Archivo mensual: enero 2013

¡Al ladrón, al ladrón!

Son muchos los casos de corrupción que están saliendo a la luz desde un tiempo a esta parte. El aumento en los últimos cinco años de investigaciones judiciales sobre la corrupción en nuestro país es bastante considerable: el caso Gürtel, el del Palau de la Música de Cataluña, el caso Pokemon, el de Iñaki Urdangarin y el Instituto Nóos, el de los ERE en Andalucía, el más antiguo caso Malaya y el más actual caso Bárcenas…

Víctor Lapuente Giné, profesor de Ciencia Política en el Quality of Government Institute de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), en un artículo titulado ¿Por qué hay tanta corrupción en España?” que publicó el diario El País hace varios años comenta que “como la literatura moderna sobre corrupción señala, las causas de la corrupción no hay que buscarlas en una “mala cultura” o en una regulación insuficiente, sino en la politización de las instituciones públicas. Las administraciones más proclives a la corrupción son aquéllas con un mayor número de empleados públicos que deben su cargo a un nombramiento político. Y aquí, el contraste entre España y los países europeos con niveles bajos de corrupción es significativo. En una ciudad europea de 100.000 a 500.000 habitantes puede haber, incluyendo al alcalde, dos o tres personas cuyo sueldo depende de que el partido X gane las elecciones. En España, el partido que controla un gobierno local puede nombrar multitud de altos cargos y asesores, y, a la vez, tejer una red de agencias y fundaciones con plena discreción en política de personal.”

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Fernando Jiménez y Vicente Carbona, tras estudiar numerosos sumarios judiciales y extraer de ellos las actitudes y las frases más recurrentes, publicaron, en febrero de 2012 en la revista Letras Libres, un Dossier titulado Como funciona la corrupción en España, un ensayo sobre los motivos que impulsan a los políticos, los empresarios y a la sociedad a incurrir y aceptar la corrupción.

Según estos autores la persona que ejerce un cargo público es percibido como “la llave” para satisfacer determinados intereses particulares y enriquecerse. Si no aprovecha la oportunidad que se le ofrece es porque es tonto, “si tú no lo haces otro lo hará” Y la impunidad está prácticamente asegurada. La corrupción es inevitable, el sistema funciona así, lo raro es que las cosas funcionen de otra manera. Sin embargo, nos comentan casi al final de su informe que la corrupción en España no constituye un caso excepcional ni en su forma ni en su extensión.  Lo realmente lamentable, dicen estos autores, es que la distancia que perciben los ciudadanos entre su ideal democrático y la realidad existente, representa una peligrosa desconfianza generalizada en las instituciones y en la capacidad de los sistemas de administración para resolver el problema de la corrupción. Nada nos autoriza a pensar que los políticos sean una raza aparte, son como los demás, vienen de la ciudadanía y vuelven a ella.

Elvira Lindo en su artículo publicado ayer en El País, Adonde el dinero va, comenta que cuando lee sobre la corrupción en la vida española como si lo que ahora está pasando hubiera sido algo así como un brote infeccioso localizado exclusivamente en la clase política española, le entran ganas de preguntar en qué país de ciegos hemos estado viviendo. Porque de una manera o de otra muchos hemos participado como “chorizillos” estando convencidos de que “el Estado era un ente sin fondo al que no solo podíamos esquilmar sino que debíamos hacerlo, como parte de nuestro proverbial desprecio al sistema”. Hay comportamientos que aun sin ser delictivos delatan qué grado de honradez colectiva gozamos. “Ahora que no hay dinero estamos aprendiendo a pedir cuentas a los que las administran. Si antes no lo hicimos es porque entendíamos que el dinero de Estado no valía tanto como el que nosotros teníamos en los bolsillos”.

Cuando hablo con mis amigos sobre este tema, lo que más me desanima es la percepción de que no podemos hacer nada y que desde nuestra iniciativa ciudadana no podemos cambiar las cosas.

Adela Cortina en su obra La ética de la sociedad civil nos dice que los ciudadanos somos insustituibles en la la ética de la sociedad civilconstrucción de nuestro mundo moral, porque los agentes de moralización, los encargados de formular los juicios morales, de incorporarlos y trasmitirlos a través de la educación, no son los políticos, ni los personajes del mundo de la imagen, ni los cantantes, ni el clero, ni los intelectuales, sino todos y cada una de las personas que formamos parte de la sociedad.

Urge optar por una moral de la responsabilidad, que nos haga tomar en serio la construcción de nuestra realidad social. “Porque la ética pública consiste en gestionar con responsabilidad los dineros y las aspiraciones públicas, haciendo de la justicia la virtud soberana de la vida compartida. Incorporarla es cosa de toda la sociedad, pero las élites políticas, económicas y mediáticas tienen mayor poder y, por tanto, mayor responsabilidad”.

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Archivado bajo Cortar la leña, acarrear el agua

El enigma de la luz

El miércoles pasado, 16 de enero, aparecía en El País un artículo titulado “El ojo necesita luz durante el embarazo para desarrollarse”.  En él se nos informa sobre la conclusión de un estudio realizado por unos investigadores del Hospital infantil de Cincinnati, en Estados Unidos, que han descubierto cómo los fotones, en la última fase del embarazo, desencadenan toda una coreografía bioquímica necesaria para generar ojos sanos. El objetivo de su investigación es

Un universo en miniatura de Pulina Alarcón

Un universo en miniatura de Paulina Alarcón

averiguar cómo la respuesta a la luz incorrecta en el feto puede desencadenar retinopatías en los niños. La autora del artículo dice: “Los ojos no solo ven la luz, también la necesitan, en su fase de desarrollo en el feto, para formarse correctamente. Vale decir que la luz enciende los ojos.”

La luz, que nos permite ver las cosas, es un elemento básico en la obra de arte en todos sus aspectos, como elemento configurador del volumen, la forma y el tamaño de los objetos, del color, de la armonía… Tal vez por eso cuando leía sobre los fotones que forman el ojo se aparecían ante mi las pinturas de Vermeer y Hopper y recordé un breve ensayo del escritor holandés Cees Nooteboom titulado El enigma de la luz. Un viaje en el arte.

En esta obra, el autor reúne trece textos breves sobre artistas, ciudades y museos. Nooteboom va más allá de la superficie de los cuadros y no sólo mira sino que escucha las historias que cuentan las pinturas: los enigmas de la luz en Hopper y Vermeer o de los grabados y los frescos de Tiépolo con su teatralidad, la naturaleza de El enigma de la luzLeonardo da Vinci y su agua sólida, el milagro de la pintura de Piero della Francesca en Arezzo, el autorretrato de Rembrandt, los interiores de Vermeer, los paisajes de Brueghel, los rostros sin ojos de Chirico y su autorretrato en La incertidumbre del poeta, el lado oscuro de la pintura en Friedrich o las soledades urbanas de Hopper, uno de esos pocos pintores que inventan su propia luz.

En el texto titulado Los hombres ciegos de Bruegel, Nooteboom nos habla de la obra de este artista. Nos cuenta que las obras pictóricas y las composiciones musicales no cambian con el paso del tiempo, lo que cambia es nuestra percepción visual y auditiva de las mismas. Por eso es posible que reconozcamos en un cuadro una realidad inexistente en vida del pintor. Los contemporáneos de Bruegel nunca hubieran sospechado que el imaginario del pintor encajaría a la perfección en un mundo futuro.
Bruegel pintó en 1568 La parábola de los ciegos. En este cuadro seis hombres ciegos, en un paisaje estival, cargando bastones y palos que los unen, avanzan hacia aguas peligrosas. El pintor selecciona el momento en el que el primer hombre tropieza y cae de espaldas, mientras los demás alzan al cielo su extraviada mirada de ciegos.
En el libro Ensayo sobre la ceguera de Saramago se utilizó como imagen de portada una parte de este cuadro, la imagen del segundo ciego que está a punto de caer.
“Si, como dice, mis ojos están perfectos, por qué estoy ciego, Por ahora no sé decírselo, vamos a tener que hacer exámenes más minuciosos, análisis, ecografía, encefalograma, Cree que esto tiene algo que ver con el cerebro, Es una posibilidad, pero no lo creo […] Lo que quiero decir es que si usted está de hecho ciego, su ceguera, en este momento, resulta inexplicable […]” Ensayo sobre la ceguera. José Saramago.
La parábola de los ciegos
“Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo”. Mateo, 15, 14
Ciegos guiando a otros ciegos. Ceguera moral la de ahora.
Luces y sombras de una semana en la que han sido protagonistas los escándalos de corrupción de políticos y dirigentes.

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Pero ¿es cierto?

Ya han pasado las fiestas, días de disfrutar con la familia, los amigos, la comida, los regalos… días de mirar hacia atrás y hacia adelante. Ya ha comenzado un nuevo año y hemos vuelto a la actividad cotidiana.

No he podido leer mucho estos días pero entre fiesta y fiesta leí “Next. Sobre la globalización y el mundo que viene” de Alessandro Baricco. En este librito (cuatro artículos que publicó en el periódico La Repúbblica) Baricco se plantea qué es eso de la globalización y para poder contestar a esta pregunta analiza distintos ejemplos. Comienza la reflexión sobre cada uno de ellos preguntándose si son ciertos. Nos dice, y esto es realmente algo que me ha interesado mucho y lo que quiero comentaros hoy, que “preguntarse si las cosas son ciertas antes de preguntarse qué pensamos sobre ellas es un ejercicio que suena incluso ingenuo, de tan pasado de moda como está. La verdad de los hechos ha sido obligada a retroceder (…)”

Boca de la verdad

Comparto con Alessandro Baricco la opinión de que nos preocupamos poco por comprobar si una información es cierta. Nuestro interés por preguntarnos el cómo, el cuándo y el por qué, es mínimo. En general sólo esperamos que la verdad de los hechos sea algo que suene a verosímil. Tomamos como verdaderos numerosos comentarios porque dicen lo que queremos oír, porque los emiten personas a las que les concedemos credibilidad porque los consideramos expertos, porque ven las cosas como nosotros e incluso, porque tienen nuestras mismas ideas políticas. Si además los argumentos que se nos presentan se apoyan en números, mejor; si los dice una firma de prestigio, estupendo; y si vienen avalados por la “investigación” de una institución a la que se le supone fama, aunque no la conozcamos y no sepamos con qué criterios  ha realizado su estudio, fabuloso. Es cierto, la manera en la que formulamos los hechos nos da más o menos credibilidad ante nuestros interlocutores.

Muchos de vosotros sabréis que hace más de un año El Mundo Today publicó una noticia en la que anunciaba que Adolfo Domínguez iba a diseñar los uniformes del Ku Klux Kan. El entonces columnista de 20 Minutos, Manolo Saco (periodista de prestigio que fue primer redactor de la revista Cambio 16, jefe de la sección de Economía, y, posteriormente, de Cultura y Sociedad de los Servicios Informativos de TVE, subdirector del diario El Sol, columnista del diario El Público y que en la actualidad colabora como bloguero en http://www.eldiario.es) publicó en ese periódico gratuito una columna criticándolo por ello sin haber contrastado la información. Una vez descubierto el error, Manolo Saco pidió disculpas y 20 Minutos retiró su columna. Entre los argumentos que Saco establecía para excusar su metedura de pata era que no le sorprendió que Domínguez pudiera hacer eso después de saber que, el diseñador gallego, se había apuntado a la moda ultraliberal de proponer el despido libre de los trabajadores, “sin trabas administrativas ni judiciales”, como una de las ocurrencias para la modernización del mercado de trabajo. El periodista no comprobó el origen de la noticia y se dejó llevar por el prejuicio.

Está claro que no es lo mismo decir “He llegado a mi cita a las diez” que “He llegado tarde a mi cita”.  En el primer caso he hecho una descripción de un hecho y en el segundo he emitido un juicio. Cuando emitimos un juicio estamos hablando de la manera en la que vemos el mundo, de lo que opinamos sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. No siempre sabemos distinguir entre un hecho y una opinión.

Volvamos a Baricco. En su obra sobre la globalización nos pone varios ejemplos muy clarificadores. Elijo este párrafo de un acreditado libro sobre la globalización que cita:  «Se ha argumentado a menudo que en los países más pobres las inversiones extranjeras favorecerían un aumento de los salarios, pero una investigación del Boston Globe sobre la conducta de las grandes empresas americanas en el extranjero ha demostrado que “lejos de aumentar el nivel de vida, dichas empresas parecen adoptar en general pagas que no superan el salario mínimo existente en el lugar”. »  La investigación la hace un periódico y no sabemos en que consiste, y dice que ha demostrado que las grandes empresas (¿cómo de grandes?, ¿cuántas?) “parecen”  (¿han demostrado que parece?) adoptar “en general” … Demasiado grave para decir “en general”.

Es necesario ir a las fuentes, contrastar la información, preguntarnos más a menudo: pero ¿es cierto?.

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