Archivo mensual: junio 2014

Una mirada a la vejez

Compré La hora de la verdad. Una mirada a la vejez de la escritora Rosa Regás para regalárselo a mi madre. Ella, que tiene más de setenta y cinco años, no se considera todavía vieja y sigue sorprendiéndose cuando algún escaparate o el espejo del ascensor le devuelven una imagen que ella no cree que sea la suya por estropeada. Y es que como dice la escritora, los espejos de nuestra habitación y de nuestro baño no nos asustan porque nos devuelven la imagen de nuestro rostro y de nuestro cuerpo día a día sin que notemos los minúsculos cambios que se operan en ellos y que nos van transformando.

Después de unos años he vuelto a encontrarme con esta obra en la que Rosa Regás hace un ejercicio de reflexión, basado en su propia experiencia, sobre los aspectos más evidentes de la forma que tenemos de envejecer y las dificultades con las que nos solemos encontrar. Intenta darnos una visión esperanzadora frente al pesimismo que la vejez provoca en la sociedad y en los medios de comunicación.

la_hora_de_la_verdadDice Rosa Regás que nos cuesta creer la edad que tenemos y más aún decirla y escribirla, y que tenemos que hacer un esfuerzo para darnos cuenta de que los demás no nos ven como nos vemos nosotros sino como nosotros vemos a los demás ancianos. La vejez, como la muerte, es algo insólito que les ocurre a los demás. Sólo a veces, en un alarde de coquetería podemos presumir de ancianos para que quien nos oye nos diga: “¿Tantos años? No puede ser, nadie lo diría”. Porque en el mundo desarrollado en el que vivimos se da importancia a la juventud de una forma tan poderosa que la persona que envejece no tiene más remedio que gastar toda su energía en disimular que lo hace, no sólo para los demás sino también para sí misma.

La vejez, tal como se entiende en nuestra sociedad, se nos presenta como un futuro temible. No es extraño que muchas personas vean como una tortura hacerse mayor negando incluso las ventajas que puede tener llegar a cierta edad. Rosa nos dice que hacerse mayor no es una tragedia, a no ser que una enfermedad mental grave nos margine y nos aleje de lo más importante que tenemos: la conciencia y el pensamiento.

Pero envejecer no es una tarea fácil, en ella intervienen no solamente el temor a la muerte que se acerca, la aceptación del propio deterioro o la voluntad de hacerlo bien y con dignidad y encima con placer y diversión, sino muchos otros componentes de nuestro espíritu, de nuestra experiencia y de nuestra específica manera de ser, que complican las cosas haciendo imposible establecer reglas o ir en busca de consejos más allá de los del sentido común. A veces el enemigo más poderoso vive agazapado en nosotros mismos. Los enemigos que entorpecen el camino hacia la vejez no sólo digna sino positiva y feliz, viven ocultos en los aspectos más cotidianos de nuestra experiencia.

Cuando alcanzamos cierta edad comenzamos a utilizar la cantinela de la gente mayor: “En mis tiempos…” Y nos obcecamos en la incomprensión del presente. Y, sin embargo, pensemos lo que pensemos, nuestro tiempo es este, el tiempo en que vivimos, porque sólo hay vida en el presente.

Rosa Regas

Y no digamos nada del deterioro físico, de las distintas dolencias y achaques que van apareciendo de forma casi inevitable. Pero el malestar no sólo nos llega por el deterioro de la salud sino especialmente por la pérdida de la tersura en el rostro, de la firmeza en el cuerpo, de la capacidad de seducción, de esa cara de la seducción que se refiere a lo físico que tanto hemos envidiado, y copiado, en los iconos sexuales de nuestra juventud. En la madurez y en la vejez, nos dice Rosa Regás, también existen mil formas de seducir y de ser seducido pero no se habla de ellas y hay quien ni siquiera las conoce. Es más propio de la edad madura que las formas de la seducción aparezcan mezcladas y confundidas unas con otras, la sexual que sigue existiendo con las que nacen en la voz, el gesto y la mirada, o las que se refieren a la inteligencia, la sagacidad, el sentido crítico, la ironía, la sensibilidad o la forma de entender el mundo y la sociedad. Sin contar con el atractivo que ejercen quienes nos divierten con su sentido del humor y su capacidad de hacer amable la vida de los que lo rodean.

“Es inútil vivir obsesionados por parecer más jóvenes, y empeñarnos en no aceptar que vamos siendo más vulnerables y menos resistentes al cansancio o al esfuerzo y que va desapareciendo nuestra capacidad de seducir tal y como la vivíamos en la juventud. En general, estemos gordos o flacos, con arrugas o sin ellas, seamos o no ágiles, hablemos o callemos, todos mostramos los años que tenemos con la cara, el aspecto y la voz; la única diferencia radica en cómo llevamos esos años, qué humor conservamos, que curiosidad nos inspira, cómo traducimos las deficiencias de la edad en procesos creativos de la mente y de las emociones. Todo esto es, sin lugar a dudas, lo que nos hace parecer más o menos vivos, más o menos atractivos, y consigue que nosotros, como los demás a nuestro alrededor, olvidemos la edad que tenemos.”

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Narrativa espacial

Con cada avance tecnológico surge una nueva manera de narrar, de contar historias. Con la narrativa hipermedia surgió una forma no lineal de contar las cosas y no sólo con texto sino también con elementos multimedia, animaciones, videos, audios… Además, el lector comenzó a poder interactuar con el texto accediendo a los contenidos de distintas formas y en distintos momentos. Con forme avanza la tecnología la capacidad de crear narrativas no lineales es mayor y cada vez con más elementos audiovisuales.

En la actualidad ya no sólo se habla de hipermedia, de la convergencia interactiva entre diferentes medios en el ámbito digital, sino que nos encontramos con la práctica “transmedia” en la que se mezcla lo digital y lo analógico. En esta línea conocí hace unos meses un proyecto de la Universidad de Murcia, de la Facultad de Bellas Artes, denominado Cinema Expandido. El Cinema Expandido designa un tipo de narrativa fílmica que opera en la articulación entre espacio ficticio y real y es una iniciativa del Laboratorio de creación hipermedia y transmedia creado por un grupo de docentes. Los profesores Fred Adam y Verónica Perales han trabajado en la escritura artística usando estos tipos de formatos emergentes. Para ellos el control de las tecnologías o, al menos, la comprensión de su funcionamiento, es más que una cuestión profesional, es una cuestión social.

Para los proyectos que han desarrollado, sus alumnos y alumnas han utilizado diferentes herramientas. Los códigos QR y softwares libres como los de las aplicaciones Aris Games y Notour. Aris Games es una plataforma de creación de juegos y experiencias interactivas geolocalizadas. Aris permite situar personajes virtuales interactivos, elementos dinámicos audiovisuales y, en general, potenciar la comunicación entre lo virtual y lo real. Aris es fruto de un grupo de desarrolladores de la Universidad de Madison. Notour es una herramienta que permite crear recorridos y paisajes sonoros. Ha sido desarrollada por el colectivo gallego Escoitar.

Las prácticas realizadas de cinema expandido en el curso 2012-2013 se centraron en el cine de Win  Wenders, en concreto en su película El cielo sobre Berlín (1987). De entre todas las prácticas hay una que me llamó la atención especialmente: Ángelos. Sus autores lo definen como un proyecto de auralidad aumentada. El proyecto consiste en un paseo sonoro en el que el usuario se transforma en un ángel compasivo-pasivo (como el ángel protagonista de El cielo sobre Berlín) y emprende una ruta aleatoria en la que escucha diferentes pensamientos de diversas personas dentro del área del Campus de Espinardo de la Universidad de Murcia (UMU).

angel-berlin

Me han interesado especialmente los conceptos de paisaje sonoro y auralidad. En un artículo titulado La auralidad consensuada, Juan Gil del colectivo Escoitar, dice que un lugar es un espacio habitado y cargado de significado, un espacio de identidad, relacional e histórica, que está construido, en gran medida, de memoria. Y una importante parte de esa memoria, individual o colectiva, es el resultado de nuestra escucha. Cada lugar y cada situación, pero también cada acto y cada instante, están ligados inexorablemente a unos sonidos concretos que los caracterizan, los identifican, los individualizan, frente a las acústicas de otros espacios y contextos.

Paisajes sonoros, espacios que cuentan historias.

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Un ángel en mi mesa

Primero conocí la película de Jane Campion y un tiempo después pude leer la autobiografía de la escritora neozelandesa Janet Frame. Ahora acabo de volver a ver la película después de varios años y he vuelto a quedar enganchada con la historia de esta escritora a la que la literatura le salvó la vida literalmente.

Janet Frame

Un ángel en mi mesa reúne en un sólo volumen las tres partes de la autobiografía de Janet Frame, Hacia la isla (1982), Un ángel en mi mesa (1984) y El enviado de la ciudad de cristal (1985). La obra se hizo famosa gracias a la película de Campion, directora de cine también de Nueva Zelanda y con películas tan conocidas como El piano.

En la primera parte de la obra conocemos a Janet, una niña pequeña, regordeta y pelirroja. Su padre era ferroviario y su madre sirvienta. El hermano mayor de Janet sufría de epilepsia y era continuamente apaleado por el padre y dos de sus hermanas,  Myrtle e Isabel, murieron ahogadas. La pobreza, la enfermedad y la tragedia protagonizaron su infancia. Pero a pesar de las burlas de sus compañeros y de su extrema timidez, Janet comienza a construir su mundo literario.

Un ángel en mi mesa

En la segunda parte, Un ángel en mi mesa, cuenta su adolescencia y sus estudios de magisterio. Silenciosa y tímida, marcada por su aspecto físico (pelo encrespado y de un rojo zanahoria y dientes negros por la caries) se refugia en la literatura y se aparta de todo el mundo. A raíz de un intento de suicidio es internada en un psiquiátrico del que sale con un diagnóstico de esquizofrenia. Posteriormente vuelve para quedarse durante ocho años recibiendo más de doscientos electroshocks. Durante su encierro lee muchísimo y comienza a escribir, publicando su primer libro, El lago, un conjunto de relatos. Es entonces cuando a Janet le van a practicar una lobotomía, ya que según los médicos es la única solución para su enfermedad. Justo cuando iban a realizársela llega al centro la noticia de que a Janet le han concedido el premio literario Hubert Church de relatos cortos, un premio muy prestigioso en Nueva Zelanda y así, gracias a este premio, deciden no intervenirla.

Un ángel en mi mesa de Janet FrameTras salir del psiquiátrico conoce al reputado cuentista Frank Sargeson y se va a vivir con él en una cabaña en el patio de su casa. Sargeson le anima a escribir, acabando al año su primera novela Los búhos lloran, y le ayuda también a reunir dinero para poder viajar.

En la tercera parte Janet nos cuenta su viaje por Europa: Londres, París e Ibiza. Durante su estancia en Ibiza intima con un poeta norteamericano llamado Bernard del que se enamora. Después de un tiempo vuelve a Londres y es entonces cuando un médico duda del diagnóstico de su enfermedad y, tras examinarla detenidamente, le confirma que nunca ha sufrido esquizofrenia. De pronto Janet siente que ya no es rara porque está enferma y de nuevo no encuentra sentido a su sufrimiento, a su soledad:

“Finalmente fui citada a la sala de entrevistas, donde el equipo médico se encontraba sentado ante una larga mesa presidida por sir Aubrey Lewis. El equipo ya había celebrado sus reuniones y llegado a sus conclusiones, y después de mantener una breve conversación conmigo, sir Aubrey pronunció el veredicto. Yo nunca había padecido esquizofrenia, dijo. Jamás debería haber sido ingresada en un hospital psiquiátrico. Cualquier problema que pudiera experimentar en la actualidad era sobre todo el resultado directo de mi estancia en el hospital.

Sonreí.

-Gracias- dije en tono tímido y formal, como si hubiera ganado un premio.

Más tarde, el doctor Miller repitió el veredicto con expresión triunfante. Recuerdo su expresión de deleite y el modo en que se giró pesadamente en su silla porque la cantidad de ropa que llevaba parecía dificultar sus movimientos.

-En Inglaterra hace mucho frío – comentó – . Y llevo esta ropa interior de lana, tan gruesa…

La última moda, los abrigos cortos y los pantalones estrechos, aumentaba su incomodidad. Tal vez recuerdo tan vívidamente la cantidad de ropa que el doctor Miller usaba en invierno porque yo misma me había despojado repentinamente de una prenda que había llevado puesta durante doce o trece años: mi esquizofrenia. Recordaba con cuánto asombro y temor había intentado pronunciar esa palabra al enterarme del diagnóstico, cómo la había buscado en los libros de psicología y en los diccionarios de medicina y cómo, al principio con cierta incredulidad y luego rindiéndome a la opinión de los expertos, la había aceptado; cómo en el sufrimiento y el terror de la aceptación había encontrado un consuelo y una protección inesperados, cómo había anhelado librarme de la opinión pero no estaba dispuesta a separarme de ella, e incluso aunque no la usaba abiertamente, siempre la tenía a mano para casos de emergencia, para ponérmela a toda prisa y protegerme de la crueldad del mundo (…)”

Tanto el libro como la película son muy recomendables. Un ángel en mi mesa (1990) de Jane Campion es una película larga (más de dos horas) pero muy hermosa. Está magníficamente protagonizada por la actriz Kerry Fox que ganó el León de Plata a la mejor actriz en el Festival de Venecia.  Encontrarás en ella estupendas imágenes que saben reflejar de forma excelente la belleza de la naturaleza, el aislamiento y la soledad, la delgada línea que separa la normalidad de la rareza, de lo extraordinario, y el poder de la literatura.

 

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Desafección

Últimamente ha crecido mucho la desafección por la clase política. Cada vez más personas piensan que los políticos no atienden los problemas de los ciudadanos sino a los propios. Un ejemplo claro lo hemos tenido en las pasadas elecciones europeas. La corrupción entre los políticos ha provocado indignación entre los ciudadanos y, posteriormente, decepción ante la falta de medidas para atajarla. Es así como va creciendo la desconfianza y el distanciamiento entre la ciudadanía y sus representantes políticos. Es más, ha crecido mucho la caracterización de la clase política por parte de la opinión pública como uno de los principales problemas del país.

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Esto también ocurre en las empresas. Según comenta Carmen Sánchez-Silva en un artículo publicado este domingo en El País, titulado Menos mentiras y más ejemplo, solo uno de cada ocho empleados encuestados, declara estar comprometido con la compañía para la que trabaja. La razón es exactamente la misma que con los políticos, existe una brecha gigantesca entre los intereses de los dirigentes de las organizaciones y los de sus plantillas. Siete de cada diez trabajadores consultados afirman que su escaso compromiso con su empresa se debe a que los jefes dicen una cosa y hacen otra, a que no existe proyecto empresarial, a que no se aprovechan sus capacidades y que no se les ofrece posibilidades de progreso profesional. Los directores de recursos humanos saben que una causa muy importante de fracaso en sus empresas es la hipocresía de los dirigentes, quienes, sin embargo creen que decir una cosa y hacer lo contrario es solo la octava causa de su fracaso.

Las claves para que esto no suceda tienen que ver con la comunicación, con predicar con el ejemplo y hacer partícipe a los empleados de los retos empresariales. Transparencia y participación. Claves aplicables totalmente al mundo de la política. Tras las últimas elecciones podemos pensar que la desconfianza en la clase política no significa mayoritariamente que se pasa de todo. No, se trata más bien de que los ciudadanos son más críticos y exigentes. La desafección no es fruto de la despreocupación o de actitudes negativas hacia la política en general, sino de la insatisfacción con el funcionamiento del sistema de ciudadanos que se interesan por los asuntos públicos.

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