Archivo mensual: septiembre 2013

El trabajo bien hecho

Está semana está siendo para mi bastante agotadora, llena de trabajo contrarreloj y de mucha tensión. Así que pensaba que iba a resultarme difícil escribir en el blog. Pero cuando esta noche me sentaba a descansar  un rato y repasaba los temas pendientes para mañana, me he puesto a pensar en la satisfacción que produce el poder compartir trabajo con personas que disfrutan con lo que hacen, que más allá del reconocimiento o el dinero, prefieren la felicidad de hacer lo que la íntima convicción aconseja.

Estos pensamientos me han hecho recordar una lectura de hace muchos años.

Sir Edwin Lutyens es un arquitecto victoriano a quien la posteridad no ha tenido muy en cuenta. Cuentan que un día, en su estudio revisaba los planos para un edificio que uno de sus ayudantes estaba terminando de bosquejar, y que, alarmado por una aparente violación de la simetría a que se debe toda arquitectura bien educada, montó en cólera. Por lo visto, la posición de una de las ventanas ofendía el sentido de conjunto de la fachada trasera de la construcción; el ayudante alegó que eso no suponía un problema, porque la fachada estaba destinada a formar parte de un patio interior y nadie podría apreciar la incongruencia. A lo que Lutyens replicó: “Dios si lo ve”

Así comienza la obra del arquitecto Oscar Tusquets Dios lo ve. Tusquets va repasando distintas obras de arte, de pintura, escultura, cine, jardinería o el toreo para demostrar (creencias religiosas aparte) que siempre ha existido el afán por la perfección creativa, por el trabajo bien hecho. ¿Para ojos de quién esculpía Fidias los frisos del Partenón, meticulosamente detallados en su parte posterior imposible de ver y situados a 12 metros de altura? ¿Para quién estaba hecho el exquisito artesonado de los pilares de la cisterna de Constantinopla, que el agua cubre desde que se construyó en la antigüedad bizantina? En fin, la permanencia de la obra y la fugacidad de las personas que la crearon, la razón última de la obra de arte… y yo diría también, la profesionalidad y el compromiso.

Auditorio Alfredo Kraus. Espectacular obra de Tusquets en Gran Canaria

Auditorio Alfredo Kraus. Espectacular obra de Tusquets en Gran Canaria

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La hermana de Freud

En 1938 Sigmun Freud consigue un salvoconducto para salir de Viena y trasladarse a Londres. Viena es una ciudad ocupada por los nazis y a Freud le dan la posibilidad de que le acompañen en su viaje algunas personas. El padre del psicoanálisis escribe una lista de dieciseis nombres, Freud tiene cuatro hermanas en Viena pero ninguna de ellas está en esa lista. Adolphine, Marie, Pauline y Rosa fueron deportadas en el otoño de 1942 y fallecieron poco después en los campos de exterminio.

Adolphine, Marie, Rosa y Pauline Freud

Adolphine, Marie, Rosa y Pauline Freud

La hermana de Freud es el relato biográfico de Adolphine Freud que se inicia con esta terrible circunstancia. Esta novela del escritor macedonio Goce Smilevski, fue publicada en 2010 y editada en español por Alfaguara en enero de este año. Esta obra, premiada por la Unión Europea, ha sido traducida ya a 30 idiomas.

Goce Smilevski comenta en una entrevista publicada en el diario El País, que elige a Adolphine como protagonista porque cree que la historiografía es injusta por definición. “Está obsesionada con los que mandan, con la gente influyente y poderosa, mientras que el recuerdo de la gente corriente muere con quienes les conocieron. Adolphine Freud pasó toda su vida junto a su hermano, del que sabemos muchas cosas, tanto importantes como triviales (incluido el detalle de dónde compraba sus puros y cuántos se fumaba al día), y en cambio no sabemos casi nada de lo que podríamos llamar la vida personal de ella, sus penas y sus alegrías. Visto desde esta perspectiva, Adolphine es una metáfora de la gente olvidada, de aquellos cuyas vidas fueron —si es que no hay nada más que este mundo material— menos que huellas en la arena del tiempo. Su voz narrando esta novela es un eco de las voces de la gente que tuvo una vida parecida a la suya, y que desapareció de la Tierra sin dejar nada que recuerde su existencia.”

La hermana de FreudLa hermana de Freud nos traslada a una época a finales del siglo XIX y principios del XX en la que se producen numerosos cambios, comienza la revolución sexual, el feminismo y surgen nuevas corrientes en la psicología. Es una época difícil para las mujeres. Un ejemplo de ello es la vida de Klara, la hermana de Gustav Klimt, amiga de Adolphine que se enfrenta a muchas dificultades para expresar sus ideas sobre la condición de la mujer y hacerse oir.

En un momento de la historia, Klara mantiene una conversación con Freud acerca de la obra de John Stuart Mill, El sometimiento de las mujeres:

“-¿Qué progreso puede haber si se cumple una de las premisas de Mill para la igualdad de los sexos: que la mujer casada pueda ganar lo mismo que su esposo? Tenemos que reconocer que ocuparse de la casa y de los hijos exige la dedicación completa de alguien, lo que quiere decir que cualquier trabajo fuera es impensable. Si la mujer ganase lo mismo que el hombre, ¿quien cocinaría, quién se ocuparía de las tareas domésticas, quién cuidaría a los niños?- preguntaba mi hermano.

-La sociedad tendrá que organizarse -repuso Klara-. Habrá que estructurarla sobre bases diferentes, para que nadie resulte perjudicado, y que las mujeres por fin dejen de estar sometidas.

-Aun suponiendo que tal reorganización fuera posible, ¿qué pasaría con las mujeres? Las mujeres son seres diferentes, no inferiores, pero sí completamente diferentes de los hombres. Cambiar su educación y lanzarlas a la lucha por ganar el sustento haría que la mujer perdiese toda su afabilidad y dulzura. Se perdería nuestro ideal de la feminidad.

-¿Y a quién le hace falta su ideal de la feminidad?- preguntó Klara, y mi hermano, incapaz de dar en ese momento con la respuesta adecuada, permaneció callado-. A nosotras no nos hacen falta los ideales inventados por los hombres, lo que necesitamos es libertad e igualdad.”

Sigmund Freud describe en sus cartas a Adolphine como una persona muy sensible, y su hijo Martin, que escribió un libro sobre la vida de su padre, en el que intenta explicar cómo eran las relaciones familiares, cuenta que, en la familia Freud, Adolphine estaba infravalorada, que todos la consideraban tonta y ridícula. En la novela el autor recrea su especial personalidad y sus dificultades para afrontar su vida, sus relaciones con los demás. Adolphine pasó siete años en un psiquiátrico de Viena llamado “El Nido”.

El capítulo en el que empieza a contar su experiencia en este hospital comienza con la frase: “Todas las personas normales son normales de la misma forma, mientras que cada loco lo es a su manera”.

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Los horrores de la dictadura

Hoy se cumplen 40 años del asesinato de Salvador Allende en el Palacio de la Moneda en Santiago de Chile. 40 años del golpe de estado de Pinochet. Según Amnistía Internacional hubo más de 3.000 desapariciones forzadas y miles de personas fueron torturadas y miles más se vieron obligadas a exiliarse del país. Todavía hoy muchas de las víctimas de la dictadura de Pinochet buscan justicia y reparación por el retraso en los procedimientos judiciales.

Durante estos días numerosos actos públicos, exposiciones, artículos periodísticos, publicación de libros, etc. conmemoran este aniversario. Tanto el golpe de estado y dictadura de Pinochet como la muerte de Salvador Allende han proporcionado a las artes, y particularmente a la literatura y el cine, un material excepcional para la reflexión sobre estos acontecimientos, la violencia, el abuso de poder, la falta de libertad de expresión…

En el periódico El País aparecen hoy dos artículos, Mapa literario del golpe de Pinochet y sus secuelas y El cine que retrató la dictadura de Pinochet, que hacen un recorrido por diferentes obras literarias y películas que trataron el golpe militar, la vida en la dictadura, la tortura o la figura de Salvador Allende. No conozco todas las obras que recogen pero quiero recordar aquí dos de las películas que mencionan.

Desaparecido (1982) de Costa-Gavras ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes y un Oscar al mejor guión adaptado. Está protagonizada por un magnífico Jack Lemmon y cuenta la historia de la desaparición de Charles Horman, un joven periodista norteamericano, tras el golpe de estado del general Pinochet. Su padre (Lemmon) y su mujer intentan averiguar su paradero pidiendo ayuda a distintas instituciones pero viven una verdadera agonía víctimas de numerosas trabas burocráticas.

Los que la habéis visto seguro que la recordáis perfectamente porque es una película que impacta. También recordareis su banda sonora, otra de las siempre memorables bandas sonoras de Vangelis.

La otra película es La muerte y la doncella (1994) de Roman Polanski. Esta película está basada en una obra de teatro de Ariel Dorfman sobre una víctima de la tortura y la transición democrática de Chile. Polanski en esta película consigue de forma magistral un ambiente de creciente tensión y suspense. Paulina Escobar y su marido Gerardo viven en un país sudamericano que acaba de salir de una dictadura. Una noche Gerardo llega a su casa con  un desconocido, el doctor Miranda, que lo recoge en la carretera cuando su coche se estropea. Paulina cree reconocer en él a la persona que la torturó cuando estuvo encarcelada. Decidida a saber la verdad, lo somete a un durísimo cautiverio para conseguir que confiese. El que fue torturador de Paulina, al que ella no pudo ver porque siempre llevaba los ojos vendados, escuchaba siempre durante los abusos, La muerte y la doncella de Schubert. El cuarteto de Schubert aparece y desaparece constantemente en la película, llegando a inquietar con sus contundentes notas a medida que se nos van dando más datos sobre la tortura de Paulina. La escena final en el acantilado es uno de los momentos más inquietantes y tensos de toda la filmografía de Polanski.

Si tenéis ocasión no dejéis de ver por primera o segunda vez estas interesantes películas. Son un buen recordatorio de los horrores de las dictaduras.

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Archivado bajo Cortar la leña, acarrear el agua, Lo que oigo y lo que veo

El futuro menos probable es aquel en que nada cambia

Alvin Toffler escribió en 1970 (lo de este hombre era clarividencia y si no echarle una ojeada a su obra La tercera ola) El Shock del futuro. Según sus propias palabras el libro trata de lo que le pasa a la gente que se siente abrumada por el cambio, del modo en el que nos adaptamos -o dejamos de adaptarnos- al futuro. Toffler sostiene que a menos que el hombre aprenda rápidamente a dominar el ritmo del cambio en sus asuntos personales, y también en la sociedad en general, nos veremos condenados a un fracaso masivo de adaptación. Con esta obra el autor pretende contribuir a nuestra adaptación al futuro, a enfrentarnos con mayor eficacia, con el cambio  personal y social, aumentando nuestra comprensión de como el hombre responde a tal cambio. Con ese fin plantea una teoría de la adaptación.

cambio

Hasta ahora, el hombre estudió el pasado para arrojar luz sobre el presente y Toffler da la vuelta al espejo del tiempo, convencido de que una imagen coherente del futuro puede darnos valiosas perspectivas sobre el día de hoy. Si no empleamos el futuro como instrumento intelectual, nos será cada vez más difícil comprender nuestros problemas personales y públicos.

La corriente del cambio es hoy tan poderosa que derriba instituciones, trastorna nuestros valores y arranca nuestras raíces. Las cosas se mueven muy deprisa. La mayoría de los profesionales se quejan de que es dificilísimo, si no imposible, mantener el ritmo de los últimos acontecimientos. Pero no todos comparten esta ansiedad. Según Toffler, millones de sonámbulos se pasean por la vida como si nada hubiese cambiado desde los años treinta, y como si nada hubiese de cambiar jamás. Viviendo en uno de los períodos más excitantes de la historia humana, intentan evadirse de él, cerrarle la puerta, como si pudiesen alejarlo con sólo prescindir de él. Lo más inquietante es que la inmensa mayoría de la gente considera tan amenazadora la idea del cambio que intenta negar su existencia.

Mirar el futuroJim Dator, profesor de la Universidad de Hawaii, director del Centro de Investigación para Estudios de los Futuros  de Hawaii y co-director del Departamento de Espacio y Sociedad de la Universidad Internacional del Espacio de Estrasburgo, Francia (en 1977 fundó, junto a Alvin Toffler y Clement Bezold, el Instituto para Futuros Alternativos), formula las llamadas tres leyes de los estudios de los futuros:

.- El futuro no se puede estudiar porque no existe.

.- El futuro menos probable es aquel en que nada cambia.

.- Cualquier idea útil sobre el futuro ha de parecer ridícula (ridícula= no convencional, sorpresiva)

¿Qué pasaría si…?, ¿por qué no?, conjeturas de este tipo nos ayudarán a medir las consecuencias, crear imágenes posibles y evaluar estas alternativas para encontrar oportunidades. Cada vez que el obstáculo se llame “no se puede” enfrentarlo con un “por qué no” y buscar opciones múltiples. Porque “si nos acostumbramos a pensar en términos de opciones alternativas, nuestra capacidad de reacción será mejor y más rápida” (Alvin Toffler)

 “Las organizaciones se encuentran obligadas a innovar, lo que quiere decir a mantener el control sobre las alternativas de cambio, sea a través de la planificación o mediante una capacidad de innovación que se desarrolla a través de decisiones oportunas. Si no hay capacidad de innovar, de reaccionar planificadamente a los cambios internos y externos, la organización perderá las oportunidades que se le ofrezcan y se encontrará sometida a un cambio inevitable y sin rumbo conocido”. Niklas Luhmann

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