Archivo mensual: marzo 2014

La llegada de la primavera

Ha empezado la primavera y continuamente viene a mi cabeza una obra que me gusta mucho del artista inglés David Hockney: La llegada de la primavera en Woldgate

David Hockney nació en Bradford, una ciudad industrial de clase media. En 1937, a los 22 años,  se mudó a Londres para estudiar en el Royal College of Art. En 1963, Hockney visita New York y establece contacto con Andy Warhol y, más tarde,  visita  California y se queda a vivir allí.

Hockney es un gran dibujante, pero no le ha interesado nada el arte academicista, ni siquiera la abstracción o cualquier otro movimiento. En la década de los setenta pintaba retratos en lo que él denominaba estilo naturalista y, más tarde, cuando descubrió las infinitas posibilidades de la cámara Polaroid, comenzó a hacer cuadros puzles con miles de fotos descompuestas. Su larga etapa en Los Ángeles le convirtió en una celebridad. El azul de sus piscinas, las palmeras, los cielos brillantes, los retratos de actores y actrices de Hollywood, llenaron páginas de una iconografía con la que cosechó honores y aplausos. En aquellos años se convirtió en uno de los mitos del arte pop, una etiqueta que siempre quiso esquivar.

 

Hockney regresó a Inglaterra a principios de 2002. Tras más de 20 años viviendo en Los Ángeles, se sumergió de lleno en una húmeda primavera londinense cuando Lucian Freud le pidió que posara para él.

David Hockney es un artista que ha experimentado con el fax, la fotocopiadora, el ordenador, Photoshop, el iPhone y en 2010, cuando Apple lanzó el iPad, lo recibió con entusiasmo:  “La luz cambia con mucha rapidez en esta región, y tienes que elegir cómo representarla. Descubrí que el iPad me permite captarla enseguida, de un modo mucho más rápido que con la acuarela, por ejemplo”, asegura. “Es un medio estupendo para algunas cosas. A Turner le habría encantado”.

 

El iPad, entre otras cosas, le permitió cumplir uno de los objetivos que se marcó cuando volvió a Inglaterra. “Siempre había planeado plasmar en una gran pintura el inicio de la primavera, el momento en que aparecen las primeras hojas en las ramas más bajas de los árboles y parecen flotar en el espacio de modo maravilloso. Llevo siete años disfrutando de este momento, y cada año lo observo con mayor atención. He descubierto que la velocidad aumenta con el tiempo”. La obra La llegada de la primavera en Woldgate, East Yorkshire, de 2011 está formada por 32 óleos y forma parte de una obra de 52 piezas.

 

La llegada de la primavera en Woldgate

La llegada de la primavera en Woldgate

 

Su último reto ha sido tratar de capturar la grandeza natural de Yorkshire y, para ello, ha recurrido a la grabación de varias piezas digitales, fascinado por la técnica de grabación de vídeo digital.

Las citas del artista son del catálogo de la exposición David Hockney. Una visión más amplia, editado por el Guggenheim Bilbao y Turner.

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Tres veces al amanecer

Me gusta como escribe Alessandro Baricco. Me gustó Seda, la novela que lo hizo famoso, me gustó su obra de teatro Novecento. Un monólogo (obra e n la que está basada la estupenda película de Giussepe Tornatore, La leyenda del pianista en el océano), me gustó Homero, Iliada, su particular versión de la gran obra clásica. Me sorprendió mucho y gratamente su última obra Mr. Gwyn. También me ha ganado con sus ensayos: Next (sobre la globalización y el mundo que viene) y Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación (especialmente recomendable). Por eso cuando vi en la sección de novedades de la librería Tres Veces al amanecer lo compré sin dudarlo.

Alessandro Barico nos cuenta en una nota al inicio de la obra que en su última novela Mr. Gwyn se alude, en un momento dado, a un breve libro escrito por un angloindio, Akash Narayan, titulado Tres veces al amanecer. Se trata de un libro imaginario que decide escribir.

PruebaAMANECER-4:Maquetaci—n 1En Tres veces al amanecer Baricco nos cuenta tres breves historias. En la primera, una mujer joven entra en un hotel y se encuentra con un hombre de negocios que está esperando el momento de abandonarlo para emprender algunas operaciones comerciales. En la segunda, un hombre mayor, portero de hotel, escapa junto a una joven adolescente del novio de ésta. En la última, una mujer policía decide que el lugar donde se da refugio a un niño que ha vivido una desgracia no es el adecuado y se lo lleva a un sitio que considera más seguro. Las tres historias ocurren en mitad de la noche y acaban justo al amanecer.

El autor alterna largos diálogos, desnudos y sin indicaciones, con párrafos descriptivos. Las historias que tienen ciertos ingredientes policiacos, son independientes y pueden leerse en otro orden. La lectura es fácil, fluida y breve.

Todos estos datos pueden resultar atractivos pero la originalidad de la obra está en que los protagonistas son los mismos en las tres historias: “Narran de hecho la historia de dos personajes que se encuentran tres veces, aunque cada una de ellas es la única, y la primera, y la última. Pueden hacerlo porque habitan un Tiempo anómalo que inútilmente buscaríamos en la experiencia cotidiana. Los establecen las narraciones, de tanto en tanto, y éste es uno de sus privilegios.”

En la primera historia la protagonista nos dice que uno nunca cambia de verdad, “como uno es de niño lo será durante toda la vida, no es para cambiar por lo que se puede empezar desde cero”. “Se empieza desde cero para cambiar de mesa”, “cambiar las cartas es imposible, lo único que nos queda es cambiar la mesa de juego”. En cada uno de los encuentros los protagonistas se sientan en una nueva mesa para jugar una nueva partida.

Una lectura muy recomendable.

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La utilidad de lo inútil

A finales del año pasado la editorial Acantilado publicó un librito de Nuccio Ordine, profesor y filósofo italiano, titulado La utilidad de lo inútil. Manifiesto. Incapaz de escapar ante un título tan seductor, leí hace unos días esta breve obra en la que el autor recoge numerosos fragmentos de distintos autores que defienden la cultura frente a la dictadura del beneficio.

En la Introducción, Ordine nos comenta que no es cierto que en tiempos de crisis todo esté permitido. Si bien no podemos eludir nuestra responsabilidad y hay que arrimar el hombro, no podemos ignorar la sistemática destrucción de toda forma de humanidad y solidaridad: los bancos y los acreedores reclaman como Shylock en El mercader de Venecia, la libra de carne viva de quien no puede restituir la deuda. Así, con crueldad, muchas empresas que se han aprovechado durante décadas de la privatización de los beneficios y la socialización de las pérdidas, despiden a trabajadores, mientras los gobiernos suprimen la asistencia social a los discapacitados, la enseñanza y la sanidad pública. El derecho a tener derechos queda sometido a la hegemonía del mercado.

En este brutal contexto, la utilidad de los saberes inútiles se contrapone a la utilidad dominante que, en nombre de un exclusivo interés económico, mata de forma progresiva la memoria del pasado, las disciplinas humanísticas, las lenguas clásicas, la enseñanza, la libre investigación, la fantasía, el arte, el pensamiento crítico y el horizonte civil que debería inspirar toda actividad humana. En un universo utilitarista resulta cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte.

La-utilidad-de-lo-inútil-Nuccio-Ordine_cubiertaEsta especie de ensayo está dividido en tres partes: la primera está dedicada al tema de la útil inutilidad de la literatura; la segunda a los desastrosos efectos producidos por la lógica del beneficio en el campo de la enseñanza, la investigación y las actividades culturales en general; y en la tercera cita a algunos autores clásicos que han mostrado la carga ilusoria de la posesión y sus efectos devastadores sobre la dignidad humana, el amor y la verdad.

Por último incluye el autor un breve ensayo de Abraham Flexner de 1939. En él, Flexner nos muestra como científicos y humanistas desempeñan una función importantísima en la batalla contra la dictadura del beneficio, en defensa de la libertad y la gratuidad del conocimiento y la investigación.

Para Nuccio Ordine, el saber constituye por sí mismo un obstáculo contra el delirio de omnipotencia del dinero y el utilitarismo. Todo tiene un precio, pero no el conocimiento. Ni siquiera un cheque en blanco nos permitirá adquirir mecánicamente lo que sólo puede ser fruto de un esfuerzo individual y una inagotable pasión. Sólo el saber puede desafiar las leyes del mercado, se enriquece al mismo tiempo quien da y quien recibe. No obstante, Ordine nos recuerda las palabras de George Steiner que nos advierte que, a pesar de todo, “la elevada cultura y el decoro ilustrado no ofrecieron ninguna protección contra la barbarie del totalitarismo”. Por eso el autor nos menciona el diálogo de Marco Polo y Kublai Kan que cierra Las Ciudades invisibles de Italo Calvino. Apremiado por las preocupaciones del soberano, Marco Polo le contesta: “El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio”.

Una atinada y lúcida reflexión.

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