Gente en sitios

Gente en sitios es la última película de Juan Cavestany, un conjunto de microhistorias que nos hablan  desde el desconcierto de inseguridad, soledad, incomunicación, simulación, aburrimiento… con humor y sentido crítico.

Gente en sitios no es una película al uso, es surrealista y absurda en muchas de sus escenas pero, desde mi punto de vista, nos muestra de una manera excepcional un retrato de la actualidad, de las crisis cotidianas, del desconcierto general que nos invade.  Lo que es cierto es que no deja indiferente y aunque he leído bastantes comentarios de personas a las que no les ha gustado, voy a atraverme con su recomendación. Eso sí, hay que verla sin ideas preconcebidas, sin esperar grandes cosas.

Cavestany nos presenta a personajes que han olvidado como se realizan actos tan básicos como andar, beber o dormir, a unos ladrones que necesitan fregar los platos y limpiar la casa en la que entran a robar, a una mujer indignada por la alfombrilla de la puerta de su vecino, mujeres que necesitan conectar con los demás como sea y a toda costa, como la que quiere montar un restaurante mexicano… La mayoría de los  fragmentos están muy bien aunque también hay algunos flojos, algo tópicos. Es una película irregular pero también arriesgada.

Gente en sitios cuenta con un reparto de lujo: Maribel Verdú, Raúl Arévalo, Eduard Fernández, Antonio de la Torre, Tristán Ulloa, Santiago Segura, Coque Malla ( de lo mejorcito)… Lo cierto es que no creo que fuera necesario. Así parece que el director ha echado mano de todos sus amigos famosos, para asegurar, tal vez, cierto éxito a la película. Tampoco me gusta demasiado esa estética de “cine experimental” con cámara en mano, con apariencia amateur y bajo presupuesto. Están también las secuencias de marcado carácter político: la de Juan Carlos Monedero con su discurso antisistema o la de Coque Malla, el mendigo que busca un regalo para su novia en un desguace. Dice Juan Cavestany que filmó estas secuencias porque sabía que faltaban discursos así: “lo que vemos sobre todo son relaciones de poder, de subordinación y de identidad. En la España de hoy me siento perplejo, realmente solo, pero también con la necesidad de establecer conexiones, como enseño en la película: debes comprender al otro, ayudarle” “Me siento en el fondo ese individuo fragmentado del que habla Monedero porque estoy perplejo ante la barbarie, al igual que les pasa a todas las personas decentes”. Pero a mí no son las escenas que más han llamado mi atención.  Prefiero las más surrealistas, gente normal en sitios normales pero en situaciones absurdas: el camarero que escribe y escribe y no termina nunca de recoger una comanda.

La película fue al Festival de cine de Toronto y también a los de San Sebastián y Valladolid. Muchos críticos la consideran una de las mejores películas españolas del 2013 y muchos ciudadanos comentan que es una verdadera tomadura de pelo. Una película de moda que creo que vale la pena ver.

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