El Procomún. La cocina como prototipo de colaboración abierta

La politóloga estadounidense Elinor Ostrom (1933-2012) ganó el Premio Nobel de Economía en 2009. Es la primera y única mujer que hasta ahora ha recibido este prestigioso premio. El Banco Central de Suecia la seleccionó para este premio “por su análisis de administración económica y la organización de la cooperación”. Ostrom basó gran parte de su trabajo en estudiar a comunidades capaces de explotar un recurso sin que ninguno de sus miembros lo poseyera en exclusiva. Fue una de las estudiosas más destacadas en el área de recursos compartidos o bienes comunes, en particular, respecto a cómo los seres humanos interactúan a fin de mantener a largo plazo los niveles de producción de recursos comunes. Demostró que no hace falta instaurar la propiedad privada para que se puedan diseñar entramados económicos viables y sostenibles. Muchas de las experiencias de las que se sirvió Ostrom para entender estos sistemas de gestión colectiva llevan mucho tiempo en funcionamiento y tienen dilatadas historias, ejemplos de gestión de bosques comunales, cooperativas de regantes, explotación de arrozales, etc. Como ejemplo de los temas en los que trabajó podemos señalar la atención especial prestada a “El Tribunal de las Aguas” una institución creada en la edad media por una comunidad de regantes en el levante español. Elinor conoció España y dedicó a este tema uno de los capítulos de su libro “Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. “, “Gobernando los bienes comunales: la evolución de instituciones para la acción colectiva”.

EL PROCOMÚN es la nueva manera de expresar una idea muy antigua: que algunos bienes pertenecen a todos, y que forman una constelación de recursos que debe ser activamente protegida y gestionada por el bien común. El procomún lo forman las cosas que heredamos y creamos conjuntamente y que esperamos legar a las generaciones futuras. Podemos informarnos sobre este tema en el Laboratorio del Procomún de Medialab Prado (Madrid), en CCCB LAB y Platoniq (proyecto Banco Común de Conocimientos) de Barcelona,  en Colaborabora de Bilbao, o en el Festival Internacional Zemos 98 (la educación expandida, la remezcla, el poder de lo pequeño),de Sevilla. Las licencias alternativas al copyright, el Creative Commons y el movimiento Copyleft, son sólo una parte del procomún.

Precisamente visitando Medialab Padro he encontrado un proyecto, FOODLAB, que presenta la cocina como prototipo de colaboración abierta y saberes compartidos que me ha interesado especialmente. En el proyecto que presenta Rebeca Ibáñez se apuesta por la cocina como un lugar de experimentación y aprendizaje del mundo. En la cocina se mezclan ingredientes, se combinan variables (tiempos, cantidades, temperaturas…), se producen nuevos materiales. En las cocinas se siguen recetas o se improvisa, es un lugar para la artesanía, para la intuición, también para los afectos. La cocina es un lugar importante del hogar.

pasta

Rebeca Ibáñez nos plantea la receta como un precioso ejemplo del procomún, las recetas de cocina son un modelo paradigmático de lo común, del saber compartido. Recolección de recetas y reflexiones sobre elaboraciones prácticamente perdidas, sabores y texturas diferentes, transformación de alimentos, utilización del tiempo, la conservación y el reciclaje… conceptos que también se pueden trabajar desde el punto de vista de lo sociocultural.

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Archivado bajo Cortar la leña, acarrear el agua

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