Alice Munro

Nos puede parecer sorprendente pero sólo 13 mujeres tienen el Premio Nobel de literatura. El último se lo acaban de dar a la escritora de cuentos Alice Munro.  Cuando conocí la noticia me alegré mucho, supongo que como todos a los que les gustan los cuentos. Desde que comencé a leer a esta narradora canadiense quedé fascinada por sus historias.

Como comenta Alberto Manguel hay cuentistas magistrales (Hemingway, Kipling, Cortázar) cuyo campo de acción es la tierra entera; otros, en cambio (Chéjov, Rulfo, Flannery O’Connor) no buscan viajar más allá de su horizonte físico. A estos últimos, el rincón familiar les basta para analizar, describir y ensalzar la condición humana entera. Para Munro, si bien escribió algunos cuentos que ocurren en otras partes de Canadá, y alguno que otro en Estados Unidos, el mundo se resume a la región sudoeste de la provincia de Ontario.

Alice MunroSe ha dicho que Alice Munro escribe sobre gente vulgar pero ella misma comenta que “no son personas vulgares para mí. No pueden serlo cuando tienen deseos tan poderosos y hacen a veces cosas tan extraordinarias”. Los protagonistas del mundo literario de Munro se afanan en los asuntos de la vida cotidiana, viven en un lugar y un tiempo precisos pero también en todos los lugares y todos los tiempos.

Elvira Lindo comenta que “ha sido para sus compatriotas la fundadora de una literatura canadiense que ve en ella a su Chéjov. Observadora de las vidas comunes, y en especial, contadora de vidas de mujeres descontentas con su destino. Sus relatos de mujeres no son complacientes con la psicología femenina. Ha narrado la complejidad de la relación entre madres e hijas como nadie lo había hecho”. En el cuento Demasiada felicidad, que da título a una de sus colecciones de relatos, Munro nos cuenta la historia de una matemática y novelista rusa de últimos del XIX, Sofía Kovalevski. La escritora pone en boca de Sofía uno de esos pensamientos que a menudo asaltan la mente de las mujeres de sus cuentos: “Cuando un hombre sale de una habitación deja todo detrás, cuando una mujer lo hace lleva todo lo ocurrido en esa habitación con ella”.

Antonio Muñoz Molina, gran admirador suyo, dice que en la primera o en la segunda línea de cualquiera de sus historias ya nos hemos adentrado en el territorio Munro, que es topográfico pero también mental: una contemplación de las personas, los lugares y las cosas visceralmente atenta y a la vez algo desasida; un anhelo sordo que puede ser de deseo o de huida o de ambos impulsos a la vez y que cuando llega a cumplirse trae consigo un precio de insatisfacción y remordimiento, de cierta vergüenza de uno mismo.

A quien no la haya leído le recomiendo que lo haga. Que elija cualquiera de las colecciones de cuentos que hay publicadas en España, entre los que se encuentran: El amor de una mujer generosa; Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio; Escapada; Demasiada felicidad o Mi vida querida.

“La vida de la gente es suficientemente interesante si tú consigues captarla tal cual es, monótona, sencilla, increíble, insondable”. Alice Munro

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