La clave de los sueños

“El mundo tal cual es, es algo más que un puro hecho objetivo; incluye cierta conciencia” John Berger. Modos de ver

La traición de las imágenes de René Magritte

René Magritte fue un pintor surrealista belga. Su obra es una permanente invitación a la reflexión a partir de los objetos más cotidianos y es especialmente lúcido al investigar el problema de la representación y la esencia del arte. Magritte cuestiona la relación entre las imágenes y las cosas basada en la semejanza representativa. En La traición de las imágenes (Esto no es una pipa) Magritte nos explica que una imagen no es lo que representa. La representación y lo representado pueden ser dos elementos que hablen de cosas distintas, la realidad está abierta a múltiples interpretaciones. Michel Foucault le dedicó a esta obra un interesante ensayo titulado “Esto no es una pipa. Ensayo sobre Magritte”, donde refuerza sus teorías sobre la débil ilusión que liga las palabras y las cosas.

En Modos de ver, John Berger utiliza otro cuadro de Magritte, La clave de los sueños, para ilustrar la brecha existente entre las palabras y la visión. Dice Berger que la vista es la que establece nuestro lugar en el mundo circundante y que nunca se ha establecido la relación entre lo que vemos y lo que sabemos. Todas las tardes vemos ponerse el sol. Sabemos que la tierra gira alrededor de él. Sin embargo, el conocimiento, la explicación, nunca se adecua completamente a la visión. Lo que sabemos o lo que creemos afecta al modo en que vemos las cosas.

La clave de los sueños de Magritte

Para entender la Historia del Arte no sólo son importantes los cuadros o las esculturas que llenan nuestros museos, sino también, y de modo muy singular, el modo en que los miramos. Modos de ver, publicado por la Editorial Gustavo Gili en 2007, se ha convertido en un clásico de la teoría del arte y de la comunicación visual.

“Lo visible es un invento” nos dice Eulalia Bosch en el prólogo a esta obra. Uno de los inventos más formidables de los humanos, de ahí el afán por multiplicar los instrumentos de visión y ensanchar sus límites. La cámara de televisión nos permitió ver imágenes antes nunca vistas. Y empezamos a creer que la cámara, con su zoom y su macro, sus planos generales y sus primerísimos planos, era el instrumento que realmente nos brindaba la verdad sobre lo real. Gracias a la fotografía, al cine, a la televisión, al video y a los ordenadores podemos visualizar desde elementos microscópicos hasta imágenes de lo ocurrido muy lejos de nosotros. Berger plantea que las formas de reprodución, en este caso de las obras de arte, que en apariencia nos las acercan, también pueden falsearlas. El autor rompe con el mito de la exactitud de las imágenes obtenidas mecánicamente y nos hace preguntarnos por lo que nos ocurre cuando miramos.

Existe un lenguaje de imágenes, frente al que debemos preguntarnos: ¿quién lo usa?, ¿cómo?, ¿para qué fines? Éstas son las cuestiones de gran alcance que preocupan a Berger. Internet ha acentuado los problemas que identificaba en 1972 y por ello, hoy, resulta más apremiante todavía que como espectadores usemos un ojo crítico.

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