Archivo mensual: septiembre 2012

Leer con niños

Leer con niños es un ensayo, repleto de relatos, escrito por Santiago Alba Rico, que surge de una experiencia particular: la lectura compartida. Santiago Alba les lee a sus hijos en voz alta, lee con sus hijos Lucía y Juan, y comparte con nosotros algunos de los episodios y personajes de esas lecturas.

Santiago Alba Rico (1960) es licenciado en filosofía, colabora en diversos medios de prensa y fue guionista del espacio “Los electroduendes” del programa La bola de cristal. Es autor de numerosos ensayos: Las reglas del caos, El mundo incompleto, La ciudad intangible, Vendrá la realidad y nos encontrará dormidos

Alba Rico se pregunta en Leer con niños para qué sirven los niños y para qué sirven los libros. Los niños sirven, nos dice, para cuidarlos, es decir, para volvernos cuidadosos con ellos.  El niño es la posibilidad de experimentar la felicidad (y el sufrimiento) fuera de nuestro cuerpo, en otro cuerpo, y de que la felicidad de otro no sólo nos importe sino que nos baste; y de que, por la misma razón, la desdicha de otro no sólo nos afecte sino que además nos resulte insoportable. Los libros sirven, nos lo dicen Penélope y Sherezade mientras tratan de aplazar astutamente el momento de la muerte, para ganar tiempo. “Re-latar es volver a decir, es re-petir y repetir es volver a pedir o volver a llamar. El hombre necesita volver a decir las cosas, volver a llamarlas, para que comparezcan”.

Santiago nos cuenta que no le ha guiado ningún propósito pedagógico, ni siquiera está seguro de que gracias a esas lecturas compartidas sus hijos vayan a ser mejores. Pero si hubiera sido alpinista les habría llevado a las montañas, si hubiera sido submarinista, les habría llevado a bucear, si hubiera sido astrónomo los hubiera llevado al campo a mirar las estrellas; el sabe leer y les ha leído.

El ejercicio de interpretación que despliega Alba Rico a lo largo de esta obra nos presenta las lacras de una sociedad que ha hecho de la desmesura de Jerjes y la “soltería” de Barbazul dos de los modelos dominantes. En una entrevista reciente que le hicieron a principios de año con motivo de la presentación de su obra teatral B-52, Santiago Alba nos dice sobre “Leer con niños” que leyendo a sus niños las grandes obras de la literatura clásica, cuerpo a cuerpo en el sillón, se hizo consciente de la necesidad de defender el tiempo narrativo, el de las plazas, los cuidados y la dignidad kantiana, frente a la amenaza cada vez mayor del tiempo digestivo, el tiempo del ello freudiano que discurre a toda velocidad por los pasillos transportando mercancías e imágenes de mercancías que alimentan sólo las ganas de seguir comiendo y no las de salvar, acariciar, conservar o mirar.

“Había una vez hace muchos años, en el norte de Grembolia, junto a la frontera de Tartaria, un terrible dragón de cola de anzuelo y doble cresta de acero. Los aldeanos gremboles de la zona vivían en un estado de permanente congoja; sin haber matado todavía a nadie, en sus andanzas a lo largo del confín el monstruo no podía evitar chamuscar las copas de los árboles con su aliento de fuego ni pisotear las espigas del trigo en sazón ni derribar a veces de un coletazo un establo o un granero. Por las noches su inhumano relincho volaba con respiración de trueno y tumbaba las vallas; los niños se despertaban con fiebre, las vacas daban sólo leche agria y el agua de los ríos bajaba densa y oscura de las montañas.

No pudiendo soportar más esta situación, los campesinos gremboles mandaron una delegación al Emperador. El Emperador tomó inmediatamente una decisión inspirada en las mejores tradiciones. Ofreció la mano de su bellísima hija Melindra al caballero que fuese capaz de poner fin a aquella amenaza. desde los cuatro rincones del reino, unos por ambición, otros por sentido del honor, en solitario o en nutridas mesnadas, sobre gualdrapas doradas o a lomo desnudo, cientos de guerreros, caballeros y soldados de fortuna se pusieron en camina. Y a medida que llegaban hasta la guarida de la bestia iban sucumbiendo. De nada les servíala fuerza, la pericia ni las armas. (…) Poco a poco Grembolia fue perdiendo sus mejores hombres. Sin apenas gente de armas en el reino, hubo que suprimir torneos y disolver el ejército. Y Melindra encerró en un cofre sus sueños de amor.

Entonces un joven sastrecillo grembol, pobre y valeroso, acudió con su acerico de alfileres, invocó el nombre de su novia, y sucumbió también. Lo mismo le pasó a Pao-Li, que había leido los cuentos de Grimm. Y fracasaron Carlitos y Javier y Fernando y un tal Eduardo y una tal Apolinaria, que confiaba mucho en su belleza. El emperador se declaró finalmente vencido y prohibió a sus súbditos acercarse a más de dos parasangas del dragón. Pero la bestia no había salido indemne de tantos y tan insistentes asaltos. Arrastraba su cuerpo, erizado de picas y saetas (…) Estaba mal herido. Y un buen día, de pronto, al amanecer, la tierra tembló en toda Grembolia: el dragón se había desplomado.

De norte a sur, de este a oeste, todo el pueblo grembol estaba celebrando la vistoria con música y guirnaldas cuando un alarido salvaje interrumpió la fiesta. La noticia llegó a todas partes apenas un instante antes que los males que anunciaba: los tártaros, sólo retenidos hasta entonces por la presencia del dragón, habían cruzado en masa la frontera y habían invadido, matando, violando y destruyendo, los cuatro rincones del país.

Y no había nadie para ofrecerles resistencia.”

Santiago Alba nos explica que durante años los hombres justos, los hombres normales, descontentos con el orden de las cosas, sublevados contra tanto sufrimiento, han creído que el enemigo era la familia, la escuela, la universidad o el Estado, que chamuscaban sus campos y alimentaban mal a sus vacas, sin percatarse de que en realidad les estaban protegiendo de los tártaros: es decir del capitalismo. Tras muchos años de haber combatido la escuela y la familia como aparatos de reproducción ideológica, este libro vuelve a reivindicarlas desde la izquierda como espacios de resistencia. Este ensayo trata pues de libros y de niños y de los tártaros que amenazan su existencia.

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No hay nada más largo que la vida

Desde hace unos días han aparecido en la prensa distintos artículos sobre el fin de la cultura de los objetos. En el mundo digital ya no posees, tan solo usas.

Nos dice José Luis Pardo que el filósofo Zygmunt Bauman en su obra Vidas desperdiciadas comenta que los hombres han procurado compensar la brevedad y fragilidad de sus existencias amparándose en algo más duradero y estable que ellos: la eternidad de las religiones, el carácter imperecedero de las patrias o los ideales, las instituciones políticas, la continuidad de la empresa a la que estaban profesionalmente ligados o al menos a la prolongación de la estirpe. Esta situación se ha invertido en nuestros días: cada individuo puede contemplar la caída de varias iglesias, patrias e ideologías o experimentar cambios de creencias, de nacionalidad, de profesión, de familia y hasta de sexo. El lapso que dura una vida humana se ha convertido hoy en lo más duradero que puede encontrarse sobre la tierra, dada la obsolescencia galopante en la que vivimos.

El nuevo modelo de negocio en la música y los libros se fundamenta en prestar servicios en lugar de vender bienes. Las personas que compran por ejemplo música en la tienda de Apple o libros en Amazon tienen que saber que sus adquisiciones se irán con ellos a la tumba. La música y los libros que compramos pertenecen a la cuenta del usuario mientras esté dada de alta. Sólo podemos usar las obras en sus dispositivos. Nuestra biblioteca digital está en sus servidores. Lo físico y lo tangible cada vez tiene menos relevancia. Los contenidos pasan a tener un componente de disfrute más que de propiedad. Ahora ya no trasportamos los objetos culturales, accedemos al contenido.

Se trata realmente de un cambio de paradigma, interesa el acceso, no la propiedad. ¿Realmente los más jóvenes ya no valoran la herencia como sus mayores? ¿El ideal pequeñoburgués de acumular patrimonio para legarlo a nuestros hijos se ha perdido? La polémica está servida porque muchos de los clientes de Apple y Amazon no leyeron la letra pequeña de las condiciones de sus compras. Cuando compramos un libro en papel nos hacemos de un objeto además del contenido intelectual que contiene, cuando adquirimos un archivo electrónico tenemos sólo el contenido. Los que ahora reclaman sorprendidos nos demuestran que tal vez todavía no se ha producido el cambio de mentalidad. Compramos libros electrónicos, disfrutamos de sus ventajas de protabilidad y ubicuidad pero seguimos pensando en ellos como si fueran objetos que poseemos.

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Archivado bajo Cortar la leña, acarrear el agua

¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?

¿Por qué ser feliz cuando se puede ser normal? es un libro de memorias y el trabajo más reciente de la escritora inglesa Jeanette Winterson cuya abundante producción literaria y sus constantes colaboraciones en prensa la han convertido en una de las voces más prestigiosas de la literatura anglosajona contemporánea.

Nacida en Mánchester en 1957 fue adoptada por una pareja con escasos recursos económicos y abundante fervor religioso. Sus padres adoptivos eran evangélicos pentecostales y la educaron para que les apoyara en su misión religiosa. Jeannette llevaba bordado en su mochila de gimnasia “se acabó el verano pero nosotros todavía no hemos sido salvados”. Su madre estaba obsesionada con el Apocalipsis, guardaba un revólver en un cajón de trapos de cocina y cocinaba tartas cada noche para eludir acostarse con su marido. Tenía dos dentaduras, una mate y otra perlada que intercambiaba según la ocasión. La señora Winterson prohibía los libros en casa (“El problema con un libro es que nunca sabes qué contiene hasta que es demasiado tarde”), excepto la Biblia, y cualquier falta la castigaba con noches enteras en la calle, Jeannette pasó muchas noches sentada en el portal de su casa al raso.

“Mi madre, la señora Winterson, no amaba la vida. No creía que nada pudiera hacer la vida mejor. Una vez me dijo que el universo es un cubo de basura cósmica, y después de pensárselo un poco, le pregunté si el cubo tenía la tapa puesta o no. Puesta -dijo-. Nadie se escapa”.

A jeannette sólo se le permitía leer obras de no ficción porque esos eran los libros en los que había problemas. Sin embargo ella acudía a la biblioteca pública de Accrington, su pueblo, y como no tenía ni idea de qué leer ni en qué orden comenzó por orden alfabético y se leyó los tomos de literatura inglesa de la A a la Z.

“Creo en la ficción y en el poder de las historias porque así hablamos a través de lenguas que no son nuestras. No se nos silencia. Todos nosotros cuando sufrimos un gran trauma, dudamos, tartamudeamos; hay grandes causas en nuestro discurso. La cosa se atasca. Recuperamos el lenguaje a través del lenguaje de otros.”

A los 16 años su madre la echó de casa al descubrir su relación lesbiana con una amiga y durmió y vivió en un viejo Mini hasta que una profesora la acogió en su casa y le ayudó a preparar el examen de ingreso para estudiar filología inglesa en Oxford. A partir de este momento su vida cambió. Escribió su primera novela Fruta prohibida a los veinticuatro años y se consagró. La novela ganó el Whitbread Award (a la mejor primera novela) y fue adaptada por la BBC. Era netamente autobiográfica. Comenzó entonces una exitosa carrera literaria (en español Lumen ha publicado la Biblioteca Jeanette Winterson). En 1986 apareció La pasión, a la que siguieron Espejismos (1989), Escrito en el cuerpo (1992), La niña del faro (2004) y otras obras.

Tras la muerte de sus padres encontró los papeles de su adopción, también por entonces se quebró su relación de pareja y trató de quitarse la vida, “suicidarte no es lo peor que puedes hacer, vivir muerto es mucho peor”. Logró finalmente encontrar a su madre biológica pero “necesitaba una respuesta, no una madre”.

“Siempre pensamos que lo que nos hace falta para trasformarlo todo –el milagro- está en otra parte, pero con frecuencia está justo a nuestro lado. A veces somos nosotros mismos.”

Recomiendo la lecura de esta impactante autobiografía en la que la escritora nos explica como cambia su destino con la ayuda de los libros y de la lectura.

Cuando la señora Winterson la echó de casa por su lesbianismo (“Has vuelto con el Demonio”, le dice) protagoniza un memorable diálogo:

“—Jeanette, ¿puedes decirme por qué?

—Por qué, ¿qué?

—Sabes muy bien el qué.

—Cuando estoy con ella soy feliz. Feliz, sin más.

Asintió. Parecía que comprendía y pensé, de verdad, por un instante, que iba a cambiar de opinión, que hablaríamos, que estaríamos al mismo lado del muro de cristal. Esperé. Al final soltó:

—¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?”.

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