Archivo mensual: febrero 2013

¿Es usted un ciudadano normal o todavía piensa?

Tony Judt en la Introducción a su obra Sobre el olvidado Siglo XX dice que gracias a medio siglo de prosperidad y seguridad, en Occidente hemos olvidado los traumas políticos de la inseguridad masiva. Y así hemos olvidado por qué heredamos esos estados de bienestar y qué fue lo que dio lugar a su creación. El éxito mismo de los estados de bienestar de economía mixta, al proporcionar la estabilidad social y la desmovilización ideológica, ha conducido a una generación política a dar por sentadas esas mismas estabilidad y conformidad ideológica y a pedir la eliminación del “impedimento” de un Estado que impone tributación, regula y, en general, interfiere. Para ellos la regulación y la provisión sociales fueron realmente un impedimento para el “crecimiento” y la “eficacia”, y no la condición quizás que los facilitó. Hemos perdido la capacidad de concebir la política pública más allá de un economismo estrecho. Hemos olvidado cómo pensar políticamente.

La terminología de “izquierda” y “derecha”, heredada de la Revolución Francesa, no carece por completo de significado en la actualidad, pero ya no describe las lealtades políticas de la mayoría de los ciudadanos en las sociedades democráticas. Somos escépticos ante los objetivos políticos globales: las grandes narraciones de la Nación, La Historia y el Progreso, que caracterizaron a las familias políticas del siglo XX, ahora parecen desacreditadas sin recuperación posible. Y, así, continúa diciendo Judt, describimos nuestros objetivos colectivos en términos exclusivamente económicos -prosperidad, crecimiento, PIB, eficacia, producción, tipos de interés y comportamiento del mercado de valores- como si no fueran sólo medios para alcanzar colectivamente unos fines sociales y políticos, sino fines suficientes y necesarios en sí mismos.

Mucho se habla de la desafección que ha provocado la clase política en la ciudadanía y en cierto modo lo considero casi normal (sobre todo ahora con los numerosos casos de corrupción que están saliendo a la luz pública). Cada vez hay más personas a mi alrededor que se desentienden de la política, que no les interesa, que se autodenominan “apolíticas”. El diccionario de la Lengua Española define “apolítico” como “ajeno a la política”. Y ¿se puede ser verdaderamente apolítico? Considero que una persona no está interesada en la política como consecuencia de la apatía más que por decisión racional. Es imposible ser apolítico de manera reflexiva y crítica. O dicho de otro modo, adoptar una postura como resultado de un análisis juicioso e informado nos convierte en entes políticos. El apolítico no quiere mojarse, intenta nadar y guardar la ropa, tal vez por miedo a mostrar su opinión en público. Tal vez porque “eso de la política es cosa sólo de los políticos”  lo dejamos todo en manos de nuestros representantes. Declararse apolítico es renunciar a una parte de nuestros derechos, además de eludir nuestras propias responsabilidades como miembros integrantes de una sociedad democrática.

ElRoto_normal

Estamos en una época apolítica en la que los políticos sólo piensan y hablan económicamente. Volvemos a Tony Judt: “las democracias en las que no hay opciones políticas significativas, en las que la política económica es todo lo que realmente importa -y en las que la política económica está en buena parte determinada por actores no políticos (bancos centrales, agencias internacionales o corporaciones transnacionales)- bien dejarán de ser democracias que funcionen o volverán a presenciar la política de la frustración, del resentimiento populista”.

No debemos permanecer ajenos a lo que está pasando, necesitamos más que nunca una sociedad formada por ciudadanos y ciudadanas responsables, comprometidos y que se preocupen por estar bien informados.

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Hábitos de lectura

Hace unos días se presentó el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2012 elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) con el patrocinio de la Dirección General de Política y de Industrias Culturales y del Libro del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. El estudio, que ha sido llevado a cabo por la empresa Conecta Research & Consulting, es anual, se viene haciendo desde el año 2000 y sus resultados se obtienen de una muestra de 6.700 individuos.

Según este estudio, el porcentaje de lectores de libros en España mayores de 14 años se incrementó en 2012 hasta situarse en el 63% de la población, 1,6 puntos porcentuales más que en 2010. Se reduce así la distancia que aún nos separa de la media europea que sitúa el porcentaje de lectores en el 70% de la población. Pero todavía uno de cada tres españoles no lee nunca.

El perfil del lector en España sigue siendo el de una mujer, con estudios universitarios, joven y urbana que prefiere la novela, lee en castellano y lo hace por entretenimiento.

1.-porcentaje-leenPor sexo, las mujeres leen más que los hombres, y ambos leen más en su tiempo libre. Otro factor que determina el hábito lector es el nivel de estudios, el 84,2% de la población con estudios universitarios se declara lectora. En cuanto a la ocupación son los estudiantes, parados y trabajadores los que concentran los mayores porcentajes de lectura en cualquier género. En el lado opuesto se encuentran las amas de casa y los jubilados. El número de habitantes también es un factor que influye en los hábitos de lectura. Son los núcleos con mayor número de habitantes los que registran porcentajes más altos en todos los tipos de lectura. Madrid es la región con mayor índice de población lectora, con un 71,3%, doce puntos más que la media nacional (59,1%). Extremadura y Murcia son las comunidades con menor índice de lectores, 54,2%.

2.-CCAA

La mayoría de los lectores, el 83,9%, acuden a la lectura como mero entretenimiento, sólo el 11% reconoce leer para mejorar su nivel cultural y, el 7%, por razones de estudio. La falta de tiempo sigue siendo la principal razón de los no lectores para explicar su falta de hábito, especialmente entre la población con edades comprendidas entre 25 y 54 años. Y el 29,9% argumenta que no lee porque no le gusta o no le interesa.

Lectura en soporte digital

El número de lectores en soporte digital (aquel que lee con una frecuencia trimestral en un ordenador, teléfono móvil, agenda electrónica o e-Reader) supera la mitad de la población española mayor de 14 años (58%). Este porcentaje se ha incrementado en 5,3 puntos con respecto a 2011 (diez puntos más que hace dos años).  A diferencia de lo que ocurre en la lectura de formato papel, el 65,6% de los hombres lectores lee en soporte digital frente al 50,4% de las mujeres.

Es significativo que sólo el 32% reconozca pagar por las descargas, mientras que hace un año esa cifra era del 36,9%. Lo que significa que el 68% de los lectores en soporte digital baja o descarga gratuitamente los libros. La alarma por las descargas ilegales ha saltado entre el sector editorial que dice haber dejado de ingresar unos 250 millones de euros. Por eso insisten en reclamar que el IVA para el libro electrónico debe ser del 4%, como en el libro tradicional, y no del 21% actual.

Los libros más vendidos y los más leídos

Las preferencias lectoras andan entre tramas policiales y fantasías sexuales: Millennium de Stieg Larson y 50 Sombras de Grey de E. L. James. Una lista copada básicamente por best sellers. El récord lo tiene Ken Follet con Los pilares de la tierra que, año tras año, entra entre los libros más leídos por los españoles.

El futuro de la lectura

Somos más lectores que nunca. Pero desde hace tiempo utilizamos esa vieja palabra, leer, para nombrar un acto que está en transición, que no es lo que era. La lectura está cambiando y con ella nosotros, los lectores. ¿Cómo leeremos en el futuro? ¿Qué entenderemos por libro? ¿Qué entenderemos por leer?

“Leer es una creación humana. No es natural sino una práctica social que cambia en cada momento de la historia, en cada comunidad y en cada contexto, aunque la palabra sea la misma. No es lo mismo lo que hacemos ahora que lo que hacíamos hace cincuenta años o lo que haremos dentro de otros cincuenta”, explica Daniel Cassany, profesor e investigador de Análisis del Discurso de la Universidad Pompeu Fabra y autor de En _línea. Leer y escribir en la red (Anagrama). Porque el concepto leer ha crecido y seguirá haciéndolo en acepciones, importancia y dificultad. “Leer es más complejo porque leemos más imágenes, más documentos multimodales. Eso de leer una página con letras está totalmente muerto. En los textos habrá fotos, vídeos, letras y tendremos que relacionar todo para darle significado. Leer en el sentido de acceder a la información es mucho más fácil, pero si entendemos leer por comprender es más difícil, porque hemos pasado de leer lo que escribía la gente de nuestro alrededor con palabras que entendíamos a leer lo que escribe gente de todo el mundo”. “Buscar en Google, utilizar un traductor para entender algo en inglés o francés, consultar un dato que desconocemos en la Wikipedia, todo es leer”, insiste Cassany. Simplemente tenemos que acostumbrarnos: leer es una actividad cada vez más tecnológica.

Al filósofo José Luis Pardo lo que le preocupa realmente no es que en España se lea poco y que además la industria del libro pierda mucho dinero con las descargas piratas por Internet. Para él, el mayor problema es que la lectura en nuestro país es de muy baja calidad. “La lectura es mucho más que un entretenimiento privado o una transacción comercial: es un proceso de formación inseparable del proyecto de una sociedad ilustrada”. Como siempre tan acertado.

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El festín de Babette

“Hay en Noruega un largo y estrecho fiordo, encajonado entre altas montañas, el fiordo de Berlevaag. Al pie de las montañas se extiende la ciudad de Berlevaag, que tiene aires de juguete, de miniatura hecha con pequeños cubos de madera pintados de gris, de amarillo, de blanco, de rosa y de otros colores.” Así comienza El festín de Babette, un relato de la escritora danesa Isak Dinesen. En ese rincón apacible de Noruega hay una congregación luterana que “renunciaban a los placeres del mundo, a la tierra y a lo que ofrecía, porque todo eso no era para ellos sino ilusiones. La realidad que tenían por verdadera, a la que aspiraban con profunda nostalgia, se llamaba la Nueva Jerusalén. No pronunciaban en vano el nombre del Señor; en sus conversaciones, un sí era un sí, un no era siempre un no, y cuando se dirigían la palabra unos a otros eran hermanos y hermanas”. El pastor de esa congregación tenía dos hijas, Martina y Philippa, por Martín Lutero y su amigo Philippe Melanchthon. Las dos viven una vida piadosa y austera, las dos saben rechazar los asaltos del mundo exterior.

BabetteUn joven oficial que se había endeudado con muy poca cabeza es enviado por su padre a pasar unos meses cerca de Berlevaag alejado de todo. Un día que estaba paseándose a caballo por la ciudad se encontró con Martina y quedó deslumbrado por su belleza. La visita, arde de amor hacia ella pero se siente indigno y ni siquiera prueba suerte. Cuando se despide de ella le dice: ” He aprendido que el destino es duro y sin piedad, y que en este mundo hay cosas imposibles”.

Al año siguiente un nuevo extranjero visita el pueblo. Se trata de un cantante francés famoso que queda fascinado por la voz de Philippa cuando va a la iglesia de Berlevaag. Consigue que ella sea su alumna mientras permanece en el pueblo. Un día cuando representan a Don Juan y Zerlina de Mozart él la besa apasionadamente. Philippa pidió que las clases de canto finalizaran.

Dieciséis años después, una noche lluviosa, una mujer llamó a la puerta de la casa en que las dos hermanas vivían solas. A la extranjera le acompaña una carta del famoso cantante Achille Papin que les dice que la persona que está ante ellas es Babette Hersant, que había participado en la guerra civil francesa, que su marido y su hijo habían muerto, y les pedía que la acogieran en su casa. Papin les dice que Babette sabe cocinar. Ellas desconfiaban de las costumbres culinarias de los franceses así que le piden a Babette austeridad y le enseñan sus recetas tradicionales: bacalao en salazón y sopa de pan negro a la cerveza. De nuevo alejan la amenaza del mundo exterior.

Al cabo de catorce años Babette recibe a su vez una carta francesa y comunica a las dos hermanas que le había tocado la lotería, diez mil francos. Martina y Philippa piensan que ahora se marchará pero Babette las sorprende con una curiosa petición: les pide permiso para preparar un banquete según sus deseos.

Dan comienzo así numerosos preparativos  y por fin llega la gran noche. Todos los invitados, doce comensales, toman asiento resueltos a superar cualquier tentación.

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Pero los sentidos de las mujeres y hombres que asisten al banquete despiertan. Babette les permite un viaje por el país de los matices, de las calidades, de los sabores. La comida se convirtió en un acontecimiento inolvidable.

Como nos dice Alain Finkielkraut en su libro Un corazón inteligente  Babette  demuestra brillantemente que el arte posee la doble virtud de desplegar las diferencias y de dar testimonio de la unidad del género humano. Con ella, el gusto, trasciende las fronteras de la subjetividad, de la nación e incluso de la pertenencia cultural.

Cuando las dos hermanas protagonistas descubren que Babette se ha gastado todo el dinero que ha ganado en la lotería en prepararles aquella cena y le preguntan qué va a hacer ahora que vuelve a ser pobre, Babette les contesta orgullosa: “una artista nunca es pobre”. Tiene razón porque tiene el poder que le concede su imaginación.

En 1987 se estrenó la película del director danés Gabriel Axel, El festín de Babette. La maravillosa adaptación del relato de Isak Dinesen obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera. No dejéis de verla.

Para finalizar un brindis: como bien dice el capitán Lorens, uno de los invitados al festín: Porque esta noche he aprendido que en este hermoso mundo nuestro todo es posible.

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La música que hace sonar nuestras emociones

De que me suena esoCuenta Máximo Pradera  en su libro ¿De qué me suena eso? que en 1957, el guitarrista de color (negro) Chuck Berry compuso un tema electrizante, Roll over Beethoven, que supuso para muchos el anuncio oficial  de que acababa de llegar a Estados Unidos, y por lo tanto al mundo entero, un nuevo tipo de música que se oponia frontalmente a la que se había oído hasta ese momento: el rock and roll. La canción de Berry dice: ” Pasa de Beethoven/Y comunícale a Tchaikovski las novedades.”  La expresión Roll over Beethoven significa algo así como “enrolla (para guardar) la partitura de Beethoven” porque no la vas a necesitar: acaba de llegar el Rock and Roll.

Algunos años más tarde los Beatles hicieron una versión del tema de Berry que se hizo tan célebre o más que la canción original. Y sin embargo, los Beatles estaban muy familiarizados con la música de Beethoven. Pradera nos comenta que se dice que cuando vinieron a España a dar un par de conciertos y los periodistas franquistas empezaron a provocar a “los melenudos” con preguntas del tipo: “¿Pero ustedes han oído música de verdad? ¿Han oído a Beethoven?”, Paul McCarney respondió con otra pregunta: “¿Cuál de las nueve sinfonías quiere que le silbe?”.

Lo que es innegable es que la música clásica ha ido disminuyendo en importancia en la educación occidental, pero no desde la llegada del rock and roll y Chuck Berry, sino desde la primera mitad del siglo XVIII. Hoy en día, arrastrar al público a una  sala de conciertos para que escuche música clásica es una tarea ardua y eso que los conciertos ahora no duran lo que en la época de Beethoven, en la que el público podía perfectamente tirarse cuatro horas sentado en la butaca de un auditorio.

Todos sabemos  que a  pesar de que los conciertos hoy en día son más light que en tiempos de nuestros tatarabuelos, los programadores se las ven y se las desean para que el público llene un auditorio.  Dice Pradera que los organizadores de veladas musicales y los directores de festivales han confesado alguna vez el miedo que les produce salirse del sota, caballo y rey que se escucha en casi todos los conciertos, porque al introducir innovaciones, para tratar de ganar nuevos adeptos, se corre el riego de defraudar a los espectadores tradicionales.

Fiesta de la música de Calafellvalo

Fiesta de la música de Calafellvalo

¿Qué causa el rechazo de la música clásica entre los jóvenes? ¿Por qué Chuck Berry les dijo a sus fans  que había que enrollar a Beethoven? No se trata sólo de que la música clásica sea más difícil de escuchar que el pop de usar y tirar. Tal vez una de las explicaciones de la falta de sex appeal de la música clásica sea su excesiva formalidad. El diccionario define la palabra “formalidad” como “exactitud en las acciones”, y Leonard Bernstein ya dijo, al explicar a los niños en sus Conciertos para jóvenes lo que es la música clásica, que para él la palabra que mejor define este tipo de música es la palabra “exacta”: no puedes tomarte ningún tipo de libertad con la partitura. Un mal camino es llamarla música culta, porque implica que sólo la gente muy inteligente y muy instruida puede comprenderla y disfrutarla. Tampoco la podemos llamar música sinfónica, porque estaríamos excluyendo desde los cuartetos de cuerda hasta las sonatas para piano. Tal vez podríamos hablar de música especializada. No sé, el caso es que todos entendemos a qué nos referimos cuando hablamos de música clásica.

La música clásica se ha estereotipado como un arte de los muertos, un repertorio que empieza con Bach y termina con Mahler y Puccini. Algunas personas se muestran a veces sorprendidas al enterarse de que los compositores siguen componiendo: Schoenberg, Stravinsky, Berg, Webern, Bartók, Sibelius, Britten, Messiaen, Glass, Cage, Feldman… son sólo una muestra de ello.

De vez en cuando surgen iniciativas novedosas como los conciertos que ofrece la discográfica  Deutsche Grammophon, en los que algunos de los más aclamados intérpretes clásicos se prestan al juego de tocar en contextos inhabituales como discotecas. La iniciativa se ha llevado a cabo ya en Nueva York, Seúl o Salzburgo y también  en La nave de la Música, del Matadero de Madrid, en octubre del año pasado. La escuela tiene un papel muy importante pero la enseñanza de la música es cada vez más reducida. También el cine ayuda, muchas grandes obras de la música clásica suenan en las bandas sonoras.

En la película Cadena Perpetua hay un momento en el que el personaje interpretado por Tim Robbins se encierra en el despacho del alcaide y pone, a través de la megafonía de la prisión, el dueto Che soave Zeffiretto, de Las bodas de Fígaro. La cámara recorre el patio de la cárcel mostrando a los presos patidifusos ante la arrebatadora música de Mozart, mientras el personaje interpretado por Morgan Freeman, dice en off: “No tengo ni idea de lo que aquellas dos señoras italianas estaban cantando. La verdad es que no quiero saberlo. Algunas cosas es mejor ignorarlas. Me gusta pensar que estaban cantando acerca de algo tan hermoso que no puede ser expresado con palabras… aquellas voces se elevaban más alto y más lejos de lo que nadie en este lugar tan gris se hubiera atrevido a soñar. Era como si un hermoso pájaro hubiera sobrevolado nuestras cabezas y hubiera hecho que nuestras paredes se disolvieran. Y por un breve instante, hasta el último hombre de la prisión se sintió libre.”

Estoy con el filósofo José Luis Pardo cuando dice que al ser la forma más abstracta y desnuda de nuestros sentimientos, la música es capaz de movilizar y hacer sonar nuestras emociones con una pureza que se diría superior a la de otras artes. Escuchemos música.

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