Archivo mensual: julio 2012

Autocrítica y posibilidades de cambio

“Quiza ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de esos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el pricipal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre”. Así comienza la entreda El triunfo de los mediocres del periodista David Jiménez. Conocí su Blog hace unos días gracias a un amigo. Mi amigo dice que ya es hora de que hagamos más autocrítica, que echamos la culpa de todo lo que nos pasa a la banca, a Merkel, al Gobierno… pero que la culpa también es nuestra. Y eso dice también David Jiménez: “La culpa es nuestra, también. Porque votamos una y otra vez a los dos principales partidos sin importar lo que hicieran, simplemente porque eran de nuestro bando. Porque fuimos al banco y pedimos un crédito que no podíamos pagar, para que nos envidiaran por lo que teníamos, no por lo que hacíamos. Porque en tiempos de bonanza asistimos impasibles al derroche del dinero que pusimos en manos de los gobiernos, sin preguntarnos si cuadraban las cuentas. (…) Porque nos dejamos engañar y pagamos viviendas al triple de su valor real, seguros de que algún día podríamos venderlas aún más caras.(…) Porque sólo nos hemos indignado por la crisis cuando ha llamado a nuestra puerta, ignorándola mientras empobrecía a otros.”

Pero la autocrítica tiene mala prensa y no nos permitimos decir ciertas cosas, no sea que entonces piensen de nosotros que nos estamos cambiando de bando.

 

Posibilidades de cambio. ¿Todo es posible?

Y sin embargo es necesario pensar en las cosas que hacemos mal para cambiar.

Cambiar. (Del galolat. cambiāre). 1. tr. Dejar una cosa o situación para tomar otra.

Hace unos días el ex secretario de Estado de Economía José Manuel Campa abrió una ronda de intervenciones en el Congreso tras el escándalo de Bankia y sorprendió a todos por su falta de autocrítica. En su turno de réplica, Campa describió a través de una metáfora su gestión: “Esto es igual que cuando vas en coche y hay tormenta, con lo que hay que levantar el pie del acelerador, mientras si hace sol se puede ir más rápido, pero en cualquier caso se continúa por la misma carretera”.

Así no hay manera.

Cuando pensamos en lo que nos espera y buscamos soluciones y nuevas posibilidades lo hacemos desde “la misma carretera”. Por eso, como dice Isaac Rosa en Todo es posible, pero no se hagan ilusiones, con lo que hemos visto en los últimos meses, cualquier escenario por insólito que nos parezca se ha vuelto de repente verosímil. Por eso si alguien profetiza que dentro de unos meses desaparecerá el Estado autonómico, no le llamaremos loco, tampoco nos parecerá un disparate que se  piense en la sustitución de Rajoy por un tenócrata o en la desaparición de más derechos que hace nada creíamos intocables. Porque todo es posible.

Esto no es un cartel de Antonio Marín Segovia

Lo que pasa es que el “todo es posible” sólo funciona dentros de unos estrictos límites marcados por los mismos que nos han hundido. Podemos imaginar el derrumbe económico, el paro masivo, la miseria, el fin de la democracia… pero no nos cabe en la cabeza la construcción de una alternativa.

Dice Isaac Rosa: “les apuesto una cena a que en los próximos meses los gobiernos europeos se pondrán de acuerdo y tomarán las riendas de la crisis; refundarán la Unión con una orientación más social, serán solidarios con sus miembros en apuros, mutualizarán la deuda soberana, aprobarán un marco regulador estricto contra los excesos del sector financiero y los especuladores, y blindarán los derechos sociales y el Estado del Bienestar. Ya veo, todos me aceptan la apuesta, ya se ven cenando a mi costa.”

Nos preparan para todo tipo de daños pero nos incapacitan para desear algo diferente.

Sin embargo es cierto que todo, todo es posible.

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Las pequeñas virtudes

Las pequeñas virtudes es una obra de Natalia Ginzburg que reúne once textos de tema diverso. Leí este libro hace seis años pero desde entonces he vuelto a él en numerosas ocasiones. Desde hace varios días no dejo de acordarme de algunos de esos textos y hoy quiero reseñar el que da título al libro.

Natalia Ginzburg nació en 1916, se llamaba en realidad Natalia Levi. Se crió en Turín, una ciudad en la que también nació otro famoso Levi, Primo. Se casó en 1938 con Leone Ginzburg, co-fundador de la Editorial Einaudi, que había sido profesor de literatura rusa en la Universidad de Turín y que perdió su plaza por negarse a prestar el juramento de lealtad al régimen fascista. En 1940 fueron confinados en un remoto pueblo de los Abruzos. En 1943, cuando cayó Mussolini, Leone pudo escapar a Roma donde Natalia consiguió después unírsele con sus dos hijos, pero sólo pudieron vivir juntos, en la clandestinidad, veinte días. La Gestapo capturó a Leone y Natalia nunca lo volvió a ver.

En los relatos recogidos en “Las pequeñas virtude” nos habla de cuando su marido fue deportado por sus actividades políticas y vivieron en un pueblecito de los Abruzos (Invierno en Abruzzos);  de la amistad con el escritor Cesare Pavese (Retrato de un amigo), de quien, sin nombrarlo expresamente, nos cuenta cosas de su contradictoria existencia  y de su suicidio en el hostal que regentaba su hermana; de sus inteligentes e irónicas reflexiones sobre Inglaterra y los ingleses (Alabanza y menosprecio de Inglaterra y La Maison Volpé) producto de su estancia en aquella ciudad y país; de la contraposición de caracteres, gustos y costumbres, tratado con sentido del humor, entre su segundo marido y ella (Él y yo); de la profunda huella dejada en su generación por la segunda guerra mundial (El hijo del hombre); la larga cadena de relaciones con el prójimo que empieza en la infancia, sigue con la adolescencia y acaba en la madurez y el reconocimiento en nosotros de los mismos adultos que habíamos visto en nuestros padres (Relaciones humanas); de la enseñanza de los hijos basada en la primacía de las grandes sobre las pequeñas virtudes que suelen primar en la educación (Las pequeñas virtudes); hasta de su  vocación  de escritora (Mi oficio).

Todos ellos están llenos de sabiduría y sentimientos, sencillamente escritos, sin palabras  altas, hablando de cosas que todos entendemos. Como señaló Carmen Martín Gaite, para Ginzburg “la elevación de lo particular y cotidiano a categoría filosófica tiene lugar con una frescura y naturalidad que logran llegar hasta lo más abstracto, sin desprenderse nunca del hilo concreto de su experiencia como mujer dotada de una capacidad de observación poco común”.

En el relato Las pequeñas virtudes cuenta Natalia Ginzburg que deberíamos enseñar a nuestros hijos las grandes virtudes en vez de las pequeñas. “No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo de éxito, sino el deseo de ser y de saber.” Sin embargo, casi siempre hacemos lo contrario. Nos apresuramos a enseñarles el respeto a las pequeñas virtudes, fundando en ellas todo nuestro sistema educativo. Ginzburg cree que un clima inspirado por completo en el respeto a las pequeñas virtudes hace madurar insensiblemente para el cinismo, para el miedo a vivir.

En las relaciones con nuestros hijos, no sirve que intentemos recordar e imitar las formas que utilizaron nuestros padres con nosotros. Dado que a todos, de un modo u otro, nos abruma el problema del dinero, la primera pequeña virtud que se nos ocurre enseñarles a nuestros hijos es el ahorro. Les regalamos una hucha, hemos instalado en nuestro sistema educativo una pequeña virtud.  Al final, cuando se rompe la hucha y se gastan los ahorros, los niños se sienten solos y decepcionados. Pondrán en el dinero unos pensamientos y una atención que está mal que pongan. Preferirán el dinero a las cosas. No está mal que hayan sufrido una decepción, está mal, nos cuenta Natalia, que se sientan solos sin la compañía del dinero. Ser sobrios con nosotros mismos y generosos con los demás: esto significa tener una relación justa con el dinero. Elevando el dinero a la función de premio, de punto de llegada, de objetivo que alcanzar, le damos un lugar, una importancia, una nobleza, que no debería tener a los ojos de nuestros hijos. Afirmamos implícitamente el principio–falso–de que el dinero es la coronación de un esfuerzo y su término final. Es un error menor, pero error al fin, ofrecer dinero a los hijos a cambio de pequeñas tareas domésticas, de pequeñas prestaciones. Es un error porque, para nuestros hijos, nosotros no somos empleadores; el dinero familiar les pertenece tanto como a nosotros, esos pequeños servicios, esas pequeñas prestaciones deberían carecer de compensación, ser una voluntaria colaboración en la vida familiar. Natalia Ginzburg cree que hay que ser muy cautos al prometer y suministrar premios y castigos. “Porque la vida rara vez tendrá premios y castigos. Con frecuencia, los sacrificios no tienen ningún premio, y a menudo, las malas acciones no son castigadas, al contrario, a veces son espléndidamente recompensadas con éxito y dinero. Por eso es mejor que nuestros hijos sepan desde la infancia que el bien no recibe recompensa y el mal no recibe castigo, y que, sin embargo, es preciso amar el bien y odiar el mal, y no es posible dar una explicación lógica de esto.”

Acostumbramos a dar al rendimiento escolar de nuestros hijos una importancia del todo infundada. Y esto no es sino respeto por la pequeña virtud del éxito. Les exigimos el éxito porque queremos que satisfagan nuestro orgullo. Sin embargo debemos rocurar que nunca les falte el amor a la vida y que encuentren su verdadera vocación. ¿Qué posibilidades tenemos nosotros de despertar y estimular en nuestros hijos el nacimiento y desarrollo de una vocación? Para ello se necesita espacio y silencio. Nuestros hijos deben saber que no nos pertenecen, pero que nosotros sí les pertenecermos, siempre disponibles. Tenemos que ser para ellos un punto de partida, pero su vida tiene que desarrollarse a su aire para que puedan encontrar su verdadera vocación, una pasión por hacer algo que no tenga que ver con el dinero, el éxito o el poder.

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Semana de recortes

Blog loscalvitos.com

Esta semana parece difícil hablar de otra cosa después de que se haya aprobado otra tanda de recortes. En muy poco tiempo se han llevado a cabo recortes “imprescindibles” en sanidad y educación, se ha reformado la legislación laboral en detrimento de los trabajadores, se ha aumetado el IVA y se han realizado recargos en el agua, la electricidad y los combustibles. Por otra parte se ha capitalizado a la banca con fondos públicos a base de recortes, se han tomado medidas para el control de los medios de información (los cambios en RTVE son un claro ejemplo), se han incrementado de forma acelerada los dispositivos policiales de seguridad y orden público… la lista va aumentando.

Las acciones de Gobierno en nombre de la “crisis” van encaminadas a la degradación del mercado de trabajo hasta que todo el mundo esté dispuesto a hacer cualquier cosa por un bocadillo, al desmantelamiento de los servicios públicos y a su sustitución por servicios de pago prestados por corporaciones privadas, al debilitamiento del ya deficiente sistema democrático…, van encaminadas, en una palabra, al retroceso del estado social y a la pérdida de conquistas y derechos adquiridos a través de largos y penosos procesos de lucha.

Como dice la periodista Rosa María Artal, los políticos neoliberales no buscan el bienestar de la sociedad a la que representan. Para ellos, los países no son un proyecto social, han de funcionar como empresas mercantiles y jerarquizadas. Las personas representan la variable económica con la que maximizar ganancias, de ahí que se las exprima en las pérdidas. Aunque seamos las que sustentamos todo el tinglado.

En fin, me resultaba bastante difícil esta semana escribir sobre otra cosa.

Tracy Chapman. Hablando de una revolución

¿No te has enterado?
estan hablando sobre hacer una revolucion
suena como un susurro

¿No te has enterado?
estan hablando sobre hacer una revolucion
suena como un susurro

mientras esperan en las colas de la beneficencia
llorando a las puertas de los ejércitos de salvación
Perdiendo el tiempo en las colas del desempleo
sentados por ahí esperando una oportunidad

¿No te has enterado?
estan hablando sobre hacer una revolucion
suena como un susurro

los pobres se levantaran
y tomaran lo que les corresponde
los pobres se levantaran
y tomaran lo que les pertenece

¿no te has enterado?
lo mejor que puedes hacer es correr,correr,correr….
si,he dicho que debes
correr,correr,correr…..

porque por fin la situacion esta empezando a cambiar
hablando sobre hacer una revolucion…….

mientras esperan en las colas de la beneficencia
llorando a las puertas de los ejércitos de salvación
Perdiendo el tiempo en las colas del desempleo
sentados por ahí esperando una oportunidad

¿No te has enterado?
estan hablando sobre hacer una revolucion
suena como un susurro

porque por fin la situacion esta empezando a cambiar
hablando sobre hacer una revolucion……

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El campo de Higgs

Experimento Atlas en el LHC. CERN

En medio de una expectación mundial, los científicos que trabajan en el gran acelerador de partículas LHC anunciaron este martes el descubrimiento de la partícula de Higgs. Esta partícula ayuda a explicar por qué existe la masa de las partículas elementales. Según los científicos, los datos de los experimentos muestran la existencia de una nueva partícula, un bosón, con una masa de 125,3 GeV, según el experimento CMS, y de 126,5 GeV, según el experimento ATLAS. Ahora tienen que volcarse en la investigación de sus características para estar seguros de que se trata del bosón de Higgs predicho en el Modelo Estándar. El Modelo Estándar describe las partículas elementales y las fuerzas de interacción entre ellas. La teoría de Higgs nos dice que la masa de todas las partículas está originada por un campo que llena todo el Universo. Esto es lo que me resulta realmente interesante, que el vacío no es la nada, que el vacío está lleno de una sustancia, el campo de Higgs, cuyas vibraciones son los bosones de Higgs. La interacción del vacío, que no lo está, con el resto de las partículas hace que tengan las masas que las caracterizan: el vacío les concede parte de su carné de identidad.

Alberto Sicilia en su Blog Principia Marsupia lo explica de una forma muy sencilla y nos cuenta  la anécdota de por qué al bosón de Higgs se le llama también “la partícula de Dios”.

Por los años 90, Leo Lederman, Premio Nobel, escribió un libro de divulgación sobre la física de partículas. En el texto, Lederman se refería al bosón de Higgs como “The Goddamn Particle” (La Partícula Puñetera) por lo difícil que resulta detectarla. El editor del libro, en un desafortunado arranque de originalidad decidió cambiar el término “The Goddamn Particle” por “The God Particle” y así “La Partícula Puñetera” se convirtió en “La Partícula de Dios”.

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Archivado bajo Cortar la leña, acarrear el agua