Edward Hopper

Del 12 de junio al 16 de septiembre de 2012 podemos disfrutar en el Museo de arte Thyssen-Bornemisza de una completa exposición de la magnifica obra del pintor estadounidense Edward Hopper. La muestra en Madrid presenta una selección de 73 obras y analiza la evolución de Hopper en dos grandes etapas.

Me gustan mucho las pinturas de Edward Hopper. Su obra me cuenta historias tristes, recrea ambientes en los que se palpa el desencanto, habla de soledad y silencio. Las mujeres que aparecen en sus cuadros están solas y concentradas en sus pensamientos, invadidas por la melancolía. Como la mujer de Habitación de hotel.

Habitación de hotel. Edward Hopper

Hopper  en Habitación de hotel nos presenta a una muchacha en ropa interior en una sencilla habitación de un modesto hotel, en medio de una noche que imaginamos calurosa. Josephine Nivinson, Jo, la mujer del artista desde 1924, anotó en su diario que posó para esta pintura en el estudio de Washington Square y en el cuaderno de notas del pintor describió el cuadro junto a un boceto realizado por el artista. Imaginamos que la joven del cuadro acaba de llegar, y sin deshacer su equipaje, se ha quitado su sombrero, su vestido y sus zapatos y se ha sentado en el borde de la cama, sumida en sus propios pensamientos, con la introspección propia de las figuras femeninas de los cuadros de Hopper. Lee un papel amarillento, que según sabemos por las exhaustivas notas de Jo, se trata de un horario de trenes, pero que podría ser una carta.

El aspecto tranquilo y melancólico de la muchacha contrasta con la frialdad de la estancia, desnuda, sencilla y despersonalizada. Ésta se ha construido a base de unas pocas líneas verticales y horizontales, que delimitan grandes planos de color, cortados por la fuerte diagonal de la cama y que acaba en la ventana del fondo. Allí un estor medio levantado ofrece la única apertura al exterior, pero el rectángulo negro de la noche devuelve la mirada al primer término.  La habitación está iluminada por una luz artificial que no vemos pero que produce un fuerte contraste de luces y sombras.

Como generalmente nos ocurre al contemplar las obras del pintor americano, nuestra imaginación se lanza a crear una historia, a tratar de adivinar un antes y un después de este instante inmortalizado en su cuadro. Esta carga narrativa hace que la escena pudiera perfectamente ser la transcripción pictórica de alguna historia relatada por sus coetáneos literarios (como Hemingway, Dos Passos o E. E. Cummings), que hablaban de la vida privada de la gente con un lenguaje sencillo. Pero más que a una novela las historias de Hopper nos llevan al cine. Sus cuadros parecen fotogramas, son cien por cien secuencias de películas y, como tales, queremos conocer toda la trama hasta que aparezca «The End». Y como dice Carlos Boyero también hay una música, mayoritariamente de jazz, que  suena a Hopper.

Escucho a Chet Baker e imagino una historia para la protagonista de esta singular obra.

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1 comentario

Archivado bajo Lo que oigo y lo que veo

Una respuesta a “Edward Hopper

  1. Thank you for taking some time in order to publish “Edward Hopper | ganartiempo”.
    Thanks yet again -Earnest

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