El festín de Babette

“Hay en Noruega un largo y estrecho fiordo, encajonado entre altas montañas, el fiordo de Berlevaag. Al pie de las montañas se extiende la ciudad de Berlevaag, que tiene aires de juguete, de miniatura hecha con pequeños cubos de madera pintados de gris, de amarillo, de blanco, de rosa y de otros colores.” Así comienza El festín de Babette, un relato de la escritora danesa Isak Dinesen. En ese rincón apacible de Noruega hay una congregación luterana que “renunciaban a los placeres del mundo, a la tierra y a lo que ofrecía, porque todo eso no era para ellos sino ilusiones. La realidad que tenían por verdadera, a la que aspiraban con profunda nostalgia, se llamaba la Nueva Jerusalén. No pronunciaban en vano el nombre del Señor; en sus conversaciones, un sí era un sí, un no era siempre un no, y cuando se dirigían la palabra unos a otros eran hermanos y hermanas”. El pastor de esa congregación tenía dos hijas, Martina y Philippa, por Martín Lutero y su amigo Philippe Melanchthon. Las dos viven una vida piadosa y austera, las dos saben rechazar los asaltos del mundo exterior.

BabetteUn joven oficial que se había endeudado con muy poca cabeza es enviado por su padre a pasar unos meses cerca de Berlevaag alejado de todo. Un día que estaba paseándose a caballo por la ciudad se encontró con Martina y quedó deslumbrado por su belleza. La visita, arde de amor hacia ella pero se siente indigno y ni siquiera prueba suerte. Cuando se despide de ella le dice: ” He aprendido que el destino es duro y sin piedad, y que en este mundo hay cosas imposibles”.

Al año siguiente un nuevo extranjero visita el pueblo. Se trata de un cantante francés famoso que queda fascinado por la voz de Philippa cuando va a la iglesia de Berlevaag. Consigue que ella sea su alumna mientras permanece en el pueblo. Un día cuando representan a Don Juan y Zerlina de Mozart él la besa apasionadamente. Philippa pidió que las clases de canto finalizaran.

Dieciséis años después, una noche lluviosa, una mujer llamó a la puerta de la casa en que las dos hermanas vivían solas. A la extranjera le acompaña una carta del famoso cantante Achille Papin que les dice que la persona que está ante ellas es Babette Hersant, que había participado en la guerra civil francesa, que su marido y su hijo habían muerto, y les pedía que la acogieran en su casa. Papin les dice que Babette sabe cocinar. Ellas desconfiaban de las costumbres culinarias de los franceses así que le piden a Babette austeridad y le enseñan sus recetas tradicionales: bacalao en salazón y sopa de pan negro a la cerveza. De nuevo alejan la amenaza del mundo exterior.

Al cabo de catorce años Babette recibe a su vez una carta francesa y comunica a las dos hermanas que le había tocado la lotería, diez mil francos. Martina y Philippa piensan que ahora se marchará pero Babette las sorprende con una curiosa petición: les pide permiso para preparar un banquete según sus deseos.

Dan comienzo así numerosos preparativos  y por fin llega la gran noche. Todos los invitados, doce comensales, toman asiento resueltos a superar cualquier tentación.

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Pero los sentidos de las mujeres y hombres que asisten al banquete despiertan. Babette les permite un viaje por el país de los matices, de las calidades, de los sabores. La comida se convirtió en un acontecimiento inolvidable.

Como nos dice Alain Finkielkraut en su libro Un corazón inteligente  Babette  demuestra brillantemente que el arte posee la doble virtud de desplegar las diferencias y de dar testimonio de la unidad del género humano. Con ella, el gusto, trasciende las fronteras de la subjetividad, de la nación e incluso de la pertenencia cultural.

Cuando las dos hermanas protagonistas descubren que Babette se ha gastado todo el dinero que ha ganado en la lotería en prepararles aquella cena y le preguntan qué va a hacer ahora que vuelve a ser pobre, Babette les contesta orgullosa: “una artista nunca es pobre”. Tiene razón porque tiene el poder que le concede su imaginación.

En 1987 se estrenó la película del director danés Gabriel Axel, El festín de Babette. La maravillosa adaptación del relato de Isak Dinesen obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera. No dejéis de verla.

Para finalizar un brindis: como bien dice el capitán Lorens, uno de los invitados al festín: Porque esta noche he aprendido que en este hermoso mundo nuestro todo es posible.

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