Un ángel en mi mesa

Primero conocí la película de Jane Campion y un tiempo después pude leer la autobiografía de la escritora neozelandesa Janet Frame. Ahora acabo de volver a ver la película después de varios años y he vuelto a quedar enganchada con la historia de esta escritora a la que la literatura le salvó la vida literalmente.

Janet Frame

Un ángel en mi mesa reúne en un sólo volumen las tres partes de la autobiografía de Janet Frame, Hacia la isla (1982), Un ángel en mi mesa (1984) y El enviado de la ciudad de cristal (1985). La obra se hizo famosa gracias a la película de Campion, directora de cine también de Nueva Zelanda y con películas tan conocidas como El piano.

En la primera parte de la obra conocemos a Janet, una niña pequeña, regordeta y pelirroja. Su padre era ferroviario y su madre sirvienta. El hermano mayor de Janet sufría de epilepsia y era continuamente apaleado por el padre y dos de sus hermanas,  Myrtle e Isabel, murieron ahogadas. La pobreza, la enfermedad y la tragedia protagonizaron su infancia. Pero a pesar de las burlas de sus compañeros y de su extrema timidez, Janet comienza a construir su mundo literario.

Un ángel en mi mesa

En la segunda parte, Un ángel en mi mesa, cuenta su adolescencia y sus estudios de magisterio. Silenciosa y tímida, marcada por su aspecto físico (pelo encrespado y de un rojo zanahoria y dientes negros por la caries) se refugia en la literatura y se aparta de todo el mundo. A raíz de un intento de suicidio es internada en un psiquiátrico del que sale con un diagnóstico de esquizofrenia. Posteriormente vuelve para quedarse durante ocho años recibiendo más de doscientos electroshocks. Durante su encierro lee muchísimo y comienza a escribir, publicando su primer libro, El lago, un conjunto de relatos. Es entonces cuando a Janet le van a practicar una lobotomía, ya que según los médicos es la única solución para su enfermedad. Justo cuando iban a realizársela llega al centro la noticia de que a Janet le han concedido el premio literario Hubert Church de relatos cortos, un premio muy prestigioso en Nueva Zelanda y así, gracias a este premio, deciden no intervenirla.

Un ángel en mi mesa de Janet FrameTras salir del psiquiátrico conoce al reputado cuentista Frank Sargeson y se va a vivir con él en una cabaña en el patio de su casa. Sargeson le anima a escribir, acabando al año su primera novela Los búhos lloran, y le ayuda también a reunir dinero para poder viajar.

En la tercera parte Janet nos cuenta su viaje por Europa: Londres, París e Ibiza. Durante su estancia en Ibiza intima con un poeta norteamericano llamado Bernard del que se enamora. Después de un tiempo vuelve a Londres y es entonces cuando un médico duda del diagnóstico de su enfermedad y, tras examinarla detenidamente, le confirma que nunca ha sufrido esquizofrenia. De pronto Janet siente que ya no es rara porque está enferma y de nuevo no encuentra sentido a su sufrimiento, a su soledad:

“Finalmente fui citada a la sala de entrevistas, donde el equipo médico se encontraba sentado ante una larga mesa presidida por sir Aubrey Lewis. El equipo ya había celebrado sus reuniones y llegado a sus conclusiones, y después de mantener una breve conversación conmigo, sir Aubrey pronunció el veredicto. Yo nunca había padecido esquizofrenia, dijo. Jamás debería haber sido ingresada en un hospital psiquiátrico. Cualquier problema que pudiera experimentar en la actualidad era sobre todo el resultado directo de mi estancia en el hospital.

Sonreí.

-Gracias- dije en tono tímido y formal, como si hubiera ganado un premio.

Más tarde, el doctor Miller repitió el veredicto con expresión triunfante. Recuerdo su expresión de deleite y el modo en que se giró pesadamente en su silla porque la cantidad de ropa que llevaba parecía dificultar sus movimientos.

-En Inglaterra hace mucho frío – comentó – . Y llevo esta ropa interior de lana, tan gruesa…

La última moda, los abrigos cortos y los pantalones estrechos, aumentaba su incomodidad. Tal vez recuerdo tan vívidamente la cantidad de ropa que el doctor Miller usaba en invierno porque yo misma me había despojado repentinamente de una prenda que había llevado puesta durante doce o trece años: mi esquizofrenia. Recordaba con cuánto asombro y temor había intentado pronunciar esa palabra al enterarme del diagnóstico, cómo la había buscado en los libros de psicología y en los diccionarios de medicina y cómo, al principio con cierta incredulidad y luego rindiéndome a la opinión de los expertos, la había aceptado; cómo en el sufrimiento y el terror de la aceptación había encontrado un consuelo y una protección inesperados, cómo había anhelado librarme de la opinión pero no estaba dispuesta a separarme de ella, e incluso aunque no la usaba abiertamente, siempre la tenía a mano para casos de emergencia, para ponérmela a toda prisa y protegerme de la crueldad del mundo (…)”

Tanto el libro como la película son muy recomendables. Un ángel en mi mesa (1990) de Jane Campion es una película larga (más de dos horas) pero muy hermosa. Está magníficamente protagonizada por la actriz Kerry Fox que ganó el León de Plata a la mejor actriz en el Festival de Venecia.  Encontrarás en ella estupendas imágenes que saben reflejar de forma excelente la belleza de la naturaleza, el aislamiento y la soledad, la delgada línea que separa la normalidad de la rareza, de lo extraordinario, y el poder de la literatura.

 

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