Rayuela, 50 años

Este año se cumplen 50 años de la publicación de la novela Rayuela de Julio Cortázar. He pensado que celebrar este aniversario era también una buena forma de celebrar el próximo día del libro.

Leí Rayuela en los años 80, con veinte años. Estaba en la Universidad y recuerdo que su lectura me ofreció una visión particular del mundo y de la literatura, un experimento que me cautivó. Y eso a pesar de que me pareció un tanto machista con el personaje de La Maga y de que había capítulos que no entendía e incluso que no me interesaron. De aquella época guardo dos ediciones de la obra y el recuerdo de algunos de sus capítulos más memorables.

Rayuela

“A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros”, explica al comienzo de Rayuela el autor. Cortázar invita a los lectores a elegir su propio camino en la lectura: de forma corriente, acabando en el capítulo 56 (“al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra Fin”). Y añadía: “Por consiguiente, el lector prescindirá sin remordimientos de lo que sigue”. La otra opción era empezar por el capítulo 73 y continuar con la siguiente propuesta:

orden de los capítulos de rayuela

También podía leerse en el orden que el lector lo deseara: “Intenté escribir un libro en donde el lector, en vez de leer la novela consecutivamente, tuviera diferentes opciones, lo cual le situaba ya casi en un pie de igualdad con el autor, porque el autor también había tomado diferentes opciones a la hora de escribir el libro”. Buscaba un lector cómplice.

La obra tiene tres secciones, “El lado de allá” (París, capítulos 1 a 36), “El lado de acá” (Buenos Aires, capítulos 37 a 56), y “De otros lados”, que agrupa textos muy distintos entre sí: recortes de periódico, citas de libros y textos atribuidos a Morelli, un viejo escritor, que hace las veces de álter ego de Cortázar.

En París, Horacio Oliveira, porteño de clase media,  conoce a La Maga, joven uruguaya que se enamora de él. Junto a sus amigos, los integrantes del Club de la Serpiente, emprenden interminables discusiones sobre la vida y el arte. En Buenos Aires trabaja con Talita y Traveler, primero en un circo y después en un manicomio. En Talita, Oliveira creerá ver, una y otra vez, a la Maga.Talita que, haciendo equilibrios en un tablón entre las ventanas de Horacio y Traveler, es símbolo de la peculiar vinculación entre los dos viejos amigos.

Cortázar nos explica de Oliveira: “El problema central para el personaje de Rayuela, con el que yo me identifico en este caso, es que él tiene una visión que podríamos llamar maravillosa de la realidad. Maravillosa en el sentido de que él cree que la realidad cotidiana enmascara una segunda realidad que no es ni misteriosa, ni trascendente, ni teológica, sino que es profundamente humana, pero que por una serie de equivocaciones ha quedado como enmascarada detrás de una realidad prefabricada con muchos años de cultura, una cultura en la que hay maravillas pero también profundas aberraciones, profundas tergiversaciones. Para el personaje de Rayuela habría que proceder por bruscas interrupciones en una realidad más auténtica”.

“La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, (Et tous nos amours, sollozó Emmanuèle boca abajo), lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia (Je n’oublierai pas le temps des cérises, pataleó Emmanuèle en el suelo) se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato.” Capítulo 36

rayuela vacia

El crítico y escritor Juan Mendoza nos dice que “leída en los 2000, Rayuela es un gran hipertexto de papel, lleno de referencias e imágenes adjuntas, sonidos y notas musicales, con links que reenvían de una zona a otra del libro. No sería extraño tropezar con una edición en la web: una versión de la novela con ruidos, fotos, dibujos con líneas rotas, collages y canciones”.

Rayuela tiene banda sonora, música de jazz que protagoniza también las reuniones del Club de la Serpiente: Bix Beiderbeke, Louis Armstrong, Bessie Smith, Coleman Hawkins, Big Bill Broonzy, Champion Jack Dupree, Duke Ellington y otros clásicos del jazz.

” Y la Maga estaba llorando, Guy había desaparecido, Etienne se iba detrás de Perico, y de Gregorovirus, Wong y Ronald miraban un disco que giraba lentamente, treinta y tres revoluciones y media por minuto, ni una más ni una menos, y en esas revoluciones Oscar´s Blues, claro que por el mismo Oscar al piano, un tal Oscar Peterson, un tal pianista con algo de tigre y felpa, un tal pianista triste y gordo, un tipo al piano y la lluvia sobre la claraboya, en fin, literatura.”

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