la edad en procesos creativos de la mente y de las emociones. Todo esto es, sin lugar a dudas, lo que nos hace parecer más o menos vivos, más o menos atractivos, y consigue que nosotros, como los demás a nuestro alrededor, olvidemos la edad que tenemos.”

Deja un comentario

Archivado bajo Cortar la leña, acarrear el agua, Lecturas

Narrativa espacial

Con cada avance tecnológico surge una nueva manera de narrar, de contar historias. Con la narrativa hipermedia surgió una forma no lineal de contar las cosas y no sólo con texto sino también con elementos multimedia, animaciones, videos, audios… Además, el lector comenzó a poder interactuar con el texto accediendo a los contenidos de distintas formas y en distintos momentos. Con forme avanza la tecnología la capacidad de crear narrativas no lineales es mayor y cada vez con más elementos audiovisuales.

En la actualidad ya no sólo se habla de hipermedia, de la convergencia interactiva entre diferentes medios en el ámbito digital, sino que nos encontramos con la práctica “transmedia” en la que se mezcla lo digital y lo analógico. En esta línea conocí hace unos meses un proyecto de la Universidad de Murcia, de la Facultad de Bellas Artes, denominado Cinema Expandido. El Cinema Expandido designa un tipo de narrativa fílmica que opera en la articulación entre espacio ficticio y real y es una iniciativa del Laboratorio de creación hipermedia y transmedia creado por un grupo de docentes. Los profesores Fred Adam y Verónica Perales han trabajado en la escritura artística usando estos tipos de formatos emergentes. Para ellos el control de las tecnologías o, al menos, la comprensión de su funcionamiento, es más que una cuestión profesional, es una cuestión social.

Para los proyectos que han desarrollado, sus alumnos y alumnas han utilizado diferentes herramientas. Los códigos QR y softwares libres como los de las aplicaciones Aris Games y Notour. Aris Games es una plataforma de creación de juegos y experiencias interactivas geolocalizadas. Aris permite situar personajes virtuales interactivos, elementos dinámicos audiovisuales y, en general, potenciar la comunicación entre lo virtual y lo real. Aris es fruto de un grupo de desarrolladores de la Universidad de Madison. Notour es una herramienta que permite crear recorridos y paisajes sonoros. Ha sido desarrollada por el colectivo gallego Escoitar.

Las prácticas realizadas de cinema expandido en el curso 2012-2013 se centraron en el cine de Win  Wenders, en concreto en su película El cielo sobre Berlín (1987). De entre todas las prácticas hay una que me llamó la atención especialmente: Ángelos. Sus autores lo definen como un proyecto de auralidad aumentada. El proyecto consiste en un paseo sonoro en el que el usuario se transforma en un ángel compasivo-pasivo (como el ángel protagonista de El cielo sobre Berlín) y emprende una ruta aleatoria en la que escucha diferentes pensamientos de diversas personas dentro del área del Campus de Espinardo de la Universidad de Murcia (UMU).

angel-berlin

Me han interesado especialmente los conceptos de paisaje sonoro y auralidad. En un artículo titulado La auralidad consensuada, Juan Gil del colectivo Escoitar, dice que un lugar es un espacio habitado y cargado de significado, un espacio de identidad, relacional e histórica, que está construido, en gran medida, de memoria. Y una importante parte de esa memoria, individual o colectiva, es el resultado de nuestra escucha. Cada lugar y cada situación, pero también cada acto y cada instante, están ligados inexorablemente a unos sonidos concretos que los caracterizan, los identifican, los individualizan, frente a las acústicas de otros espacios y contextos.

Paisajes sonoros, espacios que cuentan historias.

1 comentario

Archivado bajo Lo que oigo y lo que veo

Un ángel en mi mesa

Primero conocí la película de Jane Campion y un tiempo después pude leer la autobiografía de la escritora neozelandesa Janet Frame. Ahora acabo de volver a ver la película después de varios años y he vuelto a quedar enganchada con la historia de esta escritora a la que la literatura le salvó la vida literalmente.

Janet Frame

Un ángel en mi mesa reúne en un sólo volumen las tres partes de la autobiografía de Janet Frame, Hacia la isla (1982), Un ángel en mi mesa (1984) y El enviado de la ciudad de cristal (1985). La obra se hizo famosa gracias a la película de Campion, directora de cine también de Nueva Zelanda y con películas tan conocidas como El piano.

En la primera parte de la obra conocemos a Janet, una niña pequeña, regordeta y pelirroja. Su padre era ferroviario y su madre sirvienta. El hermano mayor de Janet sufría de epilepsia y era continuamente apaleado por el padre y dos de sus hermanas,  Myrtle e Isabel, murieron ahogadas. La pobreza, la enfermedad y la tragedia protagonizaron su infancia. Pero a pesar de las burlas de sus compañeros y de su extrema timidez, Janet comienza a construir su mundo literario.

Un ángel en mi mesa

En la segunda parte, Un ángel en mi mesa, cuenta su adolescencia y sus estudios de magisterio. Silenciosa y tímida, marcada por su aspecto físico (pelo encrespado y de un rojo zanahoria y dientes negros por la caries) se refugia en la literatura y se aparta de todo el mundo. A raíz de un intento de suicidio es internada en un psiquiátrico del que sale con un diagnóstico de esquizofrenia. Posteriormente vuelve para quedarse durante ocho años recibiendo más de doscientos electroshocks. Durante su encierro lee muchísimo y comienza a escribir, publicando su primer libro, El lago, un conjunto de relatos. Es entonces cuando a Janet le van a practicar una lobotomía, ya que según los médicos es la única solución para su enfermedad. Justo cuando iban a realizársela llega al centro la noticia de que a Janet le han concedido el premio literario Hubert Church de relatos cortos, un premio muy prestigioso en Nueva Zelanda y así, gracias a este premio, deciden no intervenirla.

Un ángel en mi mesa de Janet FrameTras salir del psiquiátrico conoce al reputado cuentista Frank Sargeson y se va a vivir con él en una cabaña en el patio de su casa. Sargeson le anima a escribir, acabando al año su primera novela Los búhos lloran, y le ayuda también a reunir dinero para poder viajar.

En la tercera parte Janet nos cuenta su viaje por Europa: Londres, París e Ibiza. Durante su estancia en Ibiza intima con un poeta norteamericano llamado Bernard del que se enamora. Después de un tiempo vuelve a Londres y es entonces cuando un médico duda del diagnóstico de su enfermedad y, tras examinarla detenidamente, le confirma que nunca ha sufrido esquizofrenia. De pronto Janet siente que ya no es rara porque está enferma y de nuevo no encuentra sentido a su sufrimiento, a su soledad:

“Finalmente fui citada a la sala de entrevistas, donde el equipo médico se encontraba sentado ante una larga mesa presidida por sir Aubrey Lewis. El equipo ya había celebrado sus reuniones y llegado a sus conclusiones, y después de mantener una breve conversación conmigo, sir Aubrey pronunció el veredicto. Yo nunca había padecido esquizofrenia, dijo. Jamás debería haber sido ingresada en un hospital psiquiátrico. Cualquier problema que pudiera experimentar en la actualidad era sobre todo el resultado directo de mi estancia en el hospital.

Sonreí.

-Gracias- dije en tono tímido y formal, como si hubiera ganado un premio.

Más tarde, el doctor Miller repitió el veredicto con expresión triunfante. Recuerdo su expresión de deleite y el modo en que se giró pesadamente en su silla porque la cantidad de ropa que llevaba parecía dificultar sus movimientos.

-En Inglaterra hace mucho frío – comentó – . Y llevo esta ropa interior de lana, tan gruesa…

La última moda, los abrigos cortos y los pantalones estrechos, aumentaba su incomodidad. Tal vez recuerdo tan vívidamente la cantidad de ropa que el doctor Miller usaba en invierno porque yo misma me había despojado repentinamente de una prenda que había llevado puesta durante doce o trece años: mi esquizofrenia. Recordaba con cuánto asombro y temor había intentado pronunciar esa palabra al enterarme del diagnóstico, cómo la había buscado en los libros de psicología y en los diccionarios de medicina y cómo, al principio con cierta incredulidad y luego rindiéndome a la opinión de los expertos, la había aceptado; cómo en el sufrimiento y el terror de la aceptación había encontrado un consuelo y una protección inesperados, cómo había anhelado librarme de la opinión pero no estaba dispuesta a separarme de ella, e incluso aunque no la usaba abiertamente, siempre la tenía a mano para casos de emergencia, para ponérmela a toda prisa y protegerme de la crueldad del mundo (…)”

Tanto el libro como la película son muy recomendables. Un ángel en mi mesa (1990) de Jane Campion es una película larga (más de dos horas) pero muy hermosa. Está magníficamente protagonizada por la actriz Kerry Fox que ganó el León de Plata a la mejor actriz en el Festival de Venecia.  Encontrarás en ella estupendas imágenes que saben reflejar de forma excelente la belleza de la naturaleza, el aislamiento y la soledad, la delgada línea que separa la normalidad de la rareza, de lo extraordinario, y el poder de la literatura.

 

1 comentario

Archivado bajo Lecturas, Lo que oigo y lo que veo

Desafección

Últimamente ha crecido mucho la desafección por la clase política. Cada vez más personas piensan que los políticos no atienden los problemas de los ciudadanos sino a los propios. Un ejemplo claro lo hemos tenido en las pasadas elecciones europeas. La corrupción entre los políticos ha provocado indignación entre los ciudadanos y, posteriormente, decepción ante la falta de medidas para atajarla. Es así como va creciendo la desconfianza y el distanciamiento entre la ciudadanía y sus representantes políticos. Es más, ha crecido mucho la caracterización de la clase política por parte de la opinión pública como uno de los principales problemas del país.

Todos_los_politicos_son_iguales1

Esto también ocurre en las empresas. Según comenta Carmen Sánchez-Silva en un artículo publicado este domingo en El País, titulado Menos mentiras y más ejemplo, solo uno de cada ocho empleados encuestados, declara estar comprometido con la compañía para la que trabaja. La razón es exactamente la misma que con los políticos, existe una brecha gigantesca entre los intereses de los dirigentes de las organizaciones y los de sus plantillas. Siete de cada diez trabajadores consultados afirman que su escaso compromiso con su empresa se debe a que los jefes dicen una cosa y hacen otra, a que no existe proyecto empresarial, a que no se aprovechan sus capacidades y que no se les ofrece posibilidades de progreso profesional. Los directores de recursos humanos saben que una causa muy importante de fracaso en sus empresas es la hipocresía de los dirigentes, quienes, sin embargo creen que decir una cosa y hacer lo contrario es solo la octava causa de su fracaso.

Las claves para que esto no suceda tienen que ver con la comunicación, con predicar con el ejemplo y hacer partícipe a los empleados de los retos empresariales. Transparencia y participación. Claves aplicables totalmente al mundo de la política. Tras las últimas elecciones podemos pensar que la desconfianza en la clase política no significa mayoritariamente que se pasa de todo. No, se trata más bien de que los ciudadanos son más críticos y exigentes. La desafección no es fruto de la despreocupación o de actitudes negativas hacia la política en general, sino de la insatisfacción con el funcionamiento del sistema de ciudadanos que se interesan por los asuntos públicos.

1 comentario

Archivado bajo Cortar la leña, acarrear el agua