Archivo mensual: noviembre 2014

Una función pública comprometida

Antonio Muñoz Molina en su artículo La corrupción y el mérito, publicado en el diario El País el 9 de noviembre, escribe que la corrupción no habría llegado tan lejos si no se correspondiera con otro proceso que permanece invisible: el descrédito y el deterioro de la función pública. Cuando se habla de función pública se piensa inmediatamente en la figura de un funcionario anticuado y ocioso. Según Muñoz Molina esa imagen la ha fomentado la clase política porque sirve muy bien a sus intereses.

Está muy bien que los culpables reciban el castigo previsto por la ley, pero la decencia pública no pueden garantizarla los jueces, el puesto de un corrupto puede ocuparlo otro. Lo que nos hace falta, continúa diciendo el escritor, es un vuelco al mismo tiempo administrativo y moral, un fortalecimiento de la función pública y un cambio de actitudes culturales muy arraigadas y muy dañinas, que empapan por igual casi todos los ámbitos de nuestra vida colectiva. El vuelco administrativo implica poner fin al progresivo deterioro en la calidad de los servicios públicos, en los procesos de selección y en las condiciones de trabajo y en las garantías de integridad profesional de quienes los ejercen. Contra los manejos de un político corrupto la mejor defensa son los empleados públicos que están capacitados para hacer bien su trabajo y disponen de los medios para llevarlo a cabo, que tienen garantizada su independencia y por lo tanto no han de someterse por conveniencia o por obligación a los designios del que manda.

compromisoulitmo2p 2Unos días después de leer este estupendo artículo descubrí el Club de Innovadores Públicos  (CIP). El CIP fue creado por  el Club de Innovación que nació con la intención de poner a disposición de los responsables públicos que apuestan por la modernización y la innovación de sus administraciones, cauces de comunicación que les permitan presentar, conocer y debatir soluciones, experiencias y propuestas. Para ello el Club creó el portal http://www.clubdeinnovación.es posibilitando la creación de una red y de espacios de colaboración.

El año pasado, el Club de Innovadores Públicos lanzó un reto a los Innovadores Públicos: comprometerse por escrito con su actuación como Innovadores Públicos, con su trabajo, su equipo, su administración y sus ciudadanos. Para ello se realizó un documento con las aportaciones de los miembros de la Blogosfera Pública y los participantes en el  I Encuentro Nacional de la Blogosfera Pública para que se subscribiera y difundiera.

Este es el compromiso del Innovador Público:

Como innovador en las Administraciones Públicas,
Me comprometo:
A creer que una administración mejor es posible y no rendirme nunca en la demanda de mejoras y cambio
A fomentar la transferencia de conocimiento, la cultura de cambio y la innovación abierta
A promover la eficiencia y los principios éticos
A mantener una actitud de aprendizaje continuo, beta permanente, dispuesto al cambio y no cerrarme a nuevas oportunidades, abriendo ventanas dónde me encuentre puertas cerradas
A colaborar e interoperar, a forjar conexiones con todos aprovechando sus potencialidades y buscar y apoyar a aquellos que compartan estos compromisos
En el trabajo
Me comprometo:
A implicarme en las nuevas iniciativas, conseguir objetivos y a aceptar el fracaso
A analizar cada situación como si fuera nueva huyendo del “siempre se hizo así”
A integrar el capital intelectual disperso alrededor de nuevos proyectos
A no condicionarme por políticas o jerarquías y trabajar por aquello en lo que creo
A formarme y buscar la excelencia
Con el equipo
Me comprometo:
A potenciar la creatividad y estar abierto a nuevas propuestas
A fomentar un entorno participativo y la implicación del equipo
A escuchar, compartir y delegar, a generar confianza y a confiar
A fomentar el gusto por el trabajo bien hecho
A formar, informar y motivar
Con la administración
Me comprometo:
A poner en práctica los valores de lo público: equidad, servicio, transparencia y colaboración tanto hacia adentro como hacia afuera
A hacerlo de forma simple, rápida y ubicua
A trabajar con criterios de legalidad, transparencia, eficiencia en el gasto y solidaridad
A mantenerme formado y a pedir y dar ejemplo de excelencia en el trabajo
A prestigiar y humanizar mi administración, mejorar su valoración por los ciudadanos y trabajar por sus objetivos
Con los ciudadanos
Me comprometo:
A situar al ciudadano en el centro de mi actividad profesional
A escucharle fomentando los canales de participación y comunicación
A buscar y apoyar las mejores soluciones, facilitando su acceso a los servicios públicos
A hacerles partícipes, coautores y corresponsables del diseño y prestación de los servicios públicos
A tratar a cada persona de manera individual, con ética pública, transparencia y agilidad
Que existan iniciativas de este tipo y que ya hayan suscrito este compromiso más de 500 Innovadores es alentador, aunque la cifra sea todavía muy pequeña.
Volviendo a Muñoz Molina, “que toda esa gente, contra viento y marea, haga bien su trabajo, es una prueba de que las cosas pueden ir a mejor. Construir una administración profesional, austera y eficiente es una tarea difícil, pero no imposible. Requiere cambios en las leyes y en los hábitos de la política y también otros más sutiles, que tienen que ver con profundas inercias de nuestra vida pública, con esas corruptelas o corrupciones veniales que casi todos, en grado variable, hemos aceptado o tolerado”.

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Andar

“Para ir más despacio no se ha encontrado nada mejor que andar. Para andar hacen falta ante todo dos piernas. Todo lo demás es superfluo. ¿Quieren ir más rápido? Entonces no caminen, hagan otra cosa: rueden, deslícense, vuelen. No anden. Caminando, solo una hazaña importa: la intensidad del cielo, la belleza de los paisajes. Andar no es un deporte” Frédéric Gros

Hace tan solo unas semanas que he recuperado el hábito de salir a andar. Una vez que empiezo se convierte en una adicción y espero con impaciencia el momento de calzarme las zapatillas y emprender el camino. La felicidad del paréntesis. Marcharse para después regresar cansada, diferente.  Todo el mundo sabe andar. Poner un pie delante del otro para ir a alguna parte, donde sea. Después del trabajo, de la silla y la pantalla del ordenador, del sedentarismo obligado, merece la pena salir para no hacer nada más que andar.

portada-andarPor casualidad y por sorpresa, en esos primeros días de vuelta  a la marcha encontré en la librería Andar, una filosofía de Frédéric Gros, filósofo francés especialista en Michel Foucault, que realiza en esta obra un recorrido filosófico y literario en compañía de ilustres autores en torno al simple hecho de caminar. Nietzsche, Rimbaud, Rousseau, Thoreau, Nerval, Walter Benjamín, Ghandi. Todos caminantes y grandes pensadores.

Nietzsche fue un caminante tenaz, la marcha al aire libre fue el acompañamiento invariable de su escritura. En las épocas más dura de trabajo sufre terribles dolores de cabeza que lo mantienen postrado en la cama. Para reponerse y recuperar fuerzas, la soledad y grandes caminatas. Para Nietzsche caminar no es, como para Kant, lo que distrae del trabajo, esa mínima higiene que permite al cuerpo recuperarse de haber estado sentado, es la condición de la obra, es su elemento.

Rimbaud caminó toda su vida. De muy joven el poeta se refirió a sí mismo en estos términos: “Soy un peatón, nada más”. Desde los quince hasta los diecisiete años anda para llegar a las grandes ciudades: al París de las esperanzas literarias, para darse a conocer, para que lo amaran y leyeran sus poemas, hacia Bruselas para hacer la carrera de periodismo. De los veinte a los veinticuatro años emprende varias veces el camino del sur. Luego regresa a su casa para pasar el invierno, para preparar de nuevo el viaje. Un incesante ir y venir entre los puertos del Mediterráneo. Y, desde los veinticinco años hasta su muerte, los caminos del desierto. En Rimbaud, la marcha está impregnada del sentido de la huida. Esa alegría profunda que se tiene siempre al caminar, esa alegría de dejar tras de sí. No hay vuelta atrás posible cuando se camina. Ya está, uno se ha marchado. Y, esa alegría inmensa, complementaria, del cansancio, del agotamiento, del olvido de sí y del mundo.

Rousseau afirmaba que no podía pensar de verdad, componer, crear e inspirarse si no era caminando. Las ideas le vienen a la mente en el transcurso de largos paseos, le basta ver un escritorio y una silla para sentir náuseas y desaliento. Para Thoreau andar te llena el espíritu de una consistencia distinta, no la de las ideas o las doctrinas, no en el sentido de una cabeza atiborrada de frases, citas o teorías, sino llena de la presencia del mundo. Walter Benjamín con sus estudios sobre París hizo célebre el personaje del paseante, el flâneur.

caminoJunto a todos los grandes autores y caminantes que Gros menciona en su obra, el filósofo va detallando las esenciales características de la marcha: la libertad, la lentitud, la soledad, el silencio, la energía, la repetición…

Caminando no se hace nada más que caminar. Pero no tener nada que hacer más que caminar permite recuperar el puro sentimiento de ser, redescubrir la simple alegría de existir. Caminar acalla de pronto los rumores y los lamentos, pone fin al interminable parloteo interior mediante el cual juzgamos sin cesar a los demás, nos evaluamos a nosotros mismos, recomponemos e interpretamos.

“Cuando se lleva largo rato caminando, llega un momento en el que uno ya no sabe bien cuántas horas han pasado, ni cuántas quedan todavía para alcanzar el final, nota en los hombros el peso de lo estrictamente necesario, piensa que con eso basta y sobra -si es que de verdad hace falta más para mantenerse con vida-, y siente que podría seguir así durante días, durante siglos. Entonces, uno apenas sabe adónde va ni por qué, es algo que importa tan poco como mi pasado o la hora que es. Y uno se siente libre, porque, cuando intenta recordar los signos antiguos de nuestra permanencia en el infierno -nombre, edad, profesión, carrera-, todo, absolutamente todo, parece irrisorio, minúsculo, sin consistencia” Frédéric Gros. Andar. Una filosofía.

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