Celebrando cien años

Una amiga mía dice que hoy cumple cien años su primer amor literario.  Julio Cortázar también fue, a mis veinte años, uno de mis escritores más queridos.

Rayuela fue la primera obra que leí de él, convirtiéndose en mi libro de cabecera durante una buena temporada, pero ahora ya no significa lo mismo y, exceptuando algunos fragmentos que me siguen pareciendo imprescindibles, prefiero con diferencia al Cortázar cuentista.

julio-cortazar

Llevo unos días releyendo sus relatos, a modo de homenaje particular, y sigo admirando su humor, su ternura, su dominio del lenguaje, su fantasía, sus cuentos perfectos como Continuidad en los parques. Lo leo en unos libros de bolsillo que publicó Alianza, cuatro volúmenes en los que el propio Cortázar organizó una recopilación de todos sus relatos reordenándolos, independientemente de su fecha de publicación, poco antes de su muerte. El volumen 1 se subtitula Ritos, el segundo Juegos, el tercero Pasajes y el cuarto Ahí y ahora. Los tengo desde 1987.

He vuelto a leer La noche boca arriba, Final del juego, La puerta condenada, Instrucciones para John Howell, La señorita Cora, Deshoras, Las babas del diablo, El Perseguidor, La autopista del sur, Diario de un cuento, Queremos tanto a Glenda

libroscuentosCortazar

En Casa tomada se nos cuenta la historia de dos hermanos que viven en una casa colonial muy antigua que cuidan con mucho interés. De pronto comienzan a oír extraños ruidos y se ven obligados a ir abandonando partes de la casa que son tomadas por “unos intrusos” que en ningún momento sabemos cómo o quiénes son. Irene y el narrador se van acostumbrando a esta nueva situación. Algo, no se sabe qué, irrumpe en sus vidas y se va adueñando poco a poco de todo. Así, los protagonistas se ven forzados a abandonar la casa tomada, tirando la llave por la alcantarilla para que ningún ladrón pueda entrar en ella. Abandonan su querida casa de toda la vida sin oponer resistencia, como si fuera algo irremediable. Casa tomada fue publicada en 1946, el año del triunfo de Perón en Argentina.

Celebrar el centenario del nacimiento de Julio, bien puede significar volver a leer cualquiera de sus cuentos o acercarse por primera vez, por curiosidad, a alguna de estas historias en las que lo cotidiano y lo fantástico conviven con tanta naturalidad. Decía Cortázar: “¿Qué hace un autor con la gente vulgar, absolutamente vulgar, cómo ponerla ante sus lectores y cómo volverla interesante? Es imposible dejarla siempre fuera de la ficción, pues la gente vulgar es en todos los momentos la llave y el punto esencial en la cadena de asuntos humanos; si la suprimimos se pierde toda probabilidad de verdad”. También que “Todo aquel que vive bien despierto sueña mucho, tiene una carga onírica particularmente densa. ¿Por qué no creer, entonces, que la relación recíproca es también válida, y que hace falta soñar mucho – es decir, aceptar y asumir los sueños- para vivir cada vez más despiertos? (…) Creo que el hombre debería ir al encuentro de su doble nocturno, desterrado y perseguido, para traerlo fraternalmente de la mano, algún día, y hacerle franquear a su lado las puertas de la ciudad”

Acabo este breve y particular recordatorio mencionando su magnífica labor como traductor. Yo también leí, totalmente fascinada, su traducción de  Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar.

 

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