Redes sociales y activismo ciudadano

Hace tiempo leí sobre un proyecto de Medialab Prado que tenía como objetivo analizar la dicotomía que genera el uso de las redes sociales en relación a la identidad. El aumento del uso de las redes sociales se ha visto acompañado de un efecto cada vez más patente de disociación entre la identidad física y la identidad digital de los usuarios. Es habitual que nos unamos a causas, que reaccionemos a favor o en contra, que mostremos nuestro enfado y nuestra crítica en las redes sociales. Pero es más difícil que esos impulsos digitales se conviertan en acciones.

El jueves, 17 de octubre, en el programa de la 2 Torres y Reyes, programa que recomiendo, dedicaron el debate a la capacidad que tiene Internet y sus diferentes herramientas para cambiar las cosas, para “hacer la revolución”.  El origen de lo que se viene llamando “Activismo vago”  está en la primera Web que comenzó a solicitar peticiones de apoyo a favor o en contra de diferentes asuntos, Petition Online, en 1999, y en un artículo del New York Times en el que se hablaba del deseo de la gente de hacer algo bueno sin moverse de la silla.

Torres y Reyes

Todos conocemos páginas como Change.org o Avaaz, que recaban apoyos para distintas campañas. Este tipo de activismo  ciudadano es el que más prospera en la actualidad. Al fin y al cabo sólo exige de nosotros escribir nuestro nombre, una dirección de correo electrónico y hacer “click”. Este modo de comportamiento tranquiliza nuestra conciencia pero en pocas ocasiones consigue cambiar el mundo que nos rodea. No le resto valor a las campañas organizadas por Change.org, Amnistía Internacional, Avaaz, etc., algunas de ellas han cosechado éxitos importantes, tampoco niego el poder de convocatoria de Twitter. Creo que Internet facilita mucho la organización y la comunicación pero, como comentaron algunos internautas a lo largo del programa, la “revolución” se inicia en la red pero debe de saltar a la calle. El peligro está en pensar que basta con hacer click para que todo cambie. Esta magnífica herramienta debe estar al servicio del conocimiento, del desarrollo del espíritu crítico, para ser ciudadanos menos manipulables, más independientes y formados.

Un compañero de trabajo me comentó que en Twitter, con motivo del Día mundial del cáncer de mama, algunos señalaban que hacer algo para luchar contra esta enfermedad no debería consistir sólo en poner un lazo rosa en nuestro perfil. Hacer algo por el cáncer de mama tiene que ver mucho con nuestro apoyo a  iniciativas (piénsese también en partidos políticos y elecciones) que promueven el aumento de inversión en la investigación, que apoyan campañas de prevención sanitarias, que promueven una sanidad pública fuerte y universal.

¿Internet nos ayuda a la revolución o nos anestesia?

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Archivado bajo Cortar la leña, acarrear el agua

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