Archivo mensual: octubre 2012

¿Quién eres tú?

Acudo a mi cita semanal con cierto retraso. Aunque sé que no tiene importancia, he de decir que el hecho me ha producido cierta incomodidad. Tengo el compromiso tácito de escribir semanalmente y aunque mis pocos lectores (todos amigos) tienen otras cosas en las que ocupar su tiempo y no habrán echado de menos mi entrada, no me gusta faltar a mi cita.

La semana pasada asistí a la inauguración de una exposición de artes plásticas en uno de los Centros Culturales municipales. Exponía una de nuestras monitoras de pintura. Pinturas y esculturas reunidas bajo el título “¿Vos quién sos?”. La artista en su presentación quiso hacernos pensar sobre nosotros mismos, las apariencias, la falta de sosiego y la relación con los otros.

Los compañeros allí presentes bromeábamos y nos preguntábamos unos a otros y tú ¿quién eres?. Y claro, pensando en como responder a esa pregunta recordé a Lewis Carroll y a Alicia en el País de las Maravillas.

En el capitulo V de esta magnífica obra, Alicia responde a las preguntas de la oruga azul: “¿Quién eres tú?”

Alberto Sicilia en su Blog, con la intención de ir conociendo a sus lectores, en la sección ¿Quién eres tú?, nos propone presentarnos con nuestro vídeo favorito de Youtube y una cita literaria o un poema. Tal vez así nos resulte más sencillo comenzar a responder a esa pregunta. Su cita favorita la escribió Kurt Vonnegut:

Quiero hablarles de mi tío Alex, el hermano de mi padre. Su principal queja sobre los otros seres humanos era que no se dan cuenta de los momentos en los que son felices.
Cuando éramos niños y en verano bebíamos limonada bajo un manzano, el tío Alex interrumpía la conversación para decir, “Si esto no es maravilloso, ¿qué lo es entonces?”.
Lo mismo hago yo ahora, y mis hijos y nietos. Y les solicito a ustedes que por favor se den cuenta cuando son felices, y exclamen o murmuren o piensen “Si esto no es maravilloso, ¿qué lo es entonces?”

Desde que la leí la hice mia.

¿Quién eres tú? Quizá habría que responder de forma clásica y contar una historia.

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Crowdfunding

He pasado esta tarde de domingo leyendo Los trabajos y los días de Lorenzo Silva. Los trabajos y los días es también el nombre de su Blog, el Blog de Lorenzo Silva para los lectores. El nombre se lo tomó prestado a Hesiodo y como él mismo nos cuenta en la presentación del libro, este título une a su raigambre clásica, la expresión de una idea de la que cada día es más partidario: ” lo mejor que nos depara las jornadas que se nos concede vivir son las cosas que en ella hacemos; lo que más colma, dignifica y hace feliz a un hombre (o a una mujer) es su trabajo bien hecho, con rigor y pasión.”

El libro, que recoge muchas de las entradas de su Blog realizadas a lo largo de casi tres años, ha sido editado por Libros.com. Libros.com nació en noviembre de 2011 como una red social de referencia para lectores de habla hispana y en febrero de 2012 lanzó la primera plataforma de crowdfunding editorial en España. Los trabajos y los días fue su primera obra financiada de forma colectiva gracias a este proceso online y también fue mi primer crowdfunding.

Conocí el crowdfunding o la financiación colectiva gracias a mi amigo Juan y a sus socios, Miriam y Carlos, de Black Box innova.  Esta asociación organizó una Mesa Redonda sobre financiación colectiva en enero de 2012 en el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Murcia (CEEIM).

Financiación colectiva, microfinanciación, micromecenazgo… cooperación para financiar proyectos. El crowfunding permite eliminar intermediarios y busca directamente la financiación de un proyecto entre el público al que va destinado. El apoyo económico se gratifica siempre con una recompensa. Digamos que pagamos por adelantado algo que obtenemos con posterioridad. En el caso de Los trabajos y los días, por mi apoyo económico yo recibí el libro. Pero también existen otro tipo de recompensas, que aparezcas públicamente como mecenas, que te regalen merchandising del proyecto que patrocinas, que te inviten a un pase privado si se trata de un proyecto de artes escénicas, etc. Ante el panorama económico que tenemos en la actualidad y la falta de financiación de las instituciones públicas para la cultura, crear redes de cooperación colectiva para conseguir dinero u otros recursos me parece una gran idea. Si quieres saber más sobre el tema te recomiendo que veas la presentación que Black Box_innova ha realizado para un curso sobre Crowdfunding para proyectos de artes escénicas.

El último proyecto en el que he participado es el propuesto por Titeremurcia, el Festival Internacional de Teatro de Títeres de la Región de Murcia. Su propuesta para la financiación, Calle Titeremurcia nº 2012, me ha ofrecido la oportunidad de contribuir, con una cantidad de dinero muy pequeña y junto a un montón de personas, a que los espectáculos de calle gratuitos que tradicionalmente ofrece el festival, este año también puedan llevarse a cabo. En este caso mi recompensa es que contribuyo, con muy poco, a algo que no sólo me beneficia a mi sino a todos los niños y niñas y demás personal que disfruta con el buen teatro de títeres.

Que buen invento esto del Cowdfunding.

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Conocer y comprender

El francés Serge Haroche y el estadounidense David Wineland acaban de ser galardonados con el Premio Nobel de Física 2012 por sus trabajos de óptica cuántica.

Para entender bien que es esto de la óptica cuántica lo mejor es leer a Alberto Sicilia en su Blog Principia Marsupia. De forma clara y sencilla Alberto explica siempre lo que nos parece muy complicado. La óptica cuántica es la aplicación de la mecánica cuántica al estudio de la luz y sus interacciones con la materia.

No hace tanto tiempo que me intereso por la ciencia, por la física cuántica, y que me resulta fascinante. Estudié letras y me centré durante muchos años en la literatura. En mi época de estudiante si estudiabas letras odiabas las ciencias. En la actualidad creo que todavía sigue dándose ese tracicional divorcio entre las ciencias, las letras, el arte. Y ¿por qué me interesa la física cuántica?  Porque predice efectos que desafían a nuestra intuición. ¿Qué significa que todo aquello que es posible está sucediendo simultáneamente?, el gato de Schröedinger ¿está vivo o muerto?. ¿Qué significa que una partícula pueda estar en un lugar y todos los lugares a la vez? ¿Qué es la interpretación de los “Universos paralelos”? Si no se hubiese descubierto la mecánica cuántica no tendríamos ordenadores, ni telecomunicaciones modernas, ni radioterapia.

Comprender e intuir la realidad es la ilusión de todo científico, sí, pero también la de muchas otras clases de mentes creadoras como filósofos o artistas y, en mayor o menor medida, la de cualquier ciudadano inmerso en la incertidumbre del mundo. Y como dice Jorge Wagensberg en su obra de divulgación científica Yo, lo superfluo y el error, la mejor estrategia para anticipar la incertidumbre es la comprensión de la realidad, la más inteligible y universal posible.

En esta obra, subtitulada “Historias de vida o muerte sobre ciencia o literatura”, Wagensberg nos explica que la ciencia es una forma de conocimiento que se elabora con la menor ideología posible. La literatura en cambio, es la forma de conocimiento que más ideología permite impregnando sus contenidos. Lo que distingue una forma de conocimiento de otra es el método que la mente emplea en su elaboración. El método de la ciencia se asienta sobre tres principios fundamentales: objetividad, inteligibilidad y dialéctica.

Los pedazos de realidad que pretende comprender la ciencia son de muy baja complejidad: partículas, átomos, moléculas, trayectorias, células, animales, plantas, estrellas, galaxias… Los pedazos de realidad que pretende comprender la literatura son de muy alta complejidad e incluyen, entre otros, la mente humana. En ciencia, el sujeto de conocimiento (la mente humana) es mucho más complejo que cualquiera de los objetos que pretende comprender; en literatura en cambio, objeto y sujeto de conocimiento con frecuencia alcanzan una complejidad parecida.

La ciencia quizá sea una buena oportunidad para el artista para prenetrar en la comprensión inteligible y universal de la realidad de la que quizás ha prescindido para así dar mejor cuenta de su identidad irrepetible. Por otra parte, el arte y la literatura suponen la última esperanza del científico para recuperar la esencia de sí mismo, la identidad que ha desterrado nada menos que por su interés en hacer ciencia. Ciencia y literatura son dos formas de conocimiento.

Quizás nadie ha explicado mejor la estupidez que encierra esta dicotomía entre ciencias y letras como el físico y novelista C.P. Snow:

Paso las horas de trabajo con mis colegas científicos para salir luego de noche a reunirme con colegas literatos. Cuando los no científicos oyen hablar de científicos que no han leído nunca una obra importante de la literatura, sueltan una risita entre burlona y compasiva. Los desestiman como especialistas ignorantes. Una o dos veces me he visto provocado y he preguntado cuántos de ellos eran capaces de enunciar el segundo principio de la termodinámica. La respuesta fue glacial; fue también negativa. Y sin embargo lo que les preguntaba es más o menos el equivalente de “¿Ha leído usted alguna obra de Shakespeare?”

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Educar para la incertidumbre

Creo que cada vez es más necesario aprender a vivir sin certezas. La situación actual ofrece pocas seguridades y lo que hasta ahora eran valores en alza como la acumulacióny la conservación estan en crisis. Instituciones y formas de vida tan arraigadas como el empleo estable, la vivienda en propiedad o la familia se están transformando profundamente.

Como dice Ángel Gabilondo en una entrada de su blog El salto del ángel titulada “En vilo”, no acabamos de sentirnos seguros y la sola posibilidad de que todo podría empeorar radicalmente, lo que no se descarta, nos mantiene en una suerte de parálisis preventiva o de movimientos titubeantes. Estamos en vilo.

En 1999, la UNESCO solicitó a Edgar Morin, sociólogo e investigador francés (París, 1921), expresar sus ideas en torno a la educación de cara al futuro. Un proyecto de compromiso con las últimas propuestas de desarrollo sostenible y situado dentro del marco del ´Pensamiento complejo´. Morin quiso contar con sus contemporáneos y convocó a decenas de pensadores de todo el mundo para que el proyecto fuese verdaderamente global y multidisciplinar. El resultado de dicho trabajo lo recogió en un extraordinario texto conocido como los “Siete Saberes necesarios para la educación del futuro”.  Uno de estos saberes es el de afrontar las incertidumbres. Todas las sociedades creen que la perpetuación de sus modelos se producirá de forma natural. Los siglos pasados siempre creyeron que el futuro se conformaría de acuerdo con sus creencias e instituciones. El Imperio Romano, tan dilatado en el tiempo, es el paradigma de esta seguridad de pervivir. Sin embargo, cayó, como todos los imperios anteriores y posteriores. La cultura occidental dedicó varios siglos a tratar de explicar la caída de Roma y continuó refiriéndose a la época romana como una época ideal que debíamos recuperar. El siglo XX ha derruido totalmente la predictividad del futuro como extrapolación del presente y ha introducido vitalmente la incertidumbre sobre nuestro futuro. La educación debe hacer suyo el principio de incertidumbre, tan válido para la evolución social como la formulación del mismo por Heisenberg para la Física.

Este nuevo milenio viene cargado de más preguntas que de respuestas. Las ciencias se replantean sus paradigmas y las teorías se tambalean ante nuevas hipótesis. Es el tiempo de la imaginación. Es decir, es tiempo de abordar el conocimiento desde sus diferentes ópticas, desde las más formales hasta las más fantasiosas.

Se diseñan programas para estudiantes que están iniciando su vida y van a permanecer dieciséis años en la educación formal, cuando es casi imposible  saber lo que va a ocurrir cuando se incorporen al mundo del trabajo. El caso es que le  inducimos a creer que con lo que están aprendiendo van a tener resuelto su futuro, mientras que lo razonable sería ayudarles a construirlo.

¿Qué tendría que cambiar en nuestra forma de aprender y de educar para que nuestro sistema educativo deje de ser anacrónico y esté en armonía con los espacios y los tiempos en los que vivimos? Enrique Martínez Ludeña nos plantea que  una de las primeras medidas sería abandonar el utilitarismo de los conocimientos; dejar de aprender con la intención de usar y empezar a hacerlo para formarse, para darse forma como persona. Aprender a leer es útil, pero es mucho más que eso. Leer no es traducir lo que está escrito, ni comprender y ejecutar correctamente una secuencia de instrucciones; leer es descubrir qué hay más allá de las palabras. Y lo mismo podría aplicarse para el cálculo, el dibujo, la historia, la física o cualquier otro de los saberes convencionales.

Un segundo cambio, que está relacionado con el anterior, es dejar de enseñar lo que creemos que se va a necesitar y empezar a enseñar lo que ahora se necesita; es decir, proporcionar aquello que tiene un sentido para el que aprende, aunque solo sea el de disfrutar con ello. Se trata de resolver un problema real, una situación concreta, que no es trivial pero que está dentro de nuestras posibilidades, con todos los conocimientos y habilidades que tenemos en este momento, así como con aquellas que tendremos que adquirir o desarrollar durante el proceso.

Y este enfrentamiento con situaciones en las que somos los protagonistas y no solo los ejecutores debería conducir a una concepción distinta del acierto y el error, el éxito y el fracaso, lo correcto y lo incorrecto, lo verdadero y lo falso y tantas otras dicotomías asociadas a nuestra necesidad de seguridades. Sería una forma de descubrir que el mismo problema se puede resolver de múltiples formas diferentes y que, mientras se buscan, es habitual equivocarse y enmendar lo que se hace, aprendiendo de ello. Esto nos volvería más flexibles y menos propensos a tener prejuicios, que son dos de los requisitos indispensables para enfrentarse a lo desconocido, en oposición a la rigidez y el dogma que suelen acompañar el mundo de lo académico.

A lo largo de la historia ha ido cambiando el concepto de estar formado. Según la época, estar formado era lograr la perfección; tener un conocimiento armónico; ser crítico. Ahora, en la sociedad de la información, estar formado pasa por ser creativo. ¿Yqué significa ser creativo?. Daniel Innerarity nos dice que significa:

Gestionar la información. Saber dónde hay el saber, qué conocimiento es prescindible y qué hay que ignorar. El que es creativo es el que nos dice qué no hay que saber.

Gestionar técnicas que nos permitan salir adelante con un saber incompleto. Y eso es lo que hay que enseñar: a desenvolverse bien sin saberlo todo.

• Estar muy formado significa estar preparado para aniquilar información.

• El aprendizaje creativo no se basa en un aprendizaje acumulativo en el que ante unos problemas se aplican unas normas y se solucionan estos problemas. El aprendizaje creativo amplía el repertorio de posibilidades; es un aprendizaje reflexivo. No busca soluciones, sino que intenta identificar los problemas. Y esto es básico en la sociedad del conocimiento.

• El aprendizaje creativo se produce en un entorno inestable y en cambio constante. Así pues, hay que estar preparado para un aprendizaje que desestabiliza, que entra en conflicto con lo que ya se sabía anteriormente y que provoca reflexiones y cambios. El aprendizaje no se acumula, se cambia. Y educar en esta línea es difícil. Una educación en la doctrina es mucho más fácil.

• El verdadero aprendizaje creativo es el que aprovecha la decepción. El ser humano tiene una gran tendencia a fabricar coreografías de la autocontemplación (busca en la realidad la confirmación de aquello que defiende). Pero lo que hay que hacer es «leer al enemigo» y buscar en qué fallamos. Entonces, hay que reaccionar modificando no la realidad, sino nuestras expectativas.

Y para terminar esta reflexión unas palabras de Antonio Rodríguez de Las Heras que me parecen realmente interesantes. Las dice en relación al mundo del libro electrónico en español pero que vienen como anillo al dedo: ” La situación es, como decía al principio, la de sentirse al borde de una insondable brecha en la cultura escrita: ¿qué nos espera al otro lado de esta incertidumbre? Una actitud, a causa del vértigo, es retirar la mirada y volverla atrás. Ver la brecha como precipicio, así que hay que afi anzarse en la tradición que nos sostiene desde hace siglos. Resultan emotivos estos discursos, pero no por eso nos apartan del borde en que nos encontramos, solo desviamos la mirada en busca de estabilidad ahora comprometida. Hay otra postura que consiste en no apartar la mirada de la brecha para hacer ver el abismo de incertidumbre que contiene y ante tal dificultad insistir en que no es posible predecir el futuro que espera al libro, a la cultura escrita. Pero esta actitud pasiva, aunque sin vértigo, interpreta el borde en que estamos como un obstáculo ante el que hay que detenerse y aguardar. Y se da otra actitud decidida a atravesar la brecha: es ejercicio de funambulismo, arriesgado, para el que hay que mirar al frente, es decir, imaginar.”

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