Archivo mensual: noviembre 2012

The Köln Concert y un paseo en vespa

Keith Jarrett es un gran músico de jazz y además uno de los mejores improvisadores. Keith Jarret es un magnífico contador de historias. Además de interpretar jazz, Jarret ofrece versiones de la música de Bach y otros compositores clásicos; pero si destaca en algo especialmente es en sus grabaciones en directo de conciertos en los que la improvisación es la protagonista. The Köln Concert es un claro ejemplo de esto, el mejor ejemplo.

Keith Jarret ofreció este concierto en la ciudad alemana de Colonia en enero de 1975. En este concierto da rienda suelta a una serie de geniales improvisaciones de piano en una sesión dividida en tres partes (aunque la segunda parte está a su vez dividida en dos) debido principalmente a las limitaciones de la grabación del disco (cuatro caras de un doble LP).

Recomiendo escuchar este concierto sin interrupciones, sin hacer nada más. Una hora escuchando una obra única, creada en ese instante.

A mi además, me gusta escuchar The Köln Concert cuando voy en el coche. Tal vez porque este concierto esta vinculado especialmente con un viaje en vespa hacia el lugar donde asesinaron al cineasta italiano Passolini. Si, el paseo en moto de Nanni Moretti en su película Caro Diario.

En esta película el director y protagonista Nanni Moretti, filma una serie de episodios de su diario particular: “En mi vespa” en el que nos muestra la ciudad de Roma en el mes de agosto, “Islas” en el que visita a su amigo Gerardo y emprenden un viaje por varias islas italianas, y “Médicos” en el que rueda su recorrido por distintos hospitales y especialistas médicos incapaces de diagnosticarle la causa de unos insoportables picores.

Mi favorito con diferencia es el primer episodio. Moretti paseando en vespa por su ciudad en el veraniego mes de agosto contándonos lo que le agrada y desagrada de Roma y de su vida. En esta primera parte la música es muy importante, Moretti baila sobre su vespa mientras suena una melodía africana, observa los paisajes de la ciudad mientras escuchamos la particular voz de Leonard Cohen y su I´m your man o nos cuenta su frustración por no saber bailar mientras canta la popular canción Visa para un sueño de Juan Luis Guerra. Y el paseo hasta el lugar donde asesinaron a Passolini mientras suena la primera parte de The Köln Concert.

Concierto y película geniales. Una buena opción para pasar unas horas especiales.

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Cerrado por huelga general

Durante toda la semana, antes y después del día 14, he podido leer numerosos artículos sobre las razones para hacer o no huelga el 14 de noviembre. Seis razones para la huelga, Diez razones para la huelga general, Motivos para no hacer huelga el 14N.  He comentado con mis compañeras de trabajo, con mis amigos y amigas, en casa, la necesidad de hacer pública la protesta ante los recortes en los servicios públicos (sanidad, educación, dependencia, las prestaciones por desempleo, cooperación, ciencia e investigación, cultura…  ), la subida de impuestos, la reforma laboral que abarata el despido. He escuchado tertulias en la radio y en la televisión. Fui a la huelga el día 14 y, a lo largo de ese día, leí y escuché diferentes opiniones sobre su éxito o fracaso. La guerra de cifras fue impresionante. Para los sindicatos un éxito incuestionable, “Un millón en Madrid” decían en CCOO, “35.000 manifestantes” decía la Delegación del Gobierno.

Han pasado los días y sigo preguntándome qué es posible hacer para que el pesimismo y la impotencia no ganen la partida.

Muchos de mis compañeros de trabajo no hicieron huelga, porque no podían permitirse su coste económico, porque piensan que no se va a conseguir nada por más que protestemos. Muchos debieron pensar lo mismo porque donde trabajo la hicimos pocos.

¿Sirven de algo las huelgas, las manifestaciones, las protestas? ¿Qué otra cosa podemos hacer para participar, para canalizar nuestro descontento e influir en la toma de decisiones sobre las políticas económicas y sociales? A estas alturas parece claro que aunque los sindicatos siguen considerando que la huelga es el instrumento más efectivo del mundo del trabajo para manifestar su descontento, todo apunta a que tendremos que utilizar otras formas de protesta diferentes. Los sindicatos están cada día más desprestigiados y el Gobierno, con su mayoría absoluta, parece pasar olímpicamente de ellos negándose a negociar.

Junto a la convocatoria de huelga general durante estos días hemos conocido algunas de las alternativas que desde distintos movimientos sociales se han presentado para expresar nuestro malestar: “No consumiremos, no trabajaremos, no iremos a clase…” decía el comunicado de adhesión a la Huelga de la organización Democracia Real Ya, que llama a superar el concepto de paro laboral para extender la protesta social a “cualquier iniciativa de desobediencia civil no violenta”. La llamada huelga social. También fuimos llamados a realizar una huelga de consumo. La organización de consumidores Facua elaboró un decálogo para realizar la huelga de consumo. Huelga de celo, huelga de brazos caidos… Alternativas que todavía no alcanzan un éxito significativo.

Lo que tenemos claro es que las personas que pensamos que lo que está pasando es intolerable, que no debe seguir aumentando el número de mujeres y hombres que viven por debajo del umbral de la pobreza, que la situación económica de una familia no debe condicionar la educación de sus hijos o el cuidado de su salud, que los que no pueden pagar la hipoteca de su casa se vean en la calle teniendo que seguir pagando, … tenemos que conseguir hacernos oir, que la fuerza de nuestras convicciones y el conocimiento de las cosas se transforme en energía para cambiarlas.

Acabo con el video de la canción que Alejo Stivel (sí, el que fue cantante del famoso grupo Tequila) le dedicó a Ángela Merkel y que le entregó personalmente este verano. Ojalá se titula. Ojalá la poesia, las canciones, puedan también contribuir a cambiar la realidad.

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Ante el dolor de los demás

Ante el dolor de los demás es un ensayo sobre la violencia y su representación escrito por la norteamericana Susan Sontag. Como nos dice Ami Naïr en el prólogo, la autora aborda una cuestión de extraordinaria importancia: ¿cómo reacciona el espectador cuando, a través de la televisión, Internet o las fotografías de prensa, se enfrenta a los horrores y atrocidades que tienen lugar a lo largo y ancho del mundo? ¿Acaso el ser humano banaliza la violencia?, ¿qué ha sido de la compasión por las víctimas del horror?. Susan Sontag plantea una reflexión sobre lo que denomina “el dolor de los demás” y su representación a través de Goya y Los desastres de la guerra, de las imágenes de la guerra de Secesión de Estados Unidos, la Primera Guerra Mundial y la guerra civil española, de los campos de exterminio nazis y de las tragedias contemporáneas, desde Bosnia, Sierra leona o Ruanda hasta el conflicto palestino-israelí o el 11 de septiembre. También nos hace pensar sobre lo que las imágenes son capaces de suscitar en las personas.

Las fotografías tienen la virtud de unir dos atributos contradictorios, son registro objetivo y testimonio personal, transcripción, copia fiel de un momento efectivo de la realidad y, al mismo tiempo, interpretación de esa realidad. “Fotografiar es encuadrar, y encuadrar es excluir”. las fotos no llegan desnudas ni se muestran desnudas. El pie de foto, el contexto donde la foto aparece, quién la está contemplando y por qué, todo eso es fundamental, según Susan Sontag, para configurar el sentido definitivo que la foto acabe adoptando.

Las imágenes de la violencia y la guerra se han convertido, a través de la pequeña pantalla, en lugares comunes y Susan Sontag nos descubre las implicaciones y los peligros que esto tiene para la sociedad contemporánea. A lo largo del libro, aventura una tesis sobre la falacia que encierra el difundido argumento de que “una dieta de imágenes del horror nos corrompe y nos vuelve insensibles”. Esta sospecha es el hilo conductor de este ensayo. Niega que la compasión extendida hasta sus límites termine siendo un anestésico. Para la autora, conocer es, sobre todo, reconocer. Las imágenes de las crueldades e injusticias terribles que afligen a la mayoría de las personas en el mundo, en su esencia, parecen decirnos –a nosotros, que somos privilegiados y estamos más o menos a salvo– que deberíamos sublevarnos, que deberíamos desear que algo se hiciera para evitar esos horrores.

En una entrevista que Arcadi Espada le hizo con motivo de la publicación en España de Ante el dolor de los demás, Susan Sontag  comenta respondiendo al entrevistador: “qué extraño es que sigamos redescubriendo a cada paso lo mismo. Qué extraño es que redescubramos lo evidente. Qué extraño es que no nos hayamos convertido todavía en adultos morales o psicológicos. Lo siento: me siguen sorprendiendo estas crueldades indescriptibles de los seres humanos.” Y más adelante hablando del periodismo contesta: “Es verdad: tenemos una idea de lo que pasa en el mundo como nunca nadie la tuvo antes. Pero a veces esa idea es demasiado nominal. Y se mezcla con la propaganda. Ya ve usted que voy de un extremo a otro. De un filo a otro. Aunque quizá lo peor de esta propaganda diseminada por el periodismo sea este mensaje: ·Esto es lo que hay en el mundo, ahora ya lo conoces, pero poco puedes hacer para cambiarlo·. Esta impotencia. Este aviso de que el conocimiento de las cosas no se transforma en una energía para cambiarlas. La posibilidad, incluso, de que tanto y tan variado conocimiento llegue a aturdirnos y a reforzar la impresión de que el cambio es más complejo de lo que es en realidad. Porque luego es cierto que observadas las cosas de cerca, una a una, no parecen tan complejas.”

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La clave de los sueños

“El mundo tal cual es, es algo más que un puro hecho objetivo; incluye cierta conciencia” John Berger. Modos de ver

La traición de las imágenes de René Magritte

René Magritte fue un pintor surrealista belga. Su obra es una permanente invitación a la reflexión a partir de los objetos más cotidianos y es especialmente lúcido al investigar el problema de la representación y la esencia del arte. Magritte cuestiona la relación entre las imágenes y las cosas basada en la semejanza representativa. En La traición de las imágenes (Esto no es una pipa) Magritte nos explica que una imagen no es lo que representa. La representación y lo representado pueden ser dos elementos que hablen de cosas distintas, la realidad está abierta a múltiples interpretaciones. Michel Foucault le dedicó a esta obra un interesante ensayo titulado “Esto no es una pipa. Ensayo sobre Magritte”, donde refuerza sus teorías sobre la débil ilusión que liga las palabras y las cosas.

En Modos de ver, John Berger utiliza otro cuadro de Magritte, La clave de los sueños, para ilustrar la brecha existente entre las palabras y la visión. Dice Berger que la vista es la que establece nuestro lugar en el mundo circundante y que nunca se ha establecido la relación entre lo que vemos y lo que sabemos. Todas las tardes vemos ponerse el sol. Sabemos que la tierra gira alrededor de él. Sin embargo, el conocimiento, la explicación, nunca se adecua completamente a la visión. Lo que sabemos o lo que creemos afecta al modo en que vemos las cosas.

La clave de los sueños de Magritte

Para entender la Historia del Arte no sólo son importantes los cuadros o las esculturas que llenan nuestros museos, sino también, y de modo muy singular, el modo en que los miramos. Modos de ver, publicado por la Editorial Gustavo Gili en 2007, se ha convertido en un clásico de la teoría del arte y de la comunicación visual.

“Lo visible es un invento” nos dice Eulalia Bosch en el prólogo a esta obra. Uno de los inventos más formidables de los humanos, de ahí el afán por multiplicar los instrumentos de visión y ensanchar sus límites. La cámara de televisión nos permitió ver imágenes antes nunca vistas. Y empezamos a creer que la cámara, con su zoom y su macro, sus planos generales y sus primerísimos planos, era el instrumento que realmente nos brindaba la verdad sobre lo real. Gracias a la fotografía, al cine, a la televisión, al video y a los ordenadores podemos visualizar desde elementos microscópicos hasta imágenes de lo ocurrido muy lejos de nosotros. Berger plantea que las formas de reprodución, en este caso de las obras de arte, que en apariencia nos las acercan, también pueden falsearlas. El autor rompe con el mito de la exactitud de las imágenes obtenidas mecánicamente y nos hace preguntarnos por lo que nos ocurre cuando miramos.

Existe un lenguaje de imágenes, frente al que debemos preguntarnos: ¿quién lo usa?, ¿cómo?, ¿para qué fines? Éstas son las cuestiones de gran alcance que preocupan a Berger. Internet ha acentuado los problemas que identificaba en 1972 y por ello, hoy, resulta más apremiante todavía que como espectadores usemos un ojo crítico.

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