Historia de una anatomía

Conocí a la escritora Francisca Aguirre hace poco más de dos años, cuando a finales de 2011 ganó el Premio Nacional de Poesía con su obra Historia de una anatomía. Leyendo en los periódicos la noticia me enteré de que esta poeta alicantina nacida en 1930 era hija de un pintor llamado Lorenzo Aguirre que en 1942 fue condenado a muerte por el régimen de Franco. Está casada con el también poeta Félix Grande y es madre de la escritora Guadalupe Grande. En una de las entrevistas que le hicieron por entonces comenta: “Creo profundamente en la memoria histórica -aclara-, no podemos perder de vista lo que somos y lo que hemos vivido para no volver a cometer errores; por eso pienso que no hay que olvidar nada”.
Historia de una anatomíaA los pocos días de conocer la noticia compré el libro de poemas y quedé prendada de esta obra, sencilla, clara, que reflexiona sobre la intimidad, el cuerpo, la vida, y que delata su admiración por Antonio Machado. Hace unos días que he vuelto a sus páginas.

De Historia de una anatomía, Francisca dice que es la historia de sus huesos, que los poemas son sus radiografías. Un autorretrato a través de su cuerpo. En el libro la autora incluye una cita del Premio Nobel Coetzee que es muy significativa y que dice: “Un cuerpo dice la verdad. No siempre, ni a la primera, pero siempre es el cuerpo el que dice la verdad'”.

Francisca huye de la norma y construye sus poemas encontrando el ritmo libre porque “¿acaso conoce nuestro cuerpo de pausas, de comas o de puntos y comas?”.

Recomiendo su lectura sin dudarlo. Y para animaros podéis leer como aperitivo un par de poemas que pertenecen a esta magnífica obra.

La columna vertebral
Si este fuese un libro confesional
yo diría que a mi vida le sobra vertebración.
Claro que pensándolo bien
no creo que el asunto tenga nada que ver con la columna.
Ni siquiera creo que dependa de la médula espinal.
Seguramente todo esto tiene que ver
con esa columna abstracta o tal vez
con esa médula espinal intangible
que todos llevamos dentro.
Así que dichos elementos
debido a su carácter evidentemente metafísico
están relacionados con esa otra abstracción
a la que venimos llamando moral.
El caso es que mi vida es una pura vertebración
y de ello se derivan una serie de aspectos
que corresponden a lo que se conoce
con el nombre de vertebrados.
Estoy tan vertebrada que tengo plena conciencia
de todas y cada una de mis vértebras.
Y a veces me recorre los huesos
una dulce nostalgia que me empuja a añorar
el blando mundo de los invertebrados.
¿Cómo sería yo sin mis columnas vertebrales?
¿Cómo sería mi vida si la médula espinal de la moral?
Probablemente terminaría siendo
algo muy parecido al odradek de Kafka
Y tal vez mi nuevo estado serviría
como siempre he soñado para solucionar la vida de los otros.

 

La Piel

Lo de la piel es realmente asombroso.
Es sorprendente que una cosa tan fina
sea capaz de contener algo
tan inquietante
como lo es el cuerpo humano.
Pareciera que al primer embate la piel
ese tejido tan precario y frágil
caería hecho pedazos
o más bien
hecho polvo.
Pero lo cierto es que resiste
lo verdaderamente raro
es que la piel
resiste más que el corazón
o la cabeza.
A veces las palabras
nos entierran el corazón.
A veces la cabeza nos envenena el corazón.
Pero la piel aguanta
se tiñe de escarlata
y aguanta
le rechinan los poros
pero aguanta.
Es como una armadura
un pequeño telón que nos defiende
contra el dolor que intenta destruirnos.

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