La vida de Pi

El estreno de la película La vida de Pi de Ang Lee hace unos días me ha hecho recordar la lectura de la novela del mismo título del canadiense Yann Martel.

Tengo que reconocer que comencé a leer este libro con cierta desgana. La inclinación del protagonista por las religiones me hizo sospechar que estaba adentrándome en una historia llena de espiritualidad y de Dios y de creencias. No me apetecía, la verdad. Pero quería leer este libro porque era un regalo de cumpleaños y porque llegó a mis manos con muy buenas referencias.

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La novela está dividida en tres partes. En la primera, el narrador y protagonista Piscine Molitor Patel, Pi, nos explica de donde viene su nombre y nos cuenta su particular relación con la religión, pretende ser hindú, cristiano y musulmán al  mismo tiempo; también de todo el conocimiento que adquiere de la vida de los animales. Pi vive en Pondicherry, en la India, donde sus padres tienen un zoológico. A los dieciséis años, su familia decide emigrar a Canadá y mejorar económicamente con la venta de los animales. Tras los diferentes trámites embarcan hacia su nueva vida pero una terrible tormenta hace naufragar el barco donde viajaban. En la segunda parte, Pi nos cuenta cómo sobrevive al naufragio atravesando el océano Pacífico en una barca junto a una cebra herida, una hiena, un orangután y un tigre de bengala llamado Richard Parker.

“Y si sobreviví, fue gracias a que me abandoné al olvido. Mi historia empezó en una fecha de calendario, el 2 de julio de 1977, y acabó en una fecha de calendario, el 14 de febrero de 1078, pero entre medio no hubo calendario. No conté ni los días ni las semanas ni los meses. El tiempo no es más que una ilusión que nos hace suspirar. Sobreviví porque me olvidé incluso de la noción del tiempo.”

“La condición de náufrago supone estar permanentemente en el centro de un círculo. Por mucho que parezca que cambien las cosas (…) La mirada siempre es un radio. La circunferencia siempre es enorme. (…) El sol te produce la misma zozobra que una multitud (…) La luna te produce otro tipo de zozobra, una zozobra que te recuerda tu soledad; abres los ojos como platos para que puedas aliviar el sentimiento de estar completamente solo.” “La vida en un bote salvavidas no es que sea la gran vida. Se parece al final de una partida de ajedrez, cuando sólo quedan unas cuantas piezas. Los elementos no podrán ser más básicos, ni el riesgo más alto. A nivel físico es terriblemente arduo y a nivel moral, es letal, Hay que adaptarse para poder sobrevivir. Hay que aprender a prescindir. Tienes que disfrutar de la felicidad cuando se da.”

Pi tiene que echar mano de su ingenio, de sus conocimientos del mundo animal, de todo su valor para defenderse y domar al tigre, el animal más fiero y que tiene más posibilidades de sobrevivir. La vida de Pi es una gran historia de superación, un viaje de iniciación a la edad adulta. “Luchamos y luchamos y luchamos. Luchamos no importa lo que cueste la batalla, las pérdidas, la poca probabilidad de vencer. Luchamos hasta el final. No se trata de coraje. Es algo constitucional, una incapacidad de abandonar. Tal vez sólo se deba a la sandez de ansiar la vida.”

En la tercera y última parte asistimos a su entrevista con dos funcionarios del Departamento Marítimo del Ministerio de Transporte de Japón que se ponen en contacto con él como único superviviente del buque japonés Tsimtsum. Pi les cuenta su historia y les resulta tan extraordinaria que no le creen. Es así como llegamos al final totalmente imprevisto de la novela. Tranquilos, no os lo voy a contar. Tan sólo diré que Pi les ofrece otra versión de los hechos.

Yann Martel consiguió con esta novela numerosos premios, entre ellos el Man Booker en 2002. En una entrevista publicada hace unos días en El Cultural nos dice que nunca pensó que La vida de Pi iba a llegar tan lejos y menos que iba a tener una adaptación cinematográfica. “Es una novela que trata sobre religión y zoológicos escrita sin ironía o desdén por alguien que es miembro de una sociedad que desprecia la religión y los zoológicos.”

La religión. Algunas personas opinan que el principal tema de la novela de Martel es la fe, la religión, y que las religiones son distintas maneras de tratar de explicar la misma historia, para hacérnosla más agradable. Tal vez. Pero para mí La vida de Pi trata de lo maravilloso de contar historias. Los cuentos nos explican la vida. De la lucha del hombre y la bestia, del esfuerzo y la superación, de la relatividad de las cosas, de las distintas caras de la verdad. Necesitamos creer en lo extraordinario, en la fantasía, aun cuando somos conscientes de que no es más que eso, para seguir adelante con la realidad. “¿Y el hecho mismo de contar una historia no la convierte en un cuento?”. “A ver, el mundo no es sólo como lo vemos sino también como lo entendemos, ¿no? Y al entender una cosa, le añadimos algo, ¿no? ¿Eso no convierte a la vida en un cuento?”

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