Andar

“Para ir más despacio no se ha encontrado nada mejor que andar. Para andar hacen falta ante todo dos piernas. Todo lo demás es superfluo. ¿Quieren ir más rápido? Entonces no caminen, hagan otra cosa: rueden, deslícense, vuelen. No anden. Caminando, solo una hazaña importa: la intensidad del cielo, la belleza de los paisajes. Andar no es un deporte” Frédéric Gros

Hace tan solo unas semanas que he recuperado el hábito de salir a andar. Una vez que empiezo se convierte en una adicción y espero con impaciencia el momento de calzarme las zapatillas y emprender el camino. La felicidad del paréntesis. Marcharse para después regresar cansada, diferente.  Todo el mundo sabe andar. Poner un pie delante del otro para ir a alguna parte, donde sea. Después del trabajo, de la silla y la pantalla del ordenador, del sedentarismo obligado, merece la pena salir para no hacer nada más que andar.

portada-andarPor casualidad y por sorpresa, en esos primeros días de vuelta  a la marcha encontré en la librería Andar, una filosofía de Frédéric Gros, filósofo francés especialista en Michel Foucault, que realiza en esta obra un recorrido filosófico y literario en compañía de ilustres autores en torno al simple hecho de caminar. Nietzsche, Rimbaud, Rousseau, Thoreau, Nerval, Walter Benjamín, Ghandi. Todos caminantes y grandes pensadores.

Nietzsche fue un caminante tenaz, la marcha al aire libre fue el acompañamiento invariable de su escritura. En las épocas más dura de trabajo sufre terribles dolores de cabeza que lo mantienen postrado en la cama. Para reponerse y recuperar fuerzas, la soledad y grandes caminatas. Para Nietzsche caminar no es, como para Kant, lo que distrae del trabajo, esa mínima higiene que permite al cuerpo recuperarse de haber estado sentado, es la condición de la obra, es su elemento.

Rimbaud caminó toda su vida. De muy joven el poeta se refirió a sí mismo en estos términos: “Soy un peatón, nada más”. Desde los quince hasta los diecisiete años anda para llegar a las grandes ciudades: al París de las esperanzas literarias, para darse a conocer, para que lo amaran y leyeran sus poemas, hacia Bruselas para hacer la carrera de periodismo. De los veinte a los veinticuatro años emprende varias veces el camino del sur. Luego regresa a su casa para pasar el invierno, para preparar de nuevo el viaje. Un incesante ir y venir entre los puertos del Mediterráneo. Y, desde los veinticinco años hasta su muerte, los caminos del desierto. En Rimbaud, la marcha está impregnada del sentido de la huida. Esa alegría profunda que se tiene siempre al caminar, esa alegría de dejar tras de sí. No hay vuelta atrás posible cuando se camina. Ya está, uno se ha marchado. Y, esa alegría inmensa, complementaria, del cansancio, del agotamiento, del olvido de sí y del mundo.

Rousseau afirmaba que no podía pensar de verdad, componer, crear e inspirarse si no era caminando. Las ideas le vienen a la mente en el transcurso de largos paseos, le basta ver un escritorio y una silla para sentir náuseas y desaliento. Para Thoreau andar te llena el espíritu de una consistencia distinta, no la de las ideas o las doctrinas, no en el sentido de una cabeza atiborrada de frases, citas o teorías, sino llena de la presencia del mundo. Walter Benjamín con sus estudios sobre París hizo célebre el personaje del paseante, el flâneur.

caminoJunto a todos los grandes autores y caminantes que Gros menciona en su obra, el filósofo va detallando las esenciales características de la marcha: la libertad, la lentitud, la soledad, el silencio, la energía, la repetición…

Caminando no se hace nada más que caminar. Pero no tener nada que hacer más que caminar permite recuperar el puro sentimiento de ser, redescubrir la simple alegría de existir. Caminar acalla de pronto los rumores y los lamentos, pone fin al interminable parloteo interior mediante el cual juzgamos sin cesar a los demás, nos evaluamos a nosotros mismos, recomponemos e interpretamos.

“Cuando se lleva largo rato caminando, llega un momento en el que uno ya no sabe bien cuántas horas han pasado, ni cuántas quedan todavía para alcanzar el final, nota en los hombros el peso de lo estrictamente necesario, piensa que con eso basta y sobra -si es que de verdad hace falta más para mantenerse con vida-, y siente que podría seguir así durante días, durante siglos. Entonces, uno apenas sabe adónde va ni por qué, es algo que importa tan poco como mi pasado o la hora que es. Y uno se siente libre, porque, cuando intenta recordar los signos antiguos de nuestra permanencia en el infierno -nombre, edad, profesión, carrera-, todo, absolutamente todo, parece irrisorio, minúsculo, sin consistencia” Frédéric Gros. Andar. Una filosofía.

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1 comentario

Archivado bajo Cortar la leña, acarrear el agua, Lecturas

Una respuesta a “Andar

  1. Reblogueó esto en 1ª WEB CREADA ANGELESy comentado:
    Sin prisa pero sin pausa

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