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Cosas tangibles, tareas diarias de la vida

Una función pública comprometida

Antonio Muñoz Molina en su artículo La corrupción y el mérito, publicado en el diario El País el 9 de noviembre, escribe que la corrupción no habría llegado tan lejos si no se correspondiera con otro proceso que permanece invisible: el descrédito y el deterioro de la función pública. Cuando se habla de función pública se piensa inmediatamente en la figura de un funcionario anticuado y ocioso. Según Muñoz Molina esa imagen la ha fomentado la clase política porque sirve muy bien a sus intereses.

Está muy bien que los culpables reciban el castigo previsto por la ley, pero la decencia pública no pueden garantizarla los jueces, el puesto de un corrupto puede ocuparlo otro. Lo que nos hace falta, continúa diciendo el escritor, es un vuelco al mismo tiempo administrativo y moral, un fortalecimiento de la función pública y un cambio de actitudes culturales muy arraigadas y muy dañinas, que empapan por igual casi todos los ámbitos de nuestra vida colectiva. El vuelco administrativo implica poner fin al progresivo deterioro en la calidad de los servicios públicos, en los procesos de selección y en las condiciones de trabajo y en las garantías de integridad profesional de quienes los ejercen. Contra los manejos de un político corrupto la mejor defensa son los empleados públicos que están capacitados para hacer bien su trabajo y disponen de los medios para llevarlo a cabo, que tienen garantizada su independencia y por lo tanto no han de someterse por conveniencia o por obligación a los designios del que manda.

compromisoulitmo2p 2Unos días después de leer este estupendo artículo descubrí el Club de Innovadores Públicos  (CIP). El CIP fue creado por  el Club de Innovación que nació con la intención de poner a disposición de los responsables públicos que apuestan por la modernización y la innovación de sus administraciones, cauces de comunicación que les permitan presentar, conocer y debatir soluciones, experiencias y propuestas. Para ello el Club creó el portal http://www.clubdeinnovación.es posibilitando la creación de una red y de espacios de colaboración.

El año pasado, el Club de Innovadores Públicos lanzó un reto a los Innovadores Públicos: comprometerse por escrito con su actuación como Innovadores Públicos, con su trabajo, su equipo, su administración y sus ciudadanos. Para ello se realizó un documento con las aportaciones de los miembros de la Blogosfera Pública y los participantes en el  I Encuentro Nacional de la Blogosfera Pública para que se subscribiera y difundiera.

Este es el compromiso del Innovador Público:

Como innovador en las Administraciones Públicas,
Me comprometo:
A creer que una administración mejor es posible y no rendirme nunca en la demanda de mejoras y cambio
A fomentar la transferencia de conocimiento, la cultura de cambio y la innovación abierta
A promover la eficiencia y los principios éticos
A mantener una actitud de aprendizaje continuo, beta permanente, dispuesto al cambio y no cerrarme a nuevas oportunidades, abriendo ventanas dónde me encuentre puertas cerradas
A colaborar e interoperar, a forjar conexiones con todos aprovechando sus potencialidades y buscar y apoyar a aquellos que compartan estos compromisos
En el trabajo
Me comprometo:
A implicarme en las nuevas iniciativas, conseguir objetivos y a aceptar el fracaso
A analizar cada situación como si fuera nueva huyendo del “siempre se hizo así”
A integrar el capital intelectual disperso alrededor de nuevos proyectos
A no condicionarme por políticas o jerarquías y trabajar por aquello en lo que creo
A formarme y buscar la excelencia
Con el equipo
Me comprometo:
A potenciar la creatividad y estar abierto a nuevas propuestas
A fomentar un entorno participativo y la implicación del equipo
A escuchar, compartir y delegar, a generar confianza y a confiar
A fomentar el gusto por el trabajo bien hecho
A formar, informar y motivar
Con la administración
Me comprometo:
A poner en práctica los valores de lo público: equidad, servicio, transparencia y colaboración tanto hacia adentro como hacia afuera
A hacerlo de forma simple, rápida y ubicua
A trabajar con criterios de legalidad, transparencia, eficiencia en el gasto y solidaridad
A mantenerme formado y a pedir y dar ejemplo de excelencia en el trabajo
A prestigiar y humanizar mi administración, mejorar su valoración por los ciudadanos y trabajar por sus objetivos
Con los ciudadanos
Me comprometo:
A situar al ciudadano en el centro de mi actividad profesional
A escucharle fomentando los canales de participación y comunicación
A buscar y apoyar las mejores soluciones, facilitando su acceso a los servicios públicos
A hacerles partícipes, coautores y corresponsables del diseño y prestación de los servicios públicos
A tratar a cada persona de manera individual, con ética pública, transparencia y agilidad
Que existan iniciativas de este tipo y que ya hayan suscrito este compromiso más de 500 Innovadores es alentador, aunque la cifra sea todavía muy pequeña.
Volviendo a Muñoz Molina, “que toda esa gente, contra viento y marea, haga bien su trabajo, es una prueba de que las cosas pueden ir a mejor. Construir una administración profesional, austera y eficiente es una tarea difícil, pero no imposible. Requiere cambios en las leyes y en los hábitos de la política y también otros más sutiles, que tienen que ver con profundas inercias de nuestra vida pública, con esas corruptelas o corrupciones veniales que casi todos, en grado variable, hemos aceptado o tolerado”.

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Andar

“Para ir más despacio no se ha encontrado nada mejor que andar. Para andar hacen falta ante todo dos piernas. Todo lo demás es superfluo. ¿Quieren ir más rápido? Entonces no caminen, hagan otra cosa: rueden, deslícense, vuelen. No anden. Caminando, solo una hazaña importa: la intensidad del cielo, la belleza de los paisajes. Andar no es un deporte” Frédéric Gros

Hace tan solo unas semanas que he recuperado el hábito de salir a andar. Una vez que empiezo se convierte en una adicción y espero con impaciencia el momento de calzarme las zapatillas y emprender el camino. La felicidad del paréntesis. Marcharse para después regresar cansada, diferente.  Todo el mundo sabe andar. Poner un pie delante del otro para ir a alguna parte, donde sea. Después del trabajo, de la silla y la pantalla del ordenador, del sedentarismo obligado, merece la pena salir para no hacer nada más que andar.

portada-andarPor casualidad y por sorpresa, en esos primeros días de vuelta  a la marcha encontré en la librería Andar, una filosofía de Frédéric Gros, filósofo francés especialista en Michel Foucault, que realiza en esta obra un recorrido filosófico y literario en compañía de ilustres autores en torno al simple hecho de caminar. Nietzsche, Rimbaud, Rousseau, Thoreau, Nerval, Walter Benjamín, Ghandi. Todos caminantes y grandes pensadores.

Nietzsche fue un caminante tenaz, la marcha al aire libre fue el acompañamiento invariable de su escritura. En las épocas más dura de trabajo sufre terribles dolores de cabeza que lo mantienen postrado en la cama. Para reponerse y recuperar fuerzas, la soledad y grandes caminatas. Para Nietzsche caminar no es, como para Kant, lo que distrae del trabajo, esa mínima higiene que permite al cuerpo recuperarse de haber estado sentado, es la condición de la obra, es su elemento.

Rimbaud caminó toda su vida. De muy joven el poeta se refirió a sí mismo en estos términos: “Soy un peatón, nada más”. Desde los quince hasta los diecisiete años anda para llegar a las grandes ciudades: al París de las esperanzas literarias, para darse a conocer, para que lo amaran y leyeran sus poemas, hacia Bruselas para hacer la carrera de periodismo. De los veinte a los veinticuatro años emprende varias veces el camino del sur. Luego regresa a su casa para pasar el invierno, para preparar de nuevo el viaje. Un incesante ir y venir entre los puertos del Mediterráneo. Y, desde los veinticinco años hasta su muerte, los caminos del desierto. En Rimbaud, la marcha está impregnada del sentido de la huida. Esa alegría profunda que se tiene siempre al caminar, esa alegría de dejar tras de sí. No hay vuelta atrás posible cuando se camina. Ya está, uno se ha marchado. Y, esa alegría inmensa, complementaria, del cansancio, del agotamiento, del olvido de sí y del mundo.

Rousseau afirmaba que no podía pensar de verdad, componer, crear e inspirarse si no era caminando. Las ideas le vienen a la mente en el transcurso de largos paseos, le basta ver un escritorio y una silla para sentir náuseas y desaliento. Para Thoreau andar te llena el espíritu de una consistencia distinta, no la de las ideas o las doctrinas, no en el sentido de una cabeza atiborrada de frases, citas o teorías, sino llena de la presencia del mundo. Walter Benjamín con sus estudios sobre París hizo célebre el personaje del paseante, el flâneur.

caminoJunto a todos los grandes autores y caminantes que Gros menciona en su obra, el filósofo va detallando las esenciales características de la marcha: la libertad, la lentitud, la soledad, el silencio, la energía, la repetición…

Caminando no se hace nada más que caminar. Pero no tener nada que hacer más que caminar permite recuperar el puro sentimiento de ser, redescubrir la simple alegría de existir. Caminar acalla de pronto los rumores y los lamentos, pone fin al interminable parloteo interior mediante el cual juzgamos sin cesar a los demás, nos evaluamos a nosotros mismos, recomponemos e interpretamos.

“Cuando se lleva largo rato caminando, llega un momento en el que uno ya no sabe bien cuántas horas han pasado, ni cuántas quedan todavía para alcanzar el final, nota en los hombros el peso de lo estrictamente necesario, piensa que con eso basta y sobra -si es que de verdad hace falta más para mantenerse con vida-, y siente que podría seguir así durante días, durante siglos. Entonces, uno apenas sabe adónde va ni por qué, es algo que importa tan poco como mi pasado o la hora que es. Y uno se siente libre, porque, cuando intenta recordar los signos antiguos de nuestra permanencia en el infierno -nombre, edad, profesión, carrera-, todo, absolutamente todo, parece irrisorio, minúsculo, sin consistencia” Frédéric Gros. Andar. Una filosofía.

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Maestro-alumno: Elogio de la trasmisión

Acaba de comenzar el  nuevo curso.  Mi hija comienza a estudiar en la universidad y mi mayor deseo es que encuentre, a lo largo de los años que tendrá que pasar estudiando, buenos profesores que consigan transmitirle la pasión por el conocimiento. Todos podemos recordar con gratitud la figura de alguno de los maestros y maestras que nos acompañaron a lo largo de nuestro paso por el colegio, el instituto o la universidad. Fuese cual fuese la asignatura que impartieran,  nuestro recuerdo tiene que ver sobre todo con el cambio que produjeron en nosotros.

Recuerdo a mi profesora de cuarto de primaria y su lectura de aquella primera novela, El otro árbol de Guernica, que me fascinó y avivó, si cabe aún más, mi interés por la lectura. A aquel profesor de griego tan serio y estirado que sin embargo despertó en mí y en muchos de mis compañeros una verdadera pasión por la cultura clásica,  aquel  profesor de lengua que me enseñó a defender mis propias ideas o al loco profesor de filosofía, ya en la universidad, que recitaba en griego poemas de Giorgos Seferis.   Steiner afirma que si un estudiante percibe que el profesor está poseído de alguna manera por aquello que enseña, es un primer paso. Quizá el alumno no estará de acuerdo pero escuchará: “se trata del milagroso instante en que comienza a establecerse el diálogo con una pasión”.

elogio-de-la-transmision-george-steiner-trabalibrosEn Elogio de la trasmisión, Cécile Ladjali, profesora de secundaria en un Instituto de un suburbio de Paris nos cuenta como consiguió que sus alumnos elaboraran un libro de sonetos sobre el mito de la caída y que el profesor y prestigioso ensayista George Steiner  les prologara la obra. Gracias a esta experiencia, según Ladjali, los alumnos tuvieron la oportunidad de descubrir la satisfacción que provoca el saber, y Steiner aquella que entraña el hecho de transmitirlo. A raíz de esta colaboración ambos profesores realizan un diálogo reflexionando sobre la enseñanza, el saber, la educación y la ética. Esta conversación está recogida en Elogio de la trasmisión junto a la historia de Murmure, el libro de poesía realizado por los alumnos de Ladjali.

Para Cécile Ladjali es en la enseñanza secundaria donde se libran las más decisivas batallas contra la barbarie y el vacío.  El profesor ha de sacar al alumno de su mundo, conducirle hasta donde no habría llegado nunca sin ayuda, y traspasarle un poco de su alma. Porque nadie es consciente de lo que es hasta que no se enfrenta con la alteridad.

El primer tema que tratan Steiner y Ladjali en su conversación es el elogio de la dificultad. Steiner señala que vivimos en una cultura, en un ambiente, en los que la poesía se ha convertido en algo mucho más minoritario de lo que lo fuera en cualquier otra época. En la mayoría de las grandes culturas de nuestro planeta, la poesía se trasmite de viva voz, y no a través de los libros, hecho que ofrece enormes posibilidades a pueblos técnicamente analfabetos. Por eso lamenta que ya no se aprenda nada de memoria. Aprender de memoria significa, en primer lugar, trabajar con un texto de una forma excepcional. Lo que uno aprende de memoria cambia con uno mismo, y la persona se transforma con ello, a su vez, a lo largo de toda la vida. Y en segundo lugar, significa que nadie podrá arrebatárselo.

steiner-portraitAl hablar de creatividad y escuela, ambos profesores,  señalan la importancia de leer a los clásicos y la de aprender otras lenguas. Para Steiner cada lengua representa una ventana a un mundo totalmente diferente. Toda nueva lengua permite vivir otra vida. También elogia el silencio. Sin embargo, se asegura que, en la actualidad, casi el ochenta por ciento de los adolescentes no llegan a leer un texto en silencio, sin tener como trasfondo el sonido electrónico de la radio, de la televisión, etc.

Ladjali  y Steiner tienen un alto concepto de la enseñanza, pero también son conscientes de que no corren buenos tiempos para la difusión de la cultura en la enseñanza secundaria. Por lo general, por culpa tanto de los planes de estudios  como del ambiente en el que viven sumergidos los alumnos, parece haber poco sitio para los objetivos humanísticos. Dice Steiner “Sea cual sea el nivel que nos corresponda, nuestro trabajo como profesores puede resultar agotador y descepcionante. Puede generar una profunda acritud; pero también tiene una suprema recompensa: la de encontrarse con un alumno mucho más capaz que uno mismo, que llegará mucho más lejos, y que quizá llegue a crear una obra que futuros profesores enseñarán. Es algo que me ha ocurrido cuatro veces en mi vida, lo que no deja de ser una cifra importante después de cincuenta años de enseñanza. Se lo juro, se trata de una recompensa inconmensurable. Ser profesor es una vocación absoluta.”

 

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Los libros y la libertad

Hoy escribo mi entrada número 100. Un número tan redondo y algo rimbombante parece que invita a cierta celebración. Tal vez por eso estuve pensando durante varios días sobre que escribir, con la insistente idea  de que tenía que ser algo especial. Creo que por eso he elegido Los libros y la libertad, una colección de conferencias, artículos y colaboraciones en torno a los principales temas que siempre han preocupado al filósofo Emilio Lledó: la cultura y la educación, el libro y la memoria.

Emilio Lledó es filósofo y miembro de la Real Academia Española.  Se formó en Alemania y ha sido profesor en las universidades de Heidelberg, La Laguna, Barcelona y Madrid. Entre sus obras destacan El silencio de la escritura (1992), Premio Nacional de Ensayo,  El surco del tiempo (2000), El origen del diálogo y de la ética. Una introducción al pensamiento de Platón y Aristóteles (2011) o La filosofía, hoy. Filosofía, lenguaje e historia (2012)

Emilio Lledó considera que el lenguaje es el elemento esencial en el pensar y en el instalarse del hombre en la sociedad o en la naturaleza. La filosofía no sería sino la meditación sobre tal instalación; y la historia de la filosofía se entendería como “memoria colectiva” del complejo proceso seguido por la humanidad, diferenciado históricamente.

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Lledó se apoya especialmente en la filosofía griega clásica, en los diálogos platónicos, en las éticas aristotélicas y en el epicureísmo; en el lenguaje como objeto principal del análisis filosófico y en una extensa reflexión sobre la temporalidad y la escritura que desemboca en una filosofía de la memoria.

Son muchas las ideas y reflexiones contenidas en Los libros y la libertad. En el Prólogo, Lledó nos dice que los seres humanos somos memoria y lenguaje, que la cultura “fue estableciendo, pausadamente, un vínculo para que el transcurrir de tiempo no acabase, como era su destino, en el olvido. Y fue la escritura el primer artificio para sujetar ese río del tiempo (…)”. “El libro es, sobre todo, un recipiente donde reposa el tiempo. Una prodigiosa trampa con la que la inteligencia y la sensibilidad humana vencieron a esa condición efímera, fluyente, que llevaba la experiencia del vivir hacia la nada del olvido”

Volviendo su mirada a los griegos señala que desde el momento que surge la polis, como estructura social en la que se mueven las vidas de los individuos, se descubre, casi al mismo tiempo, un elemento fundamental, el demos, la existencia humana fuera del privilegio del poder, del mito y de su mitológica aristocracia. El “demos” se constituye en poder, en “democracia”, en fuerza colectiva que se sustenta en dos importantes principios: el derecho a la palabra y la igualdad ante la ley. La larga lucha hacia la igualdad y la justicia constituye el fundamento de toda cultura, de todo progreso. Frente al lenguaje del mito, del “siempre así”, la cultura griega descubrió la duda, la reflexión, “las opiniones de los mortales”, la lucha contra el dogmatismo. Y el desarrollo y el progreso democrático únicamente pueden fomentarse con el otro gran invento de la cultura griega para evitar la demagogia: la educación.

loslibrosylalibertad2Comenta Emilio Lledó, en una de las muchas entrevistas que le han hecho, que su  querido maestro de la infancia, don Francisco, les animaba a pensar las palabras, a no asumirlas sin entenderlas porque sabía que sólo así podíamos salvarnos de la manipulación, de la agresividad a que conduce la falta de comprensión. Dice Lledó que “la raíz del mal está en la ignorancia, el egoísmo y la codicia” y que “el ser humano es lo que la educación hace de él”. Por eso le preocupa tanto lo que está sucediendo con la educación pública en nuestro país.

Lledó hace una reivindicación apasionada de la cultura, una palabra que en la tradición latina significó “cultivo, trabajo, labor y beneficio de la tierra”. La cultura que “no es solo una necesidad de los seres humanos, sino que implica, al mismo tiempo, su creación más importante, su valor decisivo sin el que apenas tiene sentido el valor fundamental imprescindible en la vida”.

Todo esto que comento y muchas más ideas y reflexiones hacen de Los libros y la libertad una recopilación muy interesante y acertada para iniciarnos, si es que todavía no lo hemos hecho, en la gratificante lectura de los textos del maestro Emilio Lledó.

“De mis libros, de las bibliotecas que he frecuentado, aprendí el diálogo y la libertad de pensar. Durante siglos, fueron los libros, los vencedores del carácter efímero de la vida. Por eso también, fueron tachados, prohibidos, quemados, por los profesionales de la ignorancia y la mentira. Pero siguen vivos, tienen que seguir vivos, conservando la memoria y liberando y fomentando la inteligencia”.

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Cómo ser mujer

Leí Como ser mujer de Caitlin Moran a comienzos del verano animada por las opiniones encontradas acerca de la obra. Muchas alabanzas y alguna que otra descalificación. “Altamente provocativa”, “divertida e inteligente”, “feminista estridente”, “lo que el feminismo estaba esperando”… o “es difícil concentrar tantas tonterías en 360 páginas”.

Caitlin Moran es una conocida escritora y periodista británica que trabajó desde muy joven en diversas revistas y en la radio. Actualmente es columnista del diario The Time y también crítica de televisión.  Como ser mujer se publicó en 2011 en Gran Bretaña, convirtiéndose rápidamente en un éxito de ventas,  y fue publicada en España en junio del año pasado.

Cómo ser mujer 3La obra, escrita en primera persona y en tono de comedia, repasa de forma desenfadada temas como la sexualidad, el cuerpo, la alimentación, el machismo, el feminismo, la belleza, las relaciones de pareja, el amor, la maternidad o el aborto. Moran los aborda desde su experiencia personal, familiar y profesional, contándonos sus obsesiones, miedos y dudas sin pudor y con un lenguaje directo. La escritora no se centra en la desigualdad salarial, en la violencia  contra las mujeres o en otras grandes reivindicaciones. Caitlin Morán habla de cuestiones que tienen que ver con la rutina femenina, con su día a día, cuyo carácter pernicioso es menos evidente y que le afectan más de lo que parece: la depilación, las dietas, los tacones, la ropa interior, la menstruación, la apariencia externa… Arremete contra los tópicos de “el hombre de mi vida”, “el mejor día de tu vida”, la maternidad. Y todo eso de una forma divertida. Morán hace reír.

Una de las críticas que le hacen a Cómo ser mujer es su tono demasiado frívolo, sobre todo en el capítulo que dedica al aborto, que hace excesiva mención a referencias específicas de la cultura pop, a estrellas televisivas, a series y músicos británicos, también que se refiere a un solo tipo de mujer (blanca, urbana, y profesional como ella). Morán contesta que apenas una feminista logra cierto éxito, se le pide que salve al mundo.

¿Tiene sentido ser feminista en un país occidental en la actualidad? Hay muchas personas que piensan que el feminismo en países desarrollados no tiene ya razón de ser. Lo que una mujer que se sienta discriminada debe hacer es acudir al juzgado de guardia y poner una denuncia. En la actualidad las leyes y los tribunales defienden los derechos de las mujeres.

Tan solo un 1,7% de españoles se define como feminista, según el barómetro del CIS del mes de abril de 2013, y el 44% de las chicas, según un estudio de la Federación de Mujeres Progresistas, creen que para realizarse necesitan el amor de un hombre, que los celos son una prueba de amor y que ellos son más atractivos si son agresivos y valientes.

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Caitlin Moran piensa que hay que recuperar “urgentemente” la palabra feminismo. El feminismo es demasiado importante para dejárselo a la academia, por eso hay recuperar la esencia de un concepto desgastado. Moran dice que no existe otra palabra que feminismo para definir “hacer que el mundo sea igual para hombres y mujeres”. Dice: “Si quieres que no te llamen feminista, entonces, vale: no tengas educación, no tengas un trabajo, o déjalo cuando te cases, admite que si te violan no se considerará un crimen y devuelve tu derecho al voto”. También que “no existe un único feminismo ni un conjunto de reglas que funcionen igual para todas las mujeres. Pero una buena forma de saber si estás ante una situación de machismo es preguntarse: ¿A los hombres les pasaría lo mismo?, ¿tienen un equivalente a esto?”

No creo que Caitlin Morán quisiera realmente contestar a la pregunta de cómo ser una mujer, nada de lo que dice es nuevo, ni se acaba en esta suerte de autobiografía particular. Pero bajo su aparente superficialidad creo que da en el clavo en muchas de las cuestiones que plantea, enfrentándose a muchas ideas preconcebidas que casi siempre nos pasan desapercibidas. Y esto, haciéndote pasar un buen rato.

 

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Reflexiones de un científico-ciudadano

Richard P. Feynman es un físico norteamericano que obtuvo el Premio Nobel en 1965, compartido con J. Schwinger y S. Tomonaga, por sus trabajos en electrodinámica cuántica. Es un científico brillante y original que es conocido no sólo por sus investigaciones y aportaciones al mundo de la ciencia, sino también por su labor divulgativa y su calidad humana.

FEYNMANEn 1963 Richard P. Feynman fue invitado a impartir una serie de tres conferencias nocturnas en la Universidad de Washington. En ellas reflexiona sobre la sociedad, sobre el conflicto entre ciencia y religión, sobre las causas de la desconfianza general sobre los políticos y otros aspectos de similares características. Estas conferencias han sido publicadas de nuevo (la primera edición es de 1994) por la editorial Crítica en marzo de este año bajo el título “Qué significa todo eso. Reflexiones de un científico-ciudadano”. Su lectura me ha resultado muy amena e interesante, sobre todo, por la propuesta de Feynman de que es muy importante el impacto de las ideas de un campo del saber en otro. Como científico, Feynman conoce los métodos de la ciencia, sus ideas, las fuentes de su progreso, su disciplina mental, y nos propone establecer una relación e influencia entre ciencia y otros campos, en concreto con la política y la religión.

Feynman comenta que cuando nos referimos a la ciencia nos estamos refiriendo normalmente a una de estas tres cosas o a una mezcla de ellas: un método especial de descubrir cosas, el cuerpo de conocimientos que surge de las cosas descubiertas y las nuevas cosas que se pueden hacer cuando se ha descubierto algo, o la producción real de nuevas cosas. Este último campo se denomina normalmente tecnología.

La característica más obvia de la ciencia es su aplicación. Como consecuencia de la ciencia uno tiene poder para hacer cosas. Toda la Revolución industrial por ejemplo hubiera sido casi imposible sin el desarrollo de la ciencia. Ahora bien, dice Feynman, este poder para hacer cosas no incluye instrucciones sobre cómo utilizarlo, si utilizarlo para bien o para mal. Nos encontramos con muchas contradicciones. Quizás una de las más notorias es el desarrollo de la energía nuclear. Todos los problemas importantes de las relaciones entre ciencia y sociedad son de este tipo según Feynman. Cuando se le dice al científico que debe ser más responsable de sus efectos en la sociedad, a lo que se está aludiendo es a las aplicaciones de la ciencia. Pero las cuestiones científicas son independientes de las cuestiones morales. La gran pregunta para un ser humano es siempre “¿debería hacer esto?”. Y ¿cómo podemos responder a una pregunta semejante? Feynman recomienda dividirla en dos partes. Podemos decir: “Si hago esto, ¿qué sucederá?”. La segunda parte sería: “Bien, ¿quiero yo que esto suceda?”. La primera pregunta es susceptible de investigación científica, la segunda no.

lib-que-significa-todo-eso-978849892102Por otra parte también podemos reflexionar sobre la ciencia como método de descubrir cosas. Este método está basado en el principio de que la observación es el juez de si una cosa es así o no. Este es el principio de la ciencia, si existe una excepción a cualquier regla, y puede ser probada por observación, entonces dicha regla es falsa. El científico no trata de evitar la demostración de que las reglas son falsas; hay progreso y excitación justamente en lo contrario. Para observar bien hay que tener en cuenta que la observación no debe de ser burda, hay que ser muy cuidadoso, meticuloso. El razonamiento científico requiere cierta disciplina. Otra característica de la ciencia es la objetividad. Es necesario considerar objetivamente los resultados de la observación, porque el experimentador podría preferir un resultado a otro. Otro punto técnico muy importante es que cuanto más específica es una regla, más interesante resulta. Cuanto más preciso es el enunciado, más interés tiene el ponerlo a prueba. Además, el científico debe hacer conjeturas. El conocimiento no tiene valor real si todo lo que alguien puede decirme es lo que sucedió ayer. Es necesario decir qué sucederá mañana si se hace algo, uno debe estar dispuesto a arriesgarse.

Por lo tanto, los científicos están acostumbrados a tratar con la duda y la incertidumbre. Tenemos que admitir la posibilidad de que no tengamos toda la razón. De lo contrario, si uno ha tomado ya su decisión, es muy posible que no lo resuelva. Porque tenemos dudas es por lo que podemos proponer una búsqueda de nuevas ideas en nuevas direcciones. La libertad para dudar es una cuestión importante en las ciencias y lo debería ser en otros campos.

Si volvemos la vista atrás, nos comenta Feynman, parece que siempre hubo épocas en las que había gente que creía con fe absoluta y absoluto dogmatismo en algo. Eran tan serios en esta cuestión que insistían en que el resto del mundo tenía que estar de acuerdo con ellos. Y llegaban a hacer cosas que eran directamente incompatibles con sus propias creencias para mantener que lo que ellos decían era verdadero. Por eso en la admisión de la ignorancia y en la admisión de la incertidumbre hay una esperanza para el movimiento continuo de los seres humanos. La duda y la discusión son esenciales para progresar. Por eso Feynman cree que existe un conflicto entre ciencia y religión.

En general la gente piensa que una persona que tiene respuesta para todo es mejor que la que no las tiene. El resultado de esto es que el político debe dar una respuesta y “el resultado de esto” es que las promesas políticas nunca pueden mantenerse. Así, el siguiente resultado es un desdén general sobre la política. Todo se deriva, quizá, del hecho de que la actitud de la gente consiste en tratar de encontrar la respuesta  en lugar de tratar de encontrar a un hombre que tenga un modo de buscar la respuesta. La cuestión es cómo manejar la incertidumbre. Feynman nos anima a aprender de la ciencia.

 

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Una mirada a la vejez

Compré La hora de la verdad. Una mirada a la vejez de la escritora Rosa Regás para regalárselo a mi madre. Ella, que tiene más de setenta y cinco años, no se considera todavía vieja y sigue sorprendiéndose cuando algún escaparate o el espejo del ascensor le devuelven una imagen que ella no cree que sea la suya por estropeada. Y es que como dice la escritora, los espejos de nuestra habitación y de nuestro baño no nos asustan porque nos devuelven la imagen de nuestro rostro y de nuestro cuerpo día a día sin que notemos los minúsculos cambios que se operan en ellos y que nos van transformando.

Después de unos años he vuelto a encontrarme con esta obra en la que Rosa Regás hace un ejercicio de reflexión, basado en su propia experiencia, sobre los aspectos más evidentes de la forma que tenemos de envejecer y las dificultades con las que nos solemos encontrar. Intenta darnos una visión esperanzadora frente al pesimismo que la vejez provoca en la sociedad y en los medios de comunicación.

la_hora_de_la_verdadDice Rosa Regás que nos cuesta creer la edad que tenemos y más aún decirla y escribirla, y que tenemos que hacer un esfuerzo para darnos cuenta de que los demás no nos ven como nos vemos nosotros sino como nosotros vemos a los demás ancianos. La vejez, como la muerte, es algo insólito que les ocurre a los demás. Sólo a veces, en un alarde de coquetería podemos presumir de ancianos para que quien nos oye nos diga: “¿Tantos años? No puede ser, nadie lo diría”. Porque en el mundo desarrollado en el que vivimos se da importancia a la juventud de una forma tan poderosa que la persona que envejece no tiene más remedio que gastar toda su energía en disimular que lo hace, no sólo para los demás sino también para sí misma.

La vejez, tal como se entiende en nuestra sociedad, se nos presenta como un futuro temible. No es extraño que muchas personas vean como una tortura hacerse mayor negando incluso las ventajas que puede tener llegar a cierta edad. Rosa nos dice que hacerse mayor no es una tragedia, a no ser que una enfermedad mental grave nos margine y nos aleje de lo más importante que tenemos: la conciencia y el pensamiento.

Pero envejecer no es una tarea fácil, en ella intervienen no solamente el temor a la muerte que se acerca, la aceptación del propio deterioro o la voluntad de hacerlo bien y con dignidad y encima con placer y diversión, sino muchos otros componentes de nuestro espíritu, de nuestra experiencia y de nuestra específica manera de ser, que complican las cosas haciendo imposible establecer reglas o ir en busca de consejos más allá de los del sentido común. A veces el enemigo más poderoso vive agazapado en nosotros mismos. Los enemigos que entorpecen el camino hacia la vejez no sólo digna sino positiva y feliz, viven ocultos en los aspectos más cotidianos de nuestra experiencia.

Cuando alcanzamos cierta edad comenzamos a utilizar la cantinela de la gente mayor: “En mis tiempos…” Y nos obcecamos en la incomprensión del presente. Y, sin embargo, pensemos lo que pensemos, nuestro tiempo es este, el tiempo en que vivimos, porque sólo hay vida en el presente.

Rosa Regas

Y no digamos nada del deterioro físico, de las distintas dolencias y achaques que van apareciendo de forma casi inevitable. Pero el malestar no sólo nos llega por el deterioro de la salud sino especialmente por la pérdida de la tersura en el rostro, de la firmeza en el cuerpo, de la capacidad de seducción, de esa cara de la seducción que se refiere a lo físico que tanto hemos envidiado, y copiado, en los iconos sexuales de nuestra juventud. En la madurez y en la vejez, nos dice Rosa Regás, también existen mil formas de seducir y de ser seducido pero no se habla de ellas y hay quien ni siquiera las conoce. Es más propio de la edad madura que las formas de la seducción aparezcan mezcladas y confundidas unas con otras, la sexual que sigue existiendo con las que nacen en la voz, el gesto y la mirada, o las que se refieren a la inteligencia, la sagacidad, el sentido crítico, la ironía, la sensibilidad o la forma de entender el mundo y la sociedad. Sin contar con el atractivo que ejercen quienes nos divierten con su sentido del humor y su capacidad de hacer amable la vida de los que lo rodean.

“Es inútil vivir obsesionados por parecer más jóvenes, y empeñarnos en no aceptar que vamos siendo más vulnerables y menos resistentes al cansancio o al esfuerzo y que va desapareciendo nuestra capacidad de seducir tal y como la vivíamos en la juventud. En general, estemos gordos o flacos, con arrugas o sin ellas, seamos o no ágiles, hablemos o callemos, todos mostramos los años que tenemos con la cara, el aspecto y la voz; la única diferencia radica en cómo llevamos esos años, qué humor conservamos, que curiosidad nos inspira, cómo traducimos las deficiencias de la edad en procesos creativos de la mente y de las emociones. Todo esto es, sin lugar a dudas, lo que nos hace parecer más o menos vivos, más o menos atractivos, y consigue que nosotros, como los demás a nuestro alrededor, olvidemos la edad que tenemos.”

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