Archivo mensual: julio 2014

Reflexiones de un científico-ciudadano

Richard P. Feynman es un físico norteamericano que obtuvo el Premio Nobel en 1965, compartido con J. Schwinger y S. Tomonaga, por sus trabajos en electrodinámica cuántica. Es un científico brillante y original que es conocido no sólo por sus investigaciones y aportaciones al mundo de la ciencia, sino también por su labor divulgativa y su calidad humana.

FEYNMANEn 1963 Richard P. Feynman fue invitado a impartir una serie de tres conferencias nocturnas en la Universidad de Washington. En ellas reflexiona sobre la sociedad, sobre el conflicto entre ciencia y religión, sobre las causas de la desconfianza general sobre los políticos y otros aspectos de similares características. Estas conferencias han sido publicadas de nuevo (la primera edición es de 1994) por la editorial Crítica en marzo de este año bajo el título “Qué significa todo eso. Reflexiones de un científico-ciudadano”. Su lectura me ha resultado muy amena e interesante, sobre todo, por la propuesta de Feynman de que es muy importante el impacto de las ideas de un campo del saber en otro. Como científico, Feynman conoce los métodos de la ciencia, sus ideas, las fuentes de su progreso, su disciplina mental, y nos propone establecer una relación e influencia entre ciencia y otros campos, en concreto con la política y la religión.

Feynman comenta que cuando nos referimos a la ciencia nos estamos refiriendo normalmente a una de estas tres cosas o a una mezcla de ellas: un método especial de descubrir cosas, el cuerpo de conocimientos que surge de las cosas descubiertas y las nuevas cosas que se pueden hacer cuando se ha descubierto algo, o la producción real de nuevas cosas. Este último campo se denomina normalmente tecnología.

La característica más obvia de la ciencia es su aplicación. Como consecuencia de la ciencia uno tiene poder para hacer cosas. Toda la Revolución industrial por ejemplo hubiera sido casi imposible sin el desarrollo de la ciencia. Ahora bien, dice Feynman, este poder para hacer cosas no incluye instrucciones sobre cómo utilizarlo, si utilizarlo para bien o para mal. Nos encontramos con muchas contradicciones. Quizás una de las más notorias es el desarrollo de la energía nuclear. Todos los problemas importantes de las relaciones entre ciencia y sociedad son de este tipo según Feynman. Cuando se le dice al científico que debe ser más responsable de sus efectos en la sociedad, a lo que se está aludiendo es a las aplicaciones de la ciencia. Pero las cuestiones científicas son independientes de las cuestiones morales. La gran pregunta para un ser humano es siempre “¿debería hacer esto?”. Y ¿cómo podemos responder a una pregunta semejante? Feynman recomienda dividirla en dos partes. Podemos decir: “Si hago esto, ¿qué sucederá?”. La segunda parte sería: “Bien, ¿quiero yo que esto suceda?”. La primera pregunta es susceptible de investigación científica, la segunda no.

lib-que-significa-todo-eso-978849892102Por otra parte también podemos reflexionar sobre la ciencia como método de descubrir cosas. Este método está basado en el principio de que la observación es el juez de si una cosa es así o no. Este es el principio de la ciencia, si existe una excepción a cualquier regla, y puede ser probada por observación, entonces dicha regla es falsa. El científico no trata de evitar la demostración de que las reglas son falsas; hay progreso y excitación justamente en lo contrario. Para observar bien hay que tener en cuenta que la observación no debe de ser burda, hay que ser muy cuidadoso, meticuloso. El razonamiento científico requiere cierta disciplina. Otra característica de la ciencia es la objetividad. Es necesario considerar objetivamente los resultados de la observación, porque el experimentador podría preferir un resultado a otro. Otro punto técnico muy importante es que cuanto más específica es una regla, más interesante resulta. Cuanto más preciso es el enunciado, más interés tiene el ponerlo a prueba. Además, el científico debe hacer conjeturas. El conocimiento no tiene valor real si todo lo que alguien puede decirme es lo que sucedió ayer. Es necesario decir qué sucederá mañana si se hace algo, uno debe estar dispuesto a arriesgarse.

Por lo tanto, los científicos están acostumbrados a tratar con la duda y la incertidumbre. Tenemos que admitir la posibilidad de que no tengamos toda la razón. De lo contrario, si uno ha tomado ya su decisión, es muy posible que no lo resuelva. Porque tenemos dudas es por lo que podemos proponer una búsqueda de nuevas ideas en nuevas direcciones. La libertad para dudar es una cuestión importante en las ciencias y lo debería ser en otros campos.

Si volvemos la vista atrás, nos comenta Feynman, parece que siempre hubo épocas en las que había gente que creía con fe absoluta y absoluto dogmatismo en algo. Eran tan serios en esta cuestión que insistían en que el resto del mundo tenía que estar de acuerdo con ellos. Y llegaban a hacer cosas que eran directamente incompatibles con sus propias creencias para mantener que lo que ellos decían era verdadero. Por eso en la admisión de la ignorancia y en la admisión de la incertidumbre hay una esperanza para el movimiento continuo de los seres humanos. La duda y la discusión son esenciales para progresar. Por eso Feynman cree que existe un conflicto entre ciencia y religión.

En general la gente piensa que una persona que tiene respuesta para todo es mejor que la que no las tiene. El resultado de esto es que el político debe dar una respuesta y “el resultado de esto” es que las promesas políticas nunca pueden mantenerse. Así, el siguiente resultado es un desdén general sobre la política. Todo se deriva, quizá, del hecho de que la actitud de la gente consiste en tratar de encontrar la respuesta  en lugar de tratar de encontrar a un hombre que tenga un modo de buscar la respuesta. La cuestión es cómo manejar la incertidumbre. Feynman nos anima a aprender de la ciencia.

 

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La música nunca se detuvo

Oliver Sacks es un neurólogo inglés que vive y ejerce la medicina en Nueva York. Es conocido sobre todo por sus libros sobre la complejidad de la mente basados en experiencias con sus pacientes. Sacks nos cuenta siempre sus casos dando los menos datos posibles desde el punto de vista clínico y nos ofrece, sobre todo, las vivencias de las personas que padecen las enfermedades. El primer libro que leí de él fue Un antropólogo en marte en el que cuenta, entre otras,  la historia de Temple Grandin, una profesora con autismo capaz tan sólo de tratar y comprender a los animales pues la complejidad de las emociones humanas la hace sentir como «un antropólogo en Marte». Después me enteré de que era el autor de la obra del mismo título sobre la que se basa la famosa película Despertares (1990) protagonizada por Robin Williams y Robert De Niro. También leí El hombre que confundió a su mujer con un sombrero donde Oliver Sacks explica el caso de un músico cuya parte visual de su cerebro comienza a degenerar y tiene verdaderas dificultades para reconocer por la vista a las personas y las  cosas.

Oliver Sacks 2En todos los casos que nos cuenta, Sacks explica mecanismos de supervivencia del cerebro, de personas que ante su enfermedad se adaptan y encuentran otra manera de hacer las cosas. Un elemento recurrente en muchos de los casos que nos relata es la música. Sacks dice que el cerebro sintoniza mucho con la música, incluso en las personas poco musicales. Crecemos en un entorno en el que hay música por todas partes y el cerebro es muy sensible a ella. La música tiene también un gran poder organizativo sobre todo en las canciones infantiles. La gente suele recordar la letra de una canción si va acompañada de la música. En muchos casos la gente con afasia (perdida de la capacidad de producir o comprender el lenguaje) pueden mantener el lenguaje si está con música.  Sobre este tema, sobre la relación de la música y el cerebro humano escribió Musicofilia.

Hace unos días compré por curiosidad una película titulada La música nunca se detuvo (2011). Me llamó la atención porque ponía en la carátula que estaba basada en la historia de Oliver Sacks titulada El último hippie. Y El último hippie es una de las siete historias de Un antropólogo en marte. Parece ser que la película en España no ha pasado por los cines y se ha editado directamente en dvd hace muy poco.

la musica nunca se detuvo 2La música nunca se detuvo trata del valor terapéutico de la música, de la estrecha relación entre la música y los recuerdos. La película cuenta la historia de Gabriel (Lou Taylor Pucci) que ante la incomprensión de sus padres escapa en 1967 de su casa. Años más tarde, ya en los 80, Henry y Helen (J.K. Simmons y Cara Seymour) lo encuentran en un hospital con un enorme tumor cerebral. Gabriel es operado y pierde la memoria a corto plazo y queda convertido en prácticamente un vegetal. Los médicos descubren que la música despierta a Gabriel de su letargo y su padre, un gran aficionado a la música,  pide a una terapeuta musical (Julia Ormond) que ayude a su hijo. El problema surge al comprobar que no es la música compartida con el padre la que le ayuda, sino la de los 60, la que le acompañó en todas sus experiencias vitales de juventud. Así, gracias a Los Beatles, Bob Dylan, los  Rolling Stones y, sobre todo, los Grateful Deap, su grupo favorito, Gabriel recuerda y conecta con los demás.

La música es un factor clave para crear la identidad humana y, como dice Oliver Sacks, somos una especie tan lingüística como musical. La música nunca se detuvo ha sido una grata sorpresa.

“¿No os pasa que oís una canción y os traslada inmediatamente al momento en el que os enamorasteis de ella, como si no hubiese cambiado el tiempo?”

 

 

sintoniza mucho con la música, incluso en personas de las llamadas poco musicales. – See more at: http://www.eduardpunset.es/412/charlas-con/la-complejidad-de-la-mente-segn-oliver-sacks#sthash.OsTkPz4M.dpuf
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Inefable

Quiero que conozcáis a Félix Albo, un contador de historias mediterráneo (Crevillente, Alicante) que he tenido el gusto de escuchar en varias ocasiones gracias  a mi trabajo. Félix Albo se dedica desde hace casi veinte años a contar historias por toda la geografía española y latinoamericana. Escucharlo es un verdadero placer, con solo la palabra consigue emocionarte. Félix también enseña a contar a padres y madres, profesores, profesionales de la cultura y lo social… Y también escribe. Conozco dos publicaciones suyas, el álbum ilustrado  Si un día juntásemos todas las camas del mundo y Memento mori, una colección de historias que fue una sesión para adultos.

Felix AlboFélix Albo tiene un Blog, Cuaderno de viaje, donde habla de su calendario de actuaciones, del contenido de sus sesiones de trabajo y donde publica lo que el llama “peritas”  de las que quiero especialmente hablar hoy. También publica otro llamado Biblioteca de los elefantes donde hace una selección de publicaciones de literatura infantil y juvenil, comentándolas.

Casi todos los lunes, en Cuaderno de viaje, Félix publica una “perita”. Elije una palabra del diccionario y su significado, y escribe una historia basada en ella. Después hace una breve reflexión personal relacionada con la actualidad. Todos sabemos que cuando nos referimos a algo diciendo que es una “perita” o una “perita en dulce” es porque es algo realmente apetecible por su gran valor o por sus buenas cualidades. Y así son las peritas de Félix Albo, palabras que funcionan como cuando tiramos una piedra en el agua.

De todas las peritas que he ido leyendo últimamente hay una que me ha gustado especialmente y que quiero compartir con el permiso de Félix:

(Palabra procedente del latín).
1.- adj. Que no se puede explicar con palabras.
 
EL REGALO – Félix Albo

Al volver de la biblioteca donde había ido a hacer un trabajo del instituto se encontró con su padre en casa a quien no esperaba hasta el sábado.
¡Anda!, ¿qué haces aquí? -le preguntó después de los dos besos.
Vengo a por ti, esta noche nos vamos a…
Papá -le interrumpió-, que esta noche ya he quedado.
Pues tendrás que desquedar -le dijo-, porque ya he hecho los…
Papá, ¿no lo podemos dejar para otro…
Venga- le cortó levantándose- cámbiate si quieres. Mañana a las nueve de la mañana ya estaremos aquí. Y a partir de que volvamos tienes toda la vida para quedar.
Y fue a la cocina y sacó una bolsa con dos bocatas, y un par de botellas de agua. Y le dieron dos besos a la madre que quedó en casa.
En el viaje solo rompía el silencio una tonadilla silbada por el padre, hasta que él puso la radio.
Alguna hora después salieron del asfalto para tomar un camino de tierra durante más de cuarenta y cinco minutos.
¿Pero se puede saber dónde vamos? -le preguntó extrañado y un poco de mala gana.
A un sitio donde ya tenías que haber estado -le contestó su padre con una cortante sonrisa.

Detuvieron el coche bajo una ladera sembrada de pasto. La tarde se estaba desvaneciendo. Sacaron las bolsas y dos sacos de dormir y se adentraron en el prado hasta llegar más o menos al centro.
Cenaron en silencio. El padre miraba el horizonte y cómo se iba pintando bello el poco día que quedaba. Cuando acabaron de cenar el padre se tumbó boca arriba y le dijo:
Este es uno de los mejores regalos que tiene la vida, el silencio.
No me digas que me has traído hoy viernes aquí para escuchar el silencio -le contestó.
Shhhhhhh -siguió su padre-. No hablo del silencio de fuera, sino del de dentro. Y ese es solo el primer regalo. Túmbate, túmbate.
Y se tumbó. Y en sus adentros solo cabían frases de enfado y reproche, imágenes de sus amigos de fiesta, casi seguro en el Sisabana, disfrutando de la buena música y una cerveza, y quien sabe si de la mirada de alguna de las del grupo de las chicas, y buscó en su imaginación la mirada de Andrea, Andrea divertida y bella, con sus amigos y no cómo él que estaba tumbado en medio de un prado de vete tú a saber dónde tratando de escuchar a grillos y vete tú a saber qué otros animalejos… Y así se durmió, con todo ese ruido dentro.

Al rato su padre le despertó. Era completamente de noche cuando abrió los ojos y se incorporó sentado. Su padre le hizo una seña para que mirara hacia arriba y quedó fascinado. El firmamento estallaba lleno de estrellas sobre él. Toda una bóveda inmensa tintineaba en absoluto silencio. Nunca había visto nada igual. La boca la tenía abierta, pero más los ojos y por ellos se le colaba una sensación inefable que le inundaba hasta rebosarle.
Ahí están todas las respuestas -susurró su padre-. Ahí están todas las respuestas porque la gente lleva milenios haciéndoles las preguntas de la vida y escuchando. Ahí están también todos los deseos, todos los sueños, porque millones de humanos han encontrado en el cielo la fuerza para perseguirlos, para pelearlos hasta alcanzarlos. Ahí está toda la belleza de la vida, hijo.

Noche estrellada araucada por MA&JI´s Photo

Noche estrellada araucada por MA&JI´s Photo

A partir de ahí, su padre empezó a desgranarle el cielo, a descifrarlo, a leer las estrellas, y le contó de Hércules, y Casiopea, y Leo, y Piscis, y el Perro Mayor, y Orión y Tauro y el inmenso Pegaso… Nunca su padre le había hablado de las estrellas. No tenía ni idea de que supiera tanto de constelaciones. No podía imaginar que cada noche tuviera guardada en ella tantas historias.
A las cinco de la madrugada rompió lo negro la luna y su padre desnudó sin tapujos su pasión por la grande, la dama blanca, la luna llena, la negra, la media. Fue una noche brutal. Disfrutar de ese silencio tan lleno de palabras, tan lleno de esa sensación que aún es incapaz de expresar, tan lleno de noche, tan lleno del amor que se comparten los padres y los hijos. Una noche tan llena como ninguna.
No fue la última noche que pasó a la intemperie. Pero ninguna fue igual. No fue igual ni con sus amigos, ni con sus amantes, a pesar de él aprender, mirar, buscar y medio entender. Nunca fue igual.
Fue muy parecido cuando le entregó el regalo a su hijo. Un regalo que también lo fue para él, aquella boquita abierta, aquellos ojos sin parpadear, aquel silencio para embeber tanta belleza… Eso fue hace muchos años ya.

Hoy lo ha vuelto a revivir. Está tumbado, y su mirada va desde el inmenso cielo, hasta la cara embobada de su nieto, escuchando como la noche toma la voz de su hijo que también es padre y lee página a página las historias que siempre guarda en silencio, dentro de sí, el firmamento.

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